El final de Oak Street: Ni tan superficial, ni tan disfrutona
Hay algo de lo que se habla poco en el cine, pero que es fundamental para cualquier película: el tono. Si tú te sientas a ver una película seria de acción y te encuentras con una parodia musical del cine de acción, se te torcerá el gesto. Luego, si resulta ser maravillosa, puede que te conquiste para siempre, pero la primera impresión será de contrariedad.
El tono no es solo el género. Una historia de ciencia ficción puede ser familiar o adulta, comedia o drama... Hay muchas variables y a veces los directores juegan un poco con ellas, haciendo leves variaciones que sirvan para subvertir las expectativas del espectador, para mejorar la experiencia. Por desgracia, en ocasiones más que sorprender, lo que se consigue es desconcertar.
David Robert Mitchell es un director personal. Como demuestran It Follows y Lo que esconde silver lake, no es el tipo que un gran estudio escogería para hacer una superproducción familiar. Y sin embargo, ahí está el cartel de El final de Oak Street, con Ewan McGRegor y Anne Hathaway huyendo comicamente de un T-Rex. Y ahí tenemos la sinopsis y el trailer, con una familia de principios de los 80 siendo transportados por alguna razón, junto a todo su barrio, a un mundo poblado de dinosaurios.
La estética, la trama, incluso buena parte de la película, nos remiten al cine de la Amblym, aquella productora de Steven Spielberg que nos trajo joyas como los Goonies. Pero a Mitchell le apetece jugar con el espectador.
En El final de Oak Street hay sorpresas escondidas, decisiones del director y sus personajes que cogeran al público por sorpresa y le harán preguntarse qué película está viendo. Desde luego, no es la que eligiría para ver con mi familia, pero sí con un amigo macarra, sin miedo a bromear con lo que estoy viendo en pantalla.
Mitchell trastoca sutilmente los roles de género a los que estamos acostumbrados en este tipo de aventuras, coloca trampitas narrativas para sorprendernos mas tarde y reduce drásticamente con ello el público al que va dirigido este largometraje. Habrá muchos que no la valoren solo porque piensen que no merece ser pensada, otros que la vayan soberando cada vez más con el paso del tiempo y muchos que la descubran en el salón de su casa.
El final de Oak Street probablemente se merece el resultado de taquilla que está teniendo, pero con el tiempo también logrará la valoración que aún no se le ha dado solo por no ser tan estúpida como prometía su promoción.

