20/12/2020 / 11:38
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Iluminadas navidades

Estas Navidades se  van a caracterizar por la abundancia de luces exteriores, especialmente una especie de enormes pinos cónicos de metal.


Pocas serán las familias que durante las recientes Navidades no  vayan a recibir la deseada visita de un familiar al que no han podido ver durante el año, porque reside en otra ciudad alejada, aunque este año  predominará mas la preocupación de no ceder el numero de comensales por las estrictas normas fijadas por el Gobierno que no deben rebasar las diez personas. 

Estas Navidades se  van a caracterizar por la abundancia de luces exteriores, especialmente una especie de enormes pinos cónicos de metal. Las luces públicas por los ayuntamientos quizá se instalan para paliar la tristeza de más de una ausencia familiar por miedo al virus o por su muerte durante el periodo más álgido de la pandemia o, también, para ayudar al consumo en la hostería y el comercio. Tanto es así que en algunos municipios han surgido críticas al Concejo por gastar tantos millones en bombillas, cuando con ellos se podían haber arreglado kilómetros de aceras o ayudado a los damnificados del Covid. Madrid, por ejemplo, ha hecho alarde multicolor en la iluminación de sus calles representando la bandera nacional en un tira de varios kilómetros, olvidando o ignorando que esta opinión sobre la iluminación puede hacerse extensiva a la música, y no digo a la felicidad porque esta es una palabra demasiado trascendente. Sea lo que fuere, nunca faltará quien piense que el gasto de tantos millones sería mejor empleado en obras públicas duraderas, según ha señalado secularmente el refrán “Pon las cosas en Concejo y otros dirán que blanco y otros que negro”. 

Estás son pues unas Navidades algo laicas y tristes a las que lo que les sobra de luces les falta de belenes y de tradición que es el verdadero espíritu de estas fiestas. Desde siempre, la Navidad en la capital ha ofrecido un muestrario de artísticos belenes, exposición de dioramas navideños, zambombadas, autos sacramentales, cabalgata de Reyes, sin intentar prescindir del Portal de Belén con el Niño-Dios. Pero el belén más meritorio, aunque no el más artístico, es el que el Club Alcarreño de Montaña pone todos los años, el domingo anterior a la Nochebuena, en la cima del Ocejón, a 2.060 metros de altitud. Desde la añoranza de tantas ascensiones realizadas con los montañeros alcarreños, el pasado domingo los acompañé con la imaginación en la subida al Pico y dediqué mi recuerdo al fundador del Club, Jesús García Perdices, cuyo apellido lleva un collado de la montaña en el que colocamos una placa que si no se sí aún permanecerá en su sitio.


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