El calabozo de la Alcarria donde Cela permaneció unas horas tras una discusión con el alcalde

28/12/2025 - 18:57 fcv

Un pequeño habitáculo de piedra en el corazón de Guadalajara, testigo de un desencuentro histórico entre Camilo José Cela y la autoridad local, renace hoy como centro de recepción para viajeros.

En la espectacular plaza porticada de Budia, una de las más singulares de la Alcarria, un modesto espacio de gruesos muros custodia uno de los episodios más ácidos de la literatura de viajes en España. Se trata de un calabozo municipal, ubicado bajo la arquería del ayuntamiento, que en la tarde del 10 de junio de 1946 dejó de ser un simple lugar de custodia para convertirse en parte del imaginario colectivo. Allí, un joven Camilo José Cela fue retenido tras un agrio careo con el entonces alcalde, Basilio Saelices, cuya memoria quedaría ligada para siempre al desdén del escritor.

El "incidente de la cédula": un choque de orgullos

El conflicto no nació de una disputa intelectual, sino del recelo de la autoridad ante lo desconocido. Cela, que recorría la comarca con barba de varios días y mochila al hombro, fue interceptado por un regidor que vio en él a un indocumentado peligroso. El diálogo, centrado en la exigencia de la "cédula de identidad", derivó rápidamente en un abuso de poder. El Nobel, años después, no dudaría en calificar al alcalde como "un animal" y un "albino medio loco", dejando constancia del trato recibido bajo los soportales.

Aquel desencuentro terminó con el autor confinado durante varias horas en un recinto que él mismo describió con crudeza en su obra definitiva Viaje a la Alcarria: "El calabozo es un cuarto con el suelo de tierra y una ventana con dobles rejas que da a la plaza. Huele a humedad y a orines de los presos anteriores". Según el autor, el alcalde actuó sin razón, simplemente porque sentía el peso de "la vara en la mano y la pistola en el cinto".

La plaza de "pueblo moro" y su transformación

A pesar del incidente, Cela no pudo evitar rendirse ante la belleza de un entorno que hoy atrae a miles de visitantes. Para el escritor, "la plaza de Budia es una plaza de pueblo moro, con sus soportales, sus columnas de piedra y sus balcones de madera". Es precisamente bajo esa galería donde hoy la hospitalidad ha sustituido al calabozo. El antiguo habitáculo ha sido rehabilitado con mimo para albergar la actual oficina de turismo, cuya gestión e información histórica puede consultarse en la web oficial del ayuntamiento de Budia.

La metamorfosis del edificio es un símbolo de cómo los pueblos de Guadalajara transforman su pasado -incluso los episodios más tensos- en un recurso de futuro. Los mismos muros que un día limitaron la libertad del cronista sirven ahora para dar la bienvenida a los viajeros que buscan revivir la ruta literaria más famosa de la provincia.

Budia: literatura y patrimonio vivo

Solo al final del recorrido por la plaza porticada se comprende que este escenario no es otro que Budia. El autor, al recordar su paso por el municipio, reconoció su porte monumental: "Budia es un pueblo grande, un pueblo con muchas casas de piedra, con sus escudos sobre la puerta". Además de su vínculo con el Nobel, la localidad es hoy referente por su Museo Apícola, un espacio que celebra la excelencia de la miel alcarreña.

El calabozo de Budia sigue allí, con sus puertas abiertas, pero esta vez para que nadie quiera marcharse sin conocer los secretos de esta tierra donde la piedra guarda la memoria de un Nobel que entró como preso y salió como leyenda.