14/06/2020 / 13:45
José María Bris/Exalcalde de Guadalajara


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El coronavirus en España

En esta lucha contra el coronavirus está habiendo varios héroes, en primer lugar los fallecidos,  los contagiados que sufrieron la enfermedad en las UCI, las personas que tuvieron que ser hospitalizadas y quienes han mantenido los servicios.


El 10 de junio se han cumplido 88 días desde que el 15 de marzo se declarase el estado de alarma, que desde entonces ha sido prorrogado en seis ocasiones de 15 días cada una, la ultima aprobada el 3 de junio, que acabaran, si todo va bien, el 21 de junio. El estado de alarma viene recogido en el articulo 116.2 de la Constitución Española y desarrollado por la Ley Orgánica 4/1981 de 1 de junio de los Estados de alarma, sitio y excepción. Cuando termine la ultima prorroga habremos estado cien días en él, que, aunque sea necesario, siempre lleva consigo una perdida de derechos y libertades , ya que durante el mismo el Gobierno se convierte en mando único de las autoridades políticas y administrativas; de la guardia civil, de las policías nacional, autonómica y local. Puede requisar bienes, imponer prestaciones, limitar el uso de servicios y  la movilidad de los ciudadanos…fijando, como así ha sido, el confinamiento total, con el lema “quédate en casa” durante 47 días, del 15 de marzo al 2 de mayo, a los 47.196.300 personas que constituyen la población española, con excepción de cerca de 7.000.000 de ciudadanos que han trabajado y siguen trabajando en estos días para que funcione el país, más de  1.000.000 de sanitarios (médicos, enfermeros, farmacéuticos , auxiliares de farmacia, laboratorios farmacéuticos, proveedores); 500.000 miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, incluidos ejercito, guardia civil, policías nacional, autonómica y local ; voluntarios de Cruz y Roja y Protección civil, y cerca de 5.500.000 de  ciudadanos, transportistas, agricultores y ganaderos (749.700), talleres, mercados , dependientes de tiendas de alimentación, empleados de entidades financieras, servicio de correos, información y comunicación, iglesia católica…

  El coronavirus o Covid-19 ha obligado a  que por primera vez en la historia de la humanidad se  haya  paralizado el universo, extendiéndose con rapidez  inusitada por los cinco continentes y contagiando a ciudadanos de las 193 naciones que lo componen con excepción de 9 pequeñas islas del Océano Pacifico (Salomón, Vaneatu, Samoa, Kiribati, Micronesia, Tonga, Marshall, Palau, Tumaru) y de la Republica de Asia Central, Turkmenistan que no han registrado ningún caso.

  El día 4 de mayo España entró en fase de desescalada para ir evolucionando hasta la nueva normalidad, que Dios quiera se parezca mucho a la normalidad anterior, que concluirá al terminar la fase tercera, como hemos señalado el 21 de junio. Ese día, ya lo conocemos, el Gobierno dictará un decreto que nos dirá como debemos “vivir”, hasta que exista una vacuna contra el coronavirus, que será en el año 2021.

  A pesar de estas medidas restrictivas, en España el coronavirus nos ha golpeado con una gran dureza. Hasta el 1 de junio se habían contabilizado 239.638 contagios diagnosticados por PCR (siglas en inglés de lo que en castellano sería Reacción en Cadena de la Polimerasa, que afectan a la división de las células en el cuerpo humano), 27.127 muertes oficiales, aunque el Instituto Nacional de Estadística eleva la cifra a 48.000. En cualquier caso por desgracia seríamos la nación en que más personas han muerto respecto a la población. En Castilla-La Mancha las cifras oficiales son de 17.259 contagios y 2.977 muertos y en Guadalajara 1.315 casos confirmados y 254 fallecidos.

  En las 5.457 residencias de mayores que hay en España han muerto, hasta esa fecha, según los registros oficiales 19.228 personas, en las 478  que hay en Castilla la Mancha se han confirmado contagios en 239 en las que han muerto 1.273 personas y de las 76 que hay en Guadalajara, 38 han sufrido los efectos del coronavirus con 138 muertos, siendo las personas mayores de 70 años las que presentan mayor mortalidad con un porcentaje del 86,4%.

