Guadalajara incorpora a su patrimonio el Panteón de Francisco Cuesta, una de las joyas escultóricas del Cementerio Municipal
La Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Guadalajara aprobó esta semana la extinción el derecho funerario sobre el Panteón de la Fundación Cuesta, situado en el Patio de Santa Ana del Cementerio Municipal. Con este acuerdo, adoptado por unanimidad, el Ayuntamiento recupera la plena disponibilidad jurídica de la unidad de enterramiento y asume el compromiso de destinarla íntegramente a fines de conservación y protección patrimonial, tal y como exige su condición de Bien de Interés Patrimonial.
El panteón, uno de los conjuntos escultóricos más sobresalientes de todo el camposanto, cuenta con un proyecto del arquitecto municipal Ramón Cura fechado en 1912 y fue ejecutado en torno a 1913. Su grupo escultórico, tallado en mármol blanco, representa a tres figuras que atraviesan un umbral guiadas por la Muerte, una alegoría clásica del tránsito al más allá que se resuelve como una composición exenta y tridimensional, concebida para ser contemplada desde distintos ángulos. La obra destaca por el dominio del escorzo y por el empleo de la técnica del paño mojado, un recurso heredado de la tradición escultórica clásica y barroca que permite que los pliegues del tejido se ciñan al cuerpo y revelen la anatomía con un naturalismo extraordinario. Aunque durante años se atribuyó la autoría de la escultura a Manuel Garnelo, la revisión de la documentación disponible apunta hoy, de forma más fundamentada, al escultor José Garnelo y Alda.
Por su calidad artística y su singularidad, el conjunto está considerado una de las piezas más evocadoras y románticas del Cementerio Municipal, hasta el punto de recibir anualmente visitas de colegios profesionales de arquitectura interesados en su factura y su composición. El panteón figura expresamente entre los elementos protegidos en el expediente de declaración de Bien de Interés Patrimonial de los Patios de Nuestra Señora de la Antigua, Nuestra Señora de la Soledad y Santa Ana, incoado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en 2017 y resuelto favorablemente en mayo de 2018, resolución que obliga a conservar íntegramente el monumento y que ahora marcará el trabajo de conservación que el Ayuntamiento tiene por delante.
El nombre que da título al panteón corresponde a Francisco Cuesta, uno de los principales maestros de obras y contratistas de la Guadalajara de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Frente a la imagen del arquitecto, Cuesta fue el constructor y promotor que materializó sobre el terreno numerosos proyectos firmados por arquitectos de prestigio provincial, como el propio Ramón Cura, Velázquez Bosco o Antonio Vázquez de Figueroa, y su actividad resultó decisiva en la transformación urbana del ensanche de la ciudad entre 1890 y 1925, con la construcción de viviendas burguesas y edificios civiles. Descrito por las crónicas como una persona retraída, tímida y de escasa proyección social y política, Cuesta tuvo poca relevancia pública en vida, pero a su muerte dejó en testamento una parte sustancial de su patrimonio para dotar de estructuras de beneficencia a la ciudad de Guadalajara, un gesto que explica que hoy una calle del casco urbano lleve su nombre.
Con esta decisión, el Ayuntamiento de Guadalajara refuerza su compromiso con la protección y puesta en valor del patrimonio histórico de la ciudad, garantizando la conservación de uno de los monumentos funerarios más relevantes del Cementerio Municipal para que pueda seguir formando parte de la memoria colectiva y del legado cultural de Guadalajara.