Cuenca, donde la música se hace silencio y el silencio, emoción
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Hay ciudades que se visitan. Y hay ciudades que, durante unos días al año, se sienten. Cuenca pertenece a esa segunda categoría cuando llega la primavera y la piedra antigua de sus calles empieza a vibrar con algo más que pasos: con música, con recogimiento, con memoria.

Este principio de abril de 2026, la ciudad ha vuelto a convertirse en epicentro espiritual y cultural con la 63ª edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, un acontecimiento que trasciende lo musical para convertirse en experiencia vital. No es solo un festival. Es un estado de ánimo compartido.
Desde 1962, la Semana de Música Religiosa ha ido tejiendo una historia que hoy forma parte inseparable de la identidad conquense. No es casualidad que sea uno de los festivales más antiguos de España ni que esté reconocida internacionalmente: aquí, cada concierto es también una forma de custodiar el tiempo.
Pero lo verdaderamente extraordinario es que, lejos de anclarse en el pasado, el festival sigue creciendo. Este 2026 lo ha demostrado con una programación valiente, profunda y abierta, capaz de dialogar con el presente sin renunciar a la raíz.
PAX: cuando la música se convierte en mensaje
El lema de esta edición, ‘PAX’, no ha sido un simple título. Ha sido una declaración. En un mundo atravesado por la incertidumbre, la SMR ha querido convertir la música en refugio, pero también en pregunta. ¿Qué significa hoy la paz? ¿Dónde la encontramos? ¿Puede una obra escrita hace siglos hablarnos del ahora?
La respuesta ha resonado en cada rincón de la ciudad. En la penumbra de la Catedral, en la acústica perfecta del Teatro Auditorio, en pequeñas iglesias donde el silencio pesa tanto como las notas.
Allí han convivido Bach, Monteverdi y las voces contemporáneas que siguen escribiendo la historia de la música sacra. Allí, el pasado no ha sido un museo, sino un lenguaje vivo.
El instante irrepetible
Hay momentos que no se pueden explicar, solo recordar. Un coro que se eleva mientras fuera pasa una procesión. Un violín que quiebra el silencio justo antes del amanecer. Un público que no aplaude inmediatamente, como si necesitara unos segundos más para volver al mundo.
La clausura de esta edición, marcada por una gran obra del repertorio sacro, ha sido uno de esos instantes. No tanto por su perfección técnica, sino por lo que ha provocado: una emoción compartida, íntima y colectiva a la vez.
Ha sido una despedida marcada por la interpretación de la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach, una de las cumbres absolutas de la música occidental. No una obra más, sino un compendio de fe, de belleza y de humanidad.
Hablar de la Misa en si menor es hablar de una despedida en sí misma. Johann Sebastian Bach no la concibió como una pieza unitaria al uso, sino como una suerte de legado, una obra que atraviesa su vida y la resume.
En Cuenca, su interpretación ha adquirido una dimensión especial. Porque no se trataba solo de ejecutar una partitura monumental, sino de cerrar un festival entero bajo una misma idea: la búsqueda de la paz.
Desde los primeros compases del Kyrie, el recogimiento fue absoluto. La música no avanzaba: parecía desplegarse lentamente sobre las bóvedas, como si el tiempo hubiera decidido detenerse en ese instante.
Una ciudad transformada
Durante estos días, Cuenca deja de ser solo un destino para convertirse en un escenario total. La Semana Santa y la música se entrelazan de forma casi invisible. Las Turbas rompen el silencio de la madrugada. Las imágenes avanzan entre cirios y miradas contenidas. Y, mientras tanto, en el interior de los templos, la música continúa ese mismo relato desde otro lenguaje.
Es esa simultaneidad la que hace único este festival. No hay separación entre arte y vida. Todo ocurre a la vez.
Más allá de los conciertos
La Semana de Música Religiosa no se limita a su programación principal. Este 2026 ha vuelto a abrirse a la provincia y a nuevos públicos, llevando conciertos a otros municipios y acercando la música a espacios cotidianos.
Ese gesto, aparentemente sencillo, tiene un significado profundo: la cultura no como lujo, sino como derecho compartido. Cuando se apagan las luces y los músicos recogen sus instrumentos, algo queda. Queda en quien ha escuchado una obra por primera vez. Queda en quien vuelve cada año como quien regresa a casa. Queda en la propia ciudad, que durante unos días ha respirado de otra manera.
En 2026, una vez más, la ciudad no solo ha sonado. Ha emocionado. Y, en tiempos como estos, eso es quizá lo más importante.
Más de seis décadas de tradición y vanguardia musical
La Semana de Música Religiosa (SMR) de Cuenca, uno de los grandes eventos escénicos de proyección internacional en Castilla-La Mancha, se celebra desde 1962 coincidiendo con la Semana Santa. Considerada el cuarto festival musical más antiguo de España, fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional en 1979. A lo largo de sus 62 ediciones ha ofrecido más de 900 conciertos, reuniendo a unos 300.000 espectadores procedentes de los cinco continentes.
Aunque en sus inicios tuvo lugar en iglesias como San Pablo y San Miguel, desde la década de 1990 su sede principal es el Teatro Auditorio de Cuenca “José Luis Perales”. No obstante, el festival se extiende por distintos espacios patrimoniales de la provincia, como la Catedral de Cuenca o la iglesia románica de Arcas, que refuerzan su singularidad.
La SMR convierte cada año a la ciudad en un referente cultural internacional con una programación centrada en músicas litúrgicas, espirituales y místicas, abarcando más de diez siglos de historia. Además de acoger a grandes figuras, impulsa la creación contemporánea. Desde 2021, suma el Ciclo de Adviento, ampliando su oferta musical más allá de la Semana Santa.