Cuevas, tierra y nervios: así se rodó el corto más ‘oscuro’ de Cine Alcarria
´Mala Hierba´ es una historia de terror contada en formato ‘found footage’.
Hay rodajes que se recuerdan por una localización espectacular, otros por un plano imposible y otros, simplemente, por la sensación de que algo importante está pasando mientras todo parece al borde del caos. Mala Hierba, uno de los cortometrajes de Cine Alcarria de este año, pertenece a esa última categoría.
Tomando como referencia el género de found footage, un falso documental de metraje encontrado,la premisa tiene algo de cuento retorcido y de cine de terror muy reconocible. Un grupo de rodaje acude a visitar a un agricultor que asegura tener la solución definitiva para el mal del campo, una cura de carácter casi sobrenatural. El encuentro no tardará en volverse muy turbio.
Mala Hierba juega con códigos cercanos al cine de terror y se apoya en pilares como el trabajo de arte y el de maquillaje, que han requerido una tención especial.

Ese esfuerzo se nota también fuera de plano. En el rodaje hay barro, tierra, plásticos, cuevas, maquillaje, repeticiones y una logística que obliga a aprender deprisa. No es solo una experiencia de interpretación o de dirección, es, sobre todo, una inmersión en cómo funciona un set cuando las ideas tienen que convertirse en imágenes a contrarreloj.
El director, Ramón Polanco, resumía la experiencia con una mezcla de alivio y entusiasmo: “El rodaje fue un poco caótico, pero aún con las dificultades que afrontamos fue un reto bastante divertido y emocionante, no me cansaré de agradecer a Cine Alcarria la oportunidad y al maravilloso equipo con el que trabajé, que ayudó a sacar este proyecto adelante”.
Rodar, incluso en un formato corto, implica trabajo. Hay que repetir, ajustar, esperar y volver a empezar. “Me está gustando mucho, pero es muy duro. Hay que hacerlo todo bastantes veces”, explicaba uno de los participantes resumiendo una realdiad: lo que en pantalla durará segundos puede exigir horas de preparación.
En Mala Hierba, además, esa exigencia se multiplica por el tipo de universo que plantea. La suciedad tiene que parecer real y el entorno debe resultar incómodo. Los cuerpos tienen que responder a esa incomodidad. “Me han puesto un plástico y me han cubierto de tierra, he pasado frío, pero se aguanta”, relataba otro de los actores.
El rodaje se ha llevado a cabo en dos localizaciones, la bodega Juan Lajarin de Horche y en Utande, en un espacio cedido por Curro Martín Cadenas, Nuria Tornero y José Martínez. Precisamente, el espacio físico es determinante a la hora de contar la historia.
Quizá el testimonio que mejor explica el sentido de esta experiencia dentro de Cine Alcarria es el de María Pardo, productora ejecutiva, organizadora del proyecto y profesora del IES Clara Campoamor de Yunquera. Su mirada no se centra tanto en el resultado final como en el proceso de aprendizaje. “Los rodajes siempre son intensos y siempre surgen conflictos, pero aquí no vamos tanto al resultado como a que los alumnos aprendan las mecánicas y cómo funciona un rodaje”.
Su reflexión sitúa el proyecto en un lugar muy concreto, el de la formación real. No una práctica protegida y limpia, sino una experiencia en la que el error, el cansancio y el estrés forman parte del aprendizaje: enseñar cine haciéndolo, con todo lo que eso implica.
Esa dimensión formativa aparece también con fuerza en el testimonio de Marcos, jefe de producción, para quien el cortometraje ha supuesto algo más que una simple participación. “Ha sido una experiencia única. He visto con mis propios ojos lo que significa crear y hacer cine, algo que, sin duda, ha llegado a enamorarme y me ha hecho replantearme muchas cosas en mi vida”. Su visión va todavía más allá cuando describe el impacto de enfrentarse a la realidad de sacar adelante un proyecto audiovisual. “He tenido momentos de bajón y de estrés, pero gracias al apoyo de mis compañeros todo ha salido adelante (...) También doy gracias a los profesores que me han ayudado a no volverme loco. Ver como todo va saliendo adelante, e incluso mejor de lo que tú mismo imaginabas, es algo mágico”.
Ese componente casi mágico resulta especialmente apropiado en un corto como Mala Hierba, donde la historia gira precisamente en torno a una solución imposible, perturbadora. En ese cruce entre terror y aprendizaje, encuentra su sentido Mala Hierba