El Archivo Histórico de Sigüenza, un viaje por más de siete siglos de memoria escrita
Las visitas guiadas al Archivo Histórico Municipal de Sigüenza han vuelto a despertar un notable interés entre vecinos y visitantes. Todas las plazas disponibles se completaron para una actividad que permitió descubrir uno de los grandes tesoros patrimoniales de la ciudad y conocer de cerca el trabajo de conservación de la memoria documental seguntina.
Guiados por la archivera municipal, Amparo Donderis Guastavino, los asistentes recorrieron las instalaciones del archivo y pudieron contemplar algunos de los documentos más valiosos que custodia. La visita mostró cómo se organiza, conserva y protege un fondo documental que permite reconstruir la historia de Sigüenza desde hace casi 750 años, convirtiéndose en un auténtico viaje por la evolución política, social, económica y cultural de la ciudad.
La visita que tuvo lugar el pasado mes de junio, Sigüenza celebraba el Día Internacional de los Archivos, ejemplifica igualmente la labor que se ejerce desde el Archivo de acercamiento de la historia y patrimonio documental a vecinos y escolares. Durante la jornada, la archivera Amparo Donderis guió varias visitas comentadas en el Archivo Histórico de Sigüenza, en las que participaron alumnado de los colegios Sagrada Familia y San Antonio de Portaceli, así como un grupo de seguntinas y seguntinos interesados en conocer de cerca este valioso patrimonio.

El Archivo Histórico Municipal, ubicado en la Casa del Doncel, conserva auténticas joyas documentales. Entre ellas destaca una colección de cartas reales concediendo privilegios a la ciudad que se remonta al año 1277, además de la documentación generada por los órganos de gobierno locales. Sobresalen especialmente los Libros de Actas del Concejo o Ayuntamiento, conservados de forma ininterrumpida desde 1510, una serie documental excepcional que permite seguir casi año a año la vida municipal y comprender cómo se ha construido la historia de Sigüenza a lo largo de los siglos.
Uno de esos documentos traslada al visitante hasta el siglo XVI. El acta del 31 de marzo de 1522 comienza con una fórmula que hoy constituye un valioso testimonio histórico: "En la ciudad de Siguença a XXXI de março de M D XXII años estando los señores de concejo de la dicha cibdad ayuntados e llamados por su campana repicada segund que lo es de huso e de costumbre…". Más de cinco siglos después, aquella convocatoria sigue conservando intacta su capacidad para acercar al lector a la vida cotidiana de la Sigüenza renacentista.
Desde aquella sesión municipal se han sucedido centenares de corporaciones y miles de acuerdos para afrontar los asuntos que iban surgiendo en cada momento. Los libros de actas recogen la respuesta de la ciudad a guerras, epidemias, crisis económicas y periodos de prosperidad, pero también reflejan decisiones sobre la administración local, el abastecimiento, las obras públicas, la convivencia o la organización de la vida municipal. En sus páginas puede seguirse el pulso de una ciudad cuyos vecinos fueron testigos de épocas de esplendor y de momentos marcados por la escasez, el hambre o las enfermedades.
Pero el archivo va mucho más allá de la actividad institucional. Sus documentos permiten conocer cómo evolucionaron las costumbres, la vida cotidiana, las fiestas y celebraciones populares, el urbanismo de calles y edificios, el sistema económico y fiscal o el desarrollo de la asistencia educativa y socio-sanitaria. Cada expediente, cada libro y cada privilegio constituyen una pieza del relato histórico de Sigüenza y ayudan a comprender la transformación de la ciudad desde la Edad Media hasta la actualidad.
Los distintos ayuntamientos fueron incorporando esta documentación al archivo conscientes de su utilidad administrativa y jurídica. Durante siglos sirvió para garantizar derechos y deberes ciudadanos, legitimar las actuaciones municipales y justificar los privilegios, honores y distinciones concedidos a la ciudad. Con el paso del tiempo, aquellos documentos nacidos para resolver cuestiones administrativas han adquirido un valor patrimonial incalculable como testimonio de la memoria colectiva de Sigüenza.
Pergaminos y documentos sobre papel, libros cuidadosamente encuadernados o legajos protegidos con lienzos reutilizados de antiguos cantorales, escritos con diferentes tipos de letra y tintas de color añil, carmesí o negro, han conseguido sobrevivir a incendios, humedades y conflictos sociales. El paso de los siglos les ha hecho perder su valor administrativo para convertirlos en bienes integrantes del patrimonio histórico documental de la ciudad y en una fuente imprescindible para investigadores, historiadores y ciudadanos interesados en conocer su pasado. "Escribanos, secretarios, archiveros, han sido sucesivamente sus guardianes", explica Donderis. Para garantizar su ordenación y facilitar el servicio a la administración, "en 1813 se acordó agrupar los documentos en libros para empergaminarlos, encuadernándolos sobre lienzos de pergamino", ilustra.

El éxito de las visitas guiadas confirma el creciente interés que despierta el patrimonio histórico y documental dentro de la oferta cultural de Sigüenza. Abrir las puertas del archivo permite acercar al público unos fondos que habitualmente permanecen alejados de la vista, pero que conservan la memoria escrita de generaciones de seguntinos y explican, mejor que ningún otro testimonio, la evolución de una ciudad a lo largo de casi siete siglos y medio.
"En el siglo XXI, nos enfrentamos a los nuevos desafíos que plantea la tecnología digital, para velar por la preservación de los documentos y garantizar la sucesión a generaciones futuras del legado documental del Archivo Municipal, que avala la candidatura de Sigüenza a ciudad Patrimonio de la Humanidad", Las palabras de Donderis describen la importancia de este servicio municipal seguntino de cara a fuituras generaciones. .