Juan Antonio Aranda, vecino de Guadalajara: "He estado muerto y he resucitado"

31/10/2026 - 09:23 Paco Campos

Viajaba en el coche 3 del AVE que alcanzó al Iryo en Urda cuando sintió que iba a morir. Recuerda el impacto, los heridos y la solidaridad de los vecinos que ayudaron a los pasajeros.

FOTOS: EUROPA PRESS

juan Antonio Aranda, trabajador de Indra y vecino de Guadalajara, subió el miércoles al AVE rumbo a Sevilla para asistir a una reunión de trabajo. Viajaba en el coche 3, el antepenúltimo del convoy, junto a Alberto, compañero de trabajo y también vecino de Guadalajara. Hacia las 8.50 horas, el AVE alcanzó por detrás al tren Iryo en Urda.

Aranda recuerda un "estruendo ensordecedor, como una explosión" y una fuerza enorme que lo aplastaba contra el asiento delantero. Desde el impacto hasta que el tren se detuvo transcurrieron unos segundos, aunque a él le parecieron minutos. "Yo estaba muerto. Yo sabía que iba a morir", afirma.

Permaneció consciente mientras el convoy se inclinaba hacia la izquierda, "traqueteando, botando todo". Se agarró con todas sus fuerzas al respaldo del asiento delantero para no salir despedido, como les ocurrió a algunos pasajeros de su vagón, y esperó el golpe. "Pensaba que salir no iba a salir de ahí vivo", recuerda.

Cuando todo terminó, su asiento seguía en pie, pero el de delante no. "Cuando yo me levanté para salir del vagón, el asiento no estaba".

El miedo y la sensación de haber vuelto a nacer

En el coche 3 del AVE había pasajeros con la nariz y la boca ensangrentadas, aunque, según recuerda Aranda, ninguno parecía grave y todos salieron por su propio pie. Él recibió un fuerte golpe en las rodillas y Alberto, en las costillas, sin importancia.

Fuera del tren, entre los viajeros se repetía una misma frase: "Hoy hemos vuelto a nacer, estábamos muertos y de repente hemos vuelto a nacer". Después de lo ocurrido, Aranda explica que "lo que sientes es lo afortunado que eres".

Lo primero que hizo fue recuperar su teléfono móvil, que había salido disparado durante el impacto y con el que casi tropezó. Llamó a su madre, a sus hermanos y a sus compañeros más cercanos para comunicarles el descarrilamiento y tranquilizarlos: estaban bien.

Tras unos minutos en blanco, caminó hacia la cabecera del tren por si podía ayudar. Lo que encontró, dice, "no se puede describir, una cosa dantesca", con heridos "muy, muy mal".

"Nadie está preparado para responder", reconoce. Habló con quienes seguían conscientes, intentó tranquilizarlos y les aseguró que las ambulancias ya venían. A su alrededor se oían gritos de socorro y había personas en estado de shock. "Una impotencia tremenda", resume.

La solidaridad de los vecinos de Urda

La Policía Local de Urda, la Guardia Civil, las ambulancias y los bomberos llegaron al lugar. Cuando los equipos de emergencia ya estaban allí, Aranda y Alberto entendieron que estorbaban y que lo mejor era marcharse.

El vecino de Guadalajara destaca la solidaridad de los habitantes de Urda, que se volcaron con los pasajeros. En un primer momento, explica, una riada de vecinos bloqueó la carretera y retrasó la llegada de ambulancias y bomberos, aunque actuaban con toda su buena voluntad. Después, numerosos voluntarios utilizaron sus vehículos para trasladar a pasajeros ilesos y heridos leves.

El polideportivo se llenó de ayuda, con vecinos, Cruz Roja y Cáritas, además de comida, dulces y café. "Era lo que menos nos apetecía, porque estábamos todos conmocionados", recuerda. Más tarde, el recinto se habilitó con colchonetas para los heridos graves.

Hacia la una del mediodía, un joven de Madrid que tenía el día libre y se había enterado del accidente se ofreció a llevar a Aranda y Alberto hasta Atocha. Usuario habitual del AVE por trabajo, quiso ayudar a quienes habían sufrido el accidente.

"Yo sé que yo no puedo ayudar, pero por lo menos vengo aquí y si puedo acercar a alguien a Madrid…", les explicó. A Aranda le impresionó que hubiera dedicado su día libre a ayudar a personas a las que les podría haber ocurrido lo mismo que a él.

"Lo que dejes para mañana a lo mejor ya nunca lo vas a hacer"

Desde Atocha, ambos regresaron en Cercanías. Aranda asegura que prefirió no pensar demasiado en lo ocurrido y que solo quería llegar a casa. Después acudió a la clínica La Antigua, en Guadalajara, donde una radiografía mostró un fuerte golpe en la rótula, sin rotura.

En casa lo esperaban sus familiares, "muy emocionados". El jueves amaneció con bastante dolor, que atribuye a la tensión acumulada, y posteriormente acudió a la mutua.

También destaca el apoyo recibido por parte de Indra. Según cuenta, la empresa "se ha volcado" con él. Recibió "no sé si 200 llamadas", desde el director general hacia abajo. La mutua y el servicio de prevención de riesgos también le han ofrecido ayuda psicológica.

Cuando piensa en lo que recordará dentro de diez años, señala dos imágenes: las víctimas del accidente y los segundos en los que tuvo la certeza de que iba a morir. "Esos segundos los recordaré dentro de 10 años, igual que hoy", afirma.

La experiencia le ha dejado una sensación clara de lo frágiles que somos. "Yo no elegí ir en el coche 3, yo no elegí ese asiento, yo no elegí nada", reflexiona. Podría haber viajado en otro vagón.

Con 61 años, cree que el tiempo irá borrando muchos detalles, aunque permanecerá la huella de lo vivido, como la de la pérdida reciente de un familiar muy joven. De lo ocurrido extrae una reflexión: "Lo que dejes para mañana a lo mejor ya nunca lo vas a hacer".

Aranda considera que esta experiencia le ha dado una prórroga. Y resume lo sucedido con una última frase: "He estado muerto y he resucitado".