Con la Alcarria por bandera

04/03/2026 - 12:34 Paco Campos

Faltaba solo el golpeteo de los cántaros para completar la estampa. En la pantalla grande de la Biblioteca Pública de Dávalos, un niño de pantalones bombachos -al estilo de los tercios de los Austrias- acompaña a Petra, la Campanera de Buendía, por la calle de la Carnicería.

 

Es 1950. Petra, madre y esposa de campanero, carga tres cántaros mientras tres críos la siguen. El pequeño del centro, con su primo y su hermano, es François Bogliolo Melendo, futuro Paco, nacido en Orán (Argelia) pero con la Alcarria latiéndole en las venas por su madre, maestra republicana de Buendía. Ayer martes, en esa misma biblioteca de Guadalajara, aquel niño regresó como catedrático de Literatura Comparada para presentar, junto a Santiago León García, un libro que vuelve a transitar sobre el mismo río, la misma tierra, el mismo mito: Pasar otra vez sobre el Cifuentes.

La sala estaba llena. Antonio Herrera Casado, cronista oficial de la provincia y fundador de Aache Ediciones, editora de la obra, dio la bienvenida con su tono preciso y cálido. “Este libro ofrece cinco cosas”, resumió: un reportaje del Reto Alcarria 2025, una novela con protagonistas ficticios (Diego Iota y su becario Fran Endo, botánicos y artistas florales), un viaje de descubrimientos por pueblos, castillos y gentes, una valoración profunda de la literatura alcarreña y, sobre todo, una búsqueda. “Van buscando una flor que represente a la Alcarria. Al principio el lector no se da cuenta; al final entiende que es la esencia”, ilustró.

Jesús Orea, prologuista y enamorado confeso de la comarca, trazó los retratos de los autores. De Paco, cosmopolita que ha enseñado en Francia, Senegal, Líbano o Colombia, dijo: “Late la Alcarria en él”, sentenció validando esa conexión umbilical que el autor mantiene con Buendía pese a su trayectoria cosmopolita.

Santiago, marchamalero de origen y guadalajareño de adopción, representante de comercio jubilado y corredor incansable: “Uno de los tres únicos que ha completado los cuatro retos y los 16 tramos”. “Él no venía del mundo de la literatura”, dijo Orea, “pero llegó por afición y por viaje”.

Santiago tomó la palabra con la humildad de quien ha corrido 200 kilómetros hablando con ancianos. “El Club Maratón Guadalajara nos juntó a Paco y a mí”. Su parte es pura realidad etnográfica: conversaciones con octogenarios y nonagenarios que le contaban la vida “al minuto”. La señora Primitiva, “abuelita de Piolín con sonrisa que esconde una tragedia tremenda”. José, con andador, reflejo de una vida dura en los pueblos del camino. Antonio, “personaje muy celiano, machista, bromista, que me tomó el pelo desde el minuto uno”. Ángela, “dulce, cariñosa, con el corazón sangrando”. Y Francisco, 94 años, que vivió la guerra y, tras media hora de charla a la sombra, le dijo: “Joven, no te entretengo más. Sigue tu camino”.

Paco, con su precisión académica y su emoción contenida, desplegó el alma literaria del libro. El título es de Cela, de su Nuevo viaje de 1986: “pasar otra vez sobre el Cifuentes”, frase que evoca el ciclo de las estaciones y el ritmo de la trashumancia de la Mesta, aquella asociación ganadera nacida en 1273 en Gualda (Guadalajara). Los protagonistas, Diego y Fran, recorren las etapas del reto -Torija, Brihuega, Cifuentes, Trillo- buscando una flor endémica, la acelguilla pastranera (Limonium erectum), que solo crece en los cerros de Pastrana. La encuentran y, fascinados por su singularidad, deciden cambiar su estilo como artistas florales. Después suben incluso a las Tetas de Viana, donde una anécdota perruna les salva la jornada.

Pero Paco no se quedó en la ficción. Diseccionó a Cela con cariño y rigor: la influencia inglesa en los jardines de la Real Fábrica de Paños de Brihuega (versos de Shelley mezclados con su prosa), las páginas de erotismo bellísimas que sortearon la censura de 1946, el párrafo de zoofilia en Moranchel, cerca de Cifuentes, camuflado con eufemismos del Diccionario secreto, el debate medieval de Elena y María (copia literaria inspirada por su profesor Pedro Salinas). Criticó con dulzura lo que Cela omitió: la metamorfosis de los pantanos de Buendía y Entrepeñas, el “mar de Castilla” que transformó la comarca. Y rescata mitos y realidades: el Empecinado de Galdós en Cifuentes, las brujas de Pareja, el amor de Manolete y Lupe Sino en Fuentelencina. Descubre la Casa de los Indianos de Torija, vínculo con Cuba, y la toba de Gárgoles de Arriba, piedra que quizá dio nombre al Toboso.

Al final, Paco propuso una bandera. Amarilla por los campos dorados y los trigales que pintan la Alcarria de luz. Azul por el río Cifuentes y los pantanos que hoy la convierten en marítima. Y en el centro, la flor endémica, la acelguilla pastranera, símbolo botánico de una tierra que también es literatura. “La literatura puede ser un juego”, dijo, revelando que en el libro hay una traba literaria (una regla secreta de escritura) que el lector puede descubrir… o abrir el sobre del final para conocer la solución, igual que Cela daba gato por liebre con la literatura medieval.

La obra no solo pasa otra vez sobre el Cifuentes. Lo hace con mirada de hoy: corredores, escritores, botánicos y ancianos que siguen contando. De la aguadora Petra al corredor Santiago, de Cela al niño de Buendía que nunca dejó de volver. Al final de la presentación, mientras los autores firmaban ejemplares, se respiraba eso que Herrera había prometido al principio: enseñanza, conocimiento y, sobre todo, amor por la tierra. La Alcarria ya tiene bandera. Y ahora, también, un libro que la hace ondear con orgullo.