Dos hermanos de Guadalajara llevan a Castilla-La Mancha al club de los unicornios tecnológicos con HappyRobot
HappyRobot ya juega en la primera división mundial de la tecnología. La empresa fundada por los hermanos Javier y Pablo Palafox, naturales de Guadalajara, junto a su socio Luis Paarup, acaba de convertirse en un unicornio tecnológico tras alcanzar una valoración de 1.200 millones de dólares gracias a una ronda de financiación de 150 millones.
La operación la sitúa entre el reducido grupo de startups privadas que superan los 1.000 millones de dólares de valoración, una categoría reservada a compañías con un extraordinario potencial de crecimiento y considerada una de las mayores distinciones del ecosistema emprendedor internacional.
La noticia trasciende el éxito de una empresa. También coloca por primera vez a Guadalajara y, con ella, a Castilla-La Mancha, en un escenario hasta ahora reservado a muy pocos. No existen precedentes conocidos de un proyecto impulsado por emprendedores con raíces en la región que haya alcanzado el estatus de unicornio, un club al que apenas pertenecen unas pocas empresas fundadas por españoles.
La magnitud del logro se entiende mejor con una comparación. En España solo un reducido número de compañías ha conseguido superar esa barrera de valoración. Entre ellas figuran nombres como Cabify, Jobandtalent, Factorial, TravelPerk, Fever, Recover, Devo, Copado o Multiverse Computing, empresas que hoy representan algunos de los mayores éxitos del emprendimiento tecnológico nacional. Desde esta semana, HappyRobot comparte esa categoría. Y lo hace con una historia que comenzó muy lejos de Silicon Valley: en Guadalajara.
De Guadalajara a Silicon Valley
Aunque hoy la compañía tiene su sede en San Francisco y desarrolla tecnología para algunas de las mayores multinacionales del mundo, el origen del proyecto está en la provincia. Javier y Pablo Palafox crecieron en Guadalajara antes de iniciar un recorrido académico y profesional que terminaría reuniéndolos, años después, al otro lado del Atlántico. Javier estudió en el Sagrado Corazón (hoy Agustinos) y en Salesianos y Pablo, antes de pasar a la universidad, lo hizo en el colegio Ocejón y en el instituto Castilla de la capital.
Los dos hermanos siguieron caminos distintos, pero complementarios. Javier orientó su carrera hacia la gestión empresarial y las finanzas. Tras completar un MBA y un máster en Finanzas desarrolló buena parte de su trayectoria en Norteamérica como director financiero de Deoleo, una experiencia que acabaría siendo decisiva para detectar una oportunidad de negocio que nadie estaba aprovechando.
Pablo, por su parte, apostó por la ingeniería y la inteligencia artificial. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Madrid y posteriormente se trasladó a Alemania para realizar un doctorado en Visión por Computadora y Deep Learning en la prestigiosa Universidad Técnica de Múnich, además de trabajar como investigador en Meta.
A ese equipo se sumó Luis Paarup, compañero de Pablo en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid y estrechamente vinculado a Guadalajara por su amistad y trayectoria junto a los hermanos Palafox. Su experiencia en ciencia de datos, computación en la nube y conducción autónoma terminó de completar un equipo en el que cada fundador aportaba una pieza diferente: desarrollo tecnológico, inteligencia artificial y visión empresarial.
La idea surgió de un problema cotidiano
HappyRobot no estuvo en un laboratorio surgió a raíz de una situación que Javier vivía prácticamente cada día durante su etapa profesional en Estados Unidos. Pese a los avances tecnológicos, la logística seguía dependiendo de miles de llamadas telefónicas para localizar mercancías, resolver incidencias o confirmar entregas.
"Por más que durante los últimos veinte años se haya intentado digitalizar este proceso, el último recurso siempre acaba siendo el correo o el teléfono", explica al recordar cómo nació la empresa. Aquella reflexión dio paso a una pregunta sencilla: ¿por qué una inteligencia artificial no podía encargarse también de esas conversaciones?
Con esa idea decidieron dar el salto a Estados Unidos. En 2023 fueron seleccionados por Y Combinator, la aceleradora de startups más prestigiosa de Silicon Valley y de la que han salido compañías como Airbnb o Stripe. Durante ese programa cambiaron el enfoque inicial del proyecto para centrarse en el desarrollo de agentes conversacionales capaces de mantener llamadas telefónicas prácticamente indistinguibles de las de una persona.
La inteligencia artificial que convence a las grandes empresas
Hoy, HappyRobot desarrolla sistemas de inteligencia artificial capaces de automatizar llamadas, correos electrónicos y procesos empresariales complejos. Lo que comenzó resolviendo problemas de logística ha terminado extendiéndose a sectores como la energía, los seguros o las aerolíneas.
Su plataforma trabaja ya para más de 150 grandes corporaciones internacionales, entre ellas DHL, Uber, Repsol y Naturgy, mientras que la empresa ha pasado de apenas una docena de empleados a superar los 140 profesionales, con oficinas repartidas entre Estados Unidos y Europa, incluidas sedes en Madrid y Barcelona para captar talento español.
El crecimiento ha sido tan rápido como el interés despertado entre los inversores. La última ronda de financiación, de 150 millones de dólares, ha elevado la valoración de la compañía hasta los 1.200 millones, convirtiéndola oficialmente en un unicornio tecnológico.
Detrás de esa cifra, sin embargo, continúa estando la misma filosofía con la que nació el proyecto. Javier Palafox siempre defendió que la inteligencia artificial debía eliminar tareas repetitivas para que las personas pudieran centrarse en trabajos de mayor valor añadido. Incluso reconocía la existencia de un "dilema moral" alrededor de la automatización, aunque sostenía que muchas de esas funciones consistían en empleos con una elevada rotación y escasa cualificación. "Siempre he pensado que son una especie de esclavitud del siglo XXI", reflexiona.
El ecosistema estadounidense también fue determinante para hacer posible ese crecimiento. "Aquí todo se mueve mucho más rápido", explica al comparar la cultura inversora de ambos lados del Atlántico. A su juicio, en Estados Unidos los fondos apuestan antes por el talento de los fundadores que por los resultados inmediatos, una confianza que permitió a HappyRobot crecer a una velocidad difícilmente imaginable en Europa.
Hoy la empresa opera desde San Francisco y compite con algunas de las compañías más innovadoras del mundo, pero la historia que la hizo posible empezó mucho antes, en Guadalajara.