  En esta lucha contra el coronavirus está habiendo varios héroes. En primer lugar los fallecidos, cuyo número exacto esperamos conocer algún día, que han muerto solos, sin nadie de la familia que les pudiera dar el ultimo adiós, enterrados casi en secreto, los 11.298 contagiados que han sufrido la enfermedad en las UCIs, las 122.439 que tuvieron que ser hospitalizadas y las personas que han mantenido los servicios, relacionadas anteriormente, con una mención especial para los sanitarios que han luchado contra la enfermedad a veces sin los medios necesarios para protegerse de ella, lo que ha supuesto el contagio de 51.482 y la muerte de 76 y a los que se les ha concedido, con toda justicia, el Premio Princesa de Asturias de la Concordia.

  Una epidemia como esta nunca había sucedido. En el recuerdo y en la historia sanitaria de España quedan las causadas por el cólera, que tantas muertes provocaron a través de los siglos, la ultima la del año 1885, que contagió a 335.986 personas y ocasionó el fallecimiento de 119.493, en una población de 17.500.000 habitantes.

  En el siglo XX hubo dos conatos de epidemias de cólera, que causaron gran temor en la población, sobre todo la de verano de 1971. Aun recuerdo las colas que se agolpaban para vacunarse, ya que no había dosis para todos. Una epidemia que había nacido en la cuenca del río Jalón y que fue abortada por la rápida intervención del farmacéutico de Epila, durante 33 años ejerciendo su labor en dicho pueblo, Ricardo García Gil, un paisano nuestro que había nacido en Mandayona  en 1920, en cuyo colegio estudió los primeros años, el bachillerato lo cursó en el Instituto de San Isidro de Madrid y  se licenció en Farmacia en 1943. Murió en 2004, siendo enterrado en su pueblo natal.

  Eminente científico e investigador, especialista en análisis clínicos y bromatología (estudio de los alimentos), estaba considerado como un prestigioso sanitario, habiendo ocupado diversos puestos de relevancia  y obtenido importantes distinciones por su trabajo y por cumplir su lema  de “ser útil a la sociedad”, profesor de universidad en Valencia y Zaragoza, Colegiado de Honor y  presidente del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza, Encomienda de la Orden Civil de Sanidad, Medalla de Plata del Consejo General del Colegio Oficial de Farmacéuticos de España, Medalla Carracido concedida por la Real Academia de Farmacia, su máxima condecoración. En otoño de 1979 se produjo un segundo conato de epidemia de cólera que se inició en un colegio de Aoiz (Navarra), con  escasa incidencia. Solamente 245 contagios detectados.

  En el recuerdo queda la impropiamente llamada gripe española, de 1918 a 1920, no porque tuviera su origen en nuestra nación, se dice que los primeros casos sucedieron en Estados Unidos, sino porque al estar muchos países en guerra fuimos los primeros en aportar datos oficiales sobre la misma, en la que se contagiaron más de 50 millones de personas y en España murieron 186.184 en una población de poco más de 20 millones.

  Más cercana la gripe asiática de los años 1957- 1958, con origen también en China, como el coronavirus, que produjo en España la muerte de 10.000 personas y ya más cercana todavía  una gripe agresiva fue la del año 2018, que afectó en nuestro país a 800.000 personas, de las que 52.000 tuvieron que ser hospitalizadas, muriendo cerca de 15.000.

  Otra importante crisis sanitaria se produjo en el año 1981 con el aceite de colza desnaturalizado para uso industrial, pero que se comercializó para uso humano que causó pánico e intranquilidad en la sociedad, ya que se tardó bastante  tiempo en conocer su origen que en un principio se achacaba a las fresas, a los gatos, a los pájaros…, y que un ministro consideraba como “un bichito” que no se sabía de donde venía. Por causa del aceite de colza murieron en España  3.800 personas y quedaron afectadas cerca de 20.000. 

  Esperamos volver pronto a la nueva normalidad, pero cuando acabe esto, que Dios quiera sea lo antes posible, la vida no será igual, se dará mas importancia a las cosas sencillas como pasear libremente, hablar con los amigos, estar mas cerca de la familia, poder abrazarla, ser más solidarios, ayudar a los que más sufren y darnos cuenta de que estos  son los valores que más deben de primar en nuestras vidas.


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