Français Brûlé
He tenido sesiones de curro más largas que la duración oficial del gobierno del último primer ministro francés: Sebastien Lecornú. La quinta república ha tenido a su mandatario más breve, donde solo duró 12 horas en el cargo. Media jornada para los autónomos.
Tras la marcha de François Bayrou, Michel Barnier, Gabriel Attal y de Élisabeth Borne, Macron puede presumir de tener media docena de jefes de gabinete en menos de 20 meses. Un auténtico record que atestigua la inestabilidad política pero sobre todo económica de nuestro vecinos del norte. Tan grave para los ciudadanos es esta rotación del inquilino del Hôtel de Matignon como la perpetuación en el cargo del familiar no imputado del titular de la Avenida Puerta de Hierro s/n.
Detrás de este baile de sillas, existe una realidad tozuda de la economía europea: productividad decreciente, deuda pública galopante, déficits crónicos, reparto del empleo y sobre todo desigualdad entre ciudadanos. El problema no es la voz de la ciudadanía, sino que en ausencia de acuerdos, se parapetan los extremismos y las voces críticas. Cuando falla el diálogo, se imponen los gritos. Cuando decaen los acuerdos, se alzan las imposiciones. El futuro de nuestro Viejo Continente va a la deriva de Pirineos a Urales en un contexto mundial donde suena Donald Trump como Premio Nobel de la Paz. Para mi cronista futuro y la hemeroteca de esta cápsula del tiempo que es la libre opinión presente, todavía que se puede. Así nos luce el flequillo.
Vivimos en una sociedad en la cual, las cifras nos golpean en la cara. Ha aumentado la recaudación tributaria un 9,37% de un año para otro (con un acumulado del 54.74% desde 2018, con especial interés en el crecimiento del 71,96% en IRPF y un 81,51% de Sociedades en el último sexenio) pero no se observa que los servicios públicos o la desigualdad vaya a mejor. Es más, la inflación ha subido oficialmente un 2,8% mientras que el crecimiento económico ha sido de un 3,5%. La falta de consistencia de los datos públicos, obliga a pensar que el coste de la vida es mucho mayor, que ha aumentado notablemente la economía sumergida o que la presión fiscal se está poniendo al nivel de Europa pero sin las contraprestaciones de nuestros halcones. O todo a la vez.
Es llamativo que en los últimos 20 años solo haya crecido la deuda pública mientras que la deuda privada se ha reducido a la mitad. Son cifras de España, pero es discurso francés. Si a Bayrou le costó el cargo decir que quitaba dos días feriados, aquí estamos planteando dar 10 días de permiso por el fallecimiento de un amigo. El estado de bienestar está en cuestionamiento y nadie hace nada por arreglarlo. Quien es valiente para pedir esfuerzos sale por la puerta y quien es cobarde para consentir la ineficiencia, se atrinchera en el cargo. Si el coste de la vida sigue subiendo, solo hay un escenario posible: el colapso de la contratación por falta de rendimiento empresarial y el sustento por parte del estado del desempleo. Si la única partida que crece son los rendimientos del trabajo (y decae IVA, Especiales y Sociedades en proporción), que nadie se eche las manos a la cabeza cuando las cotizaciones presentes sean subsidios del futuro. Camarero, guárdeme la nota para echar la cuenta dentro de unos años. De nada. Entre medias, los populismos y los puños de hierro, someterán al raciocinio.
A ambos lados de la frontera, nos gustan los postres donde se queman cosas por encima, da igual que sea la crème brûlée o la crema catalana, pero lo que está claro es que si vemos las barbas de nuestro vecinos quemar, deberíamos poner las nuestras a remojar. Solo se mantienen los gobiernos de tinte autoritario o aquellos que tienen intereses espurios. Doy una pequeña receta: Todo el mundo quiere vivir mejor, pero si alguien quiere prosperar más (no son ingredientes raros, nos lo enseñaron nuestros abuelos y padres), que se le permita trabajar más dentro de la legalidad. Esta Europa de al menos dos velocidades, reparte miseria hoy sin mirar el horizonte a largo plazo. Preparen el barreño, que algún chispazo nos cae en la perilla y en la sotabarba. El caramelo lo dejamos para quien quiera creerse mentiras y niñerías.