Esfuerzo de meses
El domingo saldrá la procesión que conocemos como ‘la borriquilla’, Jesús entrando triunfante en Jerusalén. Siete días después recorrerá las calles resucitado tras un penoso calvario y crucifixión.
Son los días más importantes del calendario cristiano, la Semana Santa, tiempo de oración, reflexión, memoria de un capítulo trascendental en la historia de la humanidad. Pero detrás de la conmemoración, en especial de los diferentes desfiles procesionales, hay meses de trabajo, ensayos, reuniones y preparativos para que todo se desarrolle conforme a la tradición heredada de generación en generación desde hace siglos, en algunos casos. Las cosas no salen bien por casualidad, sino por dedicación, empeño, ilusión y mucha devoción a la imagen que es portada soportando un gran peso por cargadores que han de entrenar y sufrir. Detrás de el grito ‘al cielo’, de cada baile de imágenes en los encuentros de la Virgen con su hijo, hay un gran esfuerzo físico, preparación, sincronización. Los desfiles, sobre todo en las procesiones en las que las cofradías y hermandades tienen muchos integrantes, van medidos al detalle para que no haya cortes, para que fluyan con normalidad. Lo único, un poco más espontáneo, son las saetas que al tránsito de la comitiva interrumpen el paso para honrar a la talla.
Hoy, por ello, queremos poner en valor a las miles de personas que integran estas agrupaciones religiosas que con sus coloridos hábitos, o debajo de las carrozas, ofrecen una exteriorización de la fe, una manifestación de la cultura tradicional, pero también un espectáculo visual que atrae al turismo y que por tanto es efecto dinamizador de la economía. El amor en los participantes queda patente cuando la lluvia obliga a la suspensión del acto- o conversión en algo más reducido dentro del templo parroquial- y no pueden contener las lágrimas, incluso el llanto. A todos, gracias.