Emigración

12/09/2021 - 11:15 Jesús Fernández

El número de hombres y mujeres que forman ese “tercer mundo” crece cada día más. Nunca había sido tan alto como hoy el número de mujeres y de hombres que se ven obligados a emigrar por razones de guerras, conflictos, persecuciones.

A pesar de los presupuestos  y gastos que se destinan por los Gobiernos de Europa a paliar la situación de los miles de emigrantes, éstos siguen viviendo en condiciones infrahumanas e indignas de los derechos de las personas. Emigración o sea, flujos y movimiento o traslado de personas ha habido siempre. Igual de bárbaros, igual de invasores. Sólo que ahora hablan mejor el inglés, añadiría un  Ministro, responsable de estos Asuntos en la Comisión Europea. Los que creíamos que el mundo era un “ cosmos” un orden estático, la quietud, tenemos que cambiar de ideas. El mundo, los territorios, las estructuras, la población, están en movimiento, son  un orden desordenado. Son un sedimento, no un movimiento. Decía Ortega y Gasset que el universo es un pluriverso. Esto sucede con las culturas, con las lenguas, con la  economía, con las creencias religiosas. El mundo no responde a la metafísica de la realidad sino a la antropología de las culturas. No está definido sino que se va definiendo. El planeta no está terminado. 

El número de hombres y mujeres que forman ese “tercer mundo” crece cada día más. Nunca había sido tan alto como hoy el número de mujeres y de hombres que se ven obligados a emigrar por razones de guerras, conflictos, persecuciones. El hambre y las enfermedades son otra causa de huida. 82 millones de habitantes forman hoy el número de ciudadanos que están en camino.  Venezuela, Syria, Afganistán, Yemen, Irán, son los países que más refugiados aportan a esta avalancha de desplazados. Especialmente vulnerables son los niños que representan el 18 por ciento. Muchos de estos niños han nacido en el entorno y en el tiempo del refugiado. La pobreza, la vida en chabolas o en grandes ciudades es la geografía humana de estos refugiados que viven en el hambre y en la miseria. 

El consenso para la acogida de estos emigrantes no existe entre los países ricos. Los Estados de acogida necesitan una economía robusta y unos presupuestos destinados a ellos. Por lo demás, hay emigrantes ricos y emigrantes pobres. La finalidad de los que piden asilo en un país es la de integración, la de inclusión y no la de exclusión. La existencia de emigrantes no va a ser un fenómeno pasajero sino permanente y por ello necesitamos una Ley Orgánica que prevea estas situaciones. Desde el punto de vista antropológico y social hay que ir a las raíces de la emigración y analizar sus causas en los conflictos. La democracia y el pluralismo en los países de origen sería una buena solución.