13/10/2019 / 17:31
Lara de Tucci


Desintereses patrios

En virtud de los defectos políticos de unos y otros están surgiendo mutuas provocaciones interesadas  en no entenderse, desdeñando el bien común.


Hay fundadas opiniones que señalan la total disfunción en los pactos entre los diferentes partidos por el hecho de que las  formaciones nacionalistas, que actúan egoístamente para añadir especiales competencias a sus respectivas comunidades, han dejado de ser bisagras del bipartidismo. Sus ambiciones regionalistas, conjuntamente con muchos deslices de la izquierda y algunos de la derecha, han venido provocando que  nuevos grupos se hayan formado, con el empeño rompedor de unos líderes  -ya lo he comentado en otras ocasiones- a quienes les importan más sus imágenes personales y de partido que los importantísimos intereses de España. Y se viene comentando que este fenómeno político es común a toda la UE.

Puede ser que eso sea verdad, y si es verdad, las consecuencias de las comunes disfunciones comentadas pueden ser de dramáticas consecuencias para la estabilidad económica y social de todo el continente. De momento, preocupa muy seriamente la recesión de Alemania, inusitada circunstancia que no acostumbrábamos a vivir desde el establecimiento de la Unión Europea, con unas perspectivas  globales que ya veremos cómo se abordan para evitar un mundo peor que el que atisbamos desde ahora mismo.

Pero a nosotros, los españoles en particular, los problemas sociales y los hundimientos en las estabilidades de todo tipo, ya estamos comprobando que nos persiguen a causa de esas confrontaciones políticas que no tienen visos de arreglarse por las ambiciones de las formaciones emergentes y por los orgullos desmedidos de ciertos partidos; así también  como de los incalificables orgullos de los grupos nacionalistas. Pues en virtud de los defectos políticos de unos y otros están surgiendo mutuas provocaciones interesadas en no entenderse, desdeñado el bien común; ideal para una deseada y sana convivencia.

Refería más arriba algo sobre las dramáticas consecuencias a causa de las confrontaciones políticas; sobre todo por culpa de candidatos a obtener cargos importantes en la gobernabilidad del país; pero a través de pactos incoherentes, por carecer de culturas políticas válidas para el entendimiento consensuado. Ese que en el presente -de ahí las nuevas elecciones del 10-N- no es nada posible desgraciadamente, dado el fracaso sintomático del bipartidismo. Otrora con alternativas gubernamentales en ámbitos, no sólo nacional, sino también en los regionalistas y locales. 

Pero, ¡ay!, desde el PSOE, por aquello de unir fuerzas afines y sobreponerse a fracasos nacionales -bien que lo puso en práctica Zapatero en Cataluña en tiempos de Montilla-, hace años que no han dudado en congraciarse con la izquierda más rancia; hasta el punto de tomar a sus mentores como tablas de salvación que los colocaran en la Moncloa y en las CCAA. Y lo peor que le ha podido suceder al socialismo de hoy, al de Pedro Sánchez el Funerario, ha sido que esa izquierda rancia, creyéndose capacitada para puestos destacados en el país conjuntamente con los socialistas, le ha salido respondona,  y de pactos con sus familiares de Ferraz nada de nada.

Antes bien, se han dividido entre ellos y ya comprobaremos cómo se las arreglan sus votantes para decidirse  por unos u otros, procurando que la distorsión política no se multiplique con acentos revulsivos en las urnas en las próximas elecciones; pues carecen de ideas que saquen a España de donde la han metido sus socios socialistas con fórmulas de politiqueo bananero; como las importadas de Venezuela por Pablo Iglesias y Errejón, ilusionados ellos con Hugo Chávez. 

Tales confrontaciones han propiciado, por otra parte, que los conservadores, el otro eslabón del bipartidismo, se vayan rearmando moralmente tras los errores de la corrupción del PP (tenemos a Susana Díaz que fue víctima de ello en Andalucía-), y al ritmo de ese rearme propiciado en la calle Génova, al ritmo de eso, digo, grupos del centro y la derecha, casos de Ciudadanos y Vox; declinando ciertos recelos, parecen disputarse la sangría de votos que el PSOE va dejándose en la cuneta por donde transita Pedro Sánchez. Que eso sí, va sembrando ilusiones entre los que le pueden apoyar en el Congreso. Pero que luego, dichas ilusiones tiene la habilidad de tergiversarlas para que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón no toquen siquiera las líneas del protagonismo político que pretenden; un status de imagen que sólo desea Sánchez el Funerario para sí y para los suyos de Ferraz.  


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