Dos viajes poéticos hacia uno mismo
En un elegante despacho de madera noble, rodeado de estanterías que guardan obras de Jojo Moyes, Isabel Allende, Megan Maxwell y Ken Follett, Ramón Rebollo de los Santos (Guadalajara, 2007) sostiene su primer libro publicado entre las manos. Hoy, 10 de marzo, sale publicado Desde el Corazón. Dos viajes poéticos hacia uno mismo (editorial Cuadranta). El viernes 13, a las 19:00 horas, lo presentará en la Sala Multiusos del Centro de San José, en la capital.
“Se trata de una travesía íntima por el amor, la pérdida, la conciencia y la verdad interior”, indica el joven autor.
“Un poemario que no busca respuestas fáciles, sino presencia. Que convierte la herida en palabra. Que entiende la creación como un espacio donde el alma puede hablar sin máscaras.
Un libro que no se explica: se atraviesa”.
Acaba de cumplir su mayoría de edad y todavía le cuesta asimilarlo.
Él mismo lo explica con esa mezcla de vértigo y gratitud que lo define. El poemario es su carta de presentación al mundo editorial, un acto íntimo y valiente nacido de un proceso de introspección y honestidad emocional. “Escribo desde niño –dice- poesía y novela, como forma natural de expresión”. Estudia el Grado en Gestión y Comunicación de Moda y se define como una persona especialmente “sensible y creativa”.
El poemario se estructura en tres partes claras. Comienza con una obertura, el poema más personal, para que el lector entre directamente en su mundo. Sigue un primer bloque de cinco poemas titulado “¿Ganador o perdedor?”, una historia de amor ficticia que, en realidad, refleja su propio proceso de crecimiento desde la segunda parte de la adolescencia. Después viene un interludio, “El arte por el arte”, una oda al arte puro. Y cierra con otros cinco poemas bajo el título “A corazón abierto”, donde ya habla sin claves, con visceralidad, de amor, verdad y sentimiento.
Ramón insiste en que la escritura surgió de la necesidad de contar historias con las que la gente resuene. “Este libro tiene muchas cosas personales –reconoce- porque al final es inevitable que un autor ponga cosas que le representan en un primer libro”, asegura. Los poemas no narran vivencias de forma directa, pero sí transmiten emociones y estados de ánimo con los que quiere conectar con un público concreto: personas que en algún momento se sienten perdidas y buscan una lectura consciente.
Admite que el libro recoge tanto tormentos interiores como relacionales. Habla de la búsqueda constante de la perfección y del síndrome del impostor que le hace dudar de si merece lo que ha conseguido, con pensamientos intrusivos como “no me va a comprar nadie el libro”. “El perfeccionismo es un amigo incómodo”, confiesa, y reconoce que le cuesta dar por terminados proyectos aunque ya estén bien hechos. Aun así, asegura que su obra no pretende transmitir un logro alcanzado, sino el camino que ha recorrido.
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Su rutina diaria refleja esa misma intensidad polifacética. Se levanta muy temprano para coger el autobús a Madrid, donde estudia. Asiste a clase por las mañanas en horarios variables, come allí, responde correos de la editorial, acude a eventos de moda, saca tiempo para clases de conducir o de inglés y todavía encuentra ratos para escribir. Los fines de semana viaja a Almadrones, donde vivió hasta terminar segundo de Bachillerato y donde sus padres tienen casa. “Intento compaginarlo todo –dice-, aunque a veces entra un poco el caos”.
A pesar de la autoexigencia y el estrés, Ramón transmite una humildad que impresiona. No busca un best seller ni reconocimiento masivo. “Me conformo con mi propio reconocimiento y con que la gente de mi entorno lo lea”, afirma. Su objetivo principal es que el libro sea una experiencia íntima, algo que represente al 100 % su voz. “No he publicado algo comercial –explica-, he publicado algo que es más íntimo”.
El viernes, en la Sala Multiusos del Centro de San José, compartirá ese viaje con quien quiera acompañarle. El cartel lo anuncia claro: “Encuentro íntimo”. Y así es como Ramón, a sus 18 años, ha decidido abrirse al mundo: sin aspavientos, con el corazón por delante y con la certeza de que la poesía, cuando nace desde dentro, siempre encuentra a quien necesita escucharla.