07/01/2021 / 08:15
S.Lafuente


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Juan Ortega: "Tengo la satisfacción personal de saber que voy por el camino correcto"

Oriundo de Checa, es el torero revelación de la temporada tras las grandes faenas de Linares y Jaén


La atípica temporada de 2020 ha colocado en el plano de actualidad del mundo taurino a Juan Ortega, un torero sevillano estrechamente vinculado a las tierras del Señorío de Molina. Hace algunos años, concretamente en 2018,  dejó su sello en la plaza de Las Ventas en  pleno verano agosteño y enamoró a la afición madrileña. Sus claves no son otras que la naturalidad, el gusto y el temple de su toreo. Desde entonces se le ha esperado, pero faltaba la rotundidad de un impacto definitivo. A este punto ha llegado, convirtiéndose en el torero revelación de la temporada. Sus  dos grandes actuaciones en las plazas de Linares y Jaén cuentan con la vitola de estar entre las más importantes faenas de 2020. Cuenta con el beneplácito de afición y crítica.


 -¿Cómo se encuentra después de un final de temporada tan rotundo?
Con la satisfacción de saber que voy por el camino correcto. Muchas veces asaltan las dudas de saber si estás haciendo las cosas bien y cuestionas tu concepto o las condiciones que uno cree tener. Tardes como las de Linares o Jaén te despejan la cabeza, después de haber sacrificado tantas cosas por lo que sueño. 
-Hubiera costado imaginar una eclosión similar en una temporada tan extraña.
En ningún momento imaginé algo así, tal como se iban dando las circunstancias y todo se suspendía. De hecho, las tardes que tenía firmadas se fueron al traste. Yo estaba convencido de que no iba a torear, pero mi día a día no cambió nada porque seguía con mi mentalidad, mi toreo de salón, mi estudio... Ahora me siento bien, porque mantuve la misma línea hasta los días antes de la fecha de Linares cuando estuve anunciado. El toreo es mi vida y no entreno por rutina, sino porque es mi forma de expresarme, vivir y ocupar mi tiempo. Me hace feliz. 
-En un escenario tan desolador sin ferias a la vista, ¿cómo encontró la motivación desde el punto de vista del torero?
Por supuesto que la situación me afectó. Al principio de temporada estaba anunciado en Sevilla, dos tardes en Madrid, en Francia, en Azpeitia, ... Cuando llegó aquello, me invadió mucha tristeza, pero me fui reecontrando con el toreo para hacer frente a los momentos más difíciles.  
-Podemos decir que la eclosión de la faena de Linares en el mes de agosto supuso un antes y un después en su carrera. ¿Cómo la recuerda? 
No olvidaré nunca el toro 'Nardito', de Juan Pedro Domecq. Su expresión. Su mirada. Recuerdo aspectos de ese toro que me transmitieron cosas especiales y también esa plaza tan coqueta. El pasodoble ‘Manolete’ sonando de fondo, la noche, la luna...Parecía que lo habíamos hecho queriendo. Cuando se da esa comunión entre toro y torero, eclosiona tu alma con la bravura del toro y sale a relucir el sentimiento del toreo. Son sensaciones muy difíciles de explicar.
 -¿Podemos decir que La embestida tan acompasada de 'Nardito' se adecuaba a la perfección al toreo de Juan Ortega? 
Aquel toro dentro de sus grandes virtudes, tuvo un ritmo especial. Uno puede llevarlo prendido en la panza de la muleta, torear con la cintura y con el pecho... Son cosas que hacen que aquello tenga una grandeza especial.  
-La tarde de Linares giró alrededor del eje de Manolete. La fecha del aniversario de su muerte, su pasodoble..
Efectivamente tuvo una connotación especial. Durante los años que yo viví en Córdoba, la influencia de la figura de Manolete fue tremenda. Córdoba es Manolete y Manolete es Córdoba. En cualquier plaza o taberna está presente y también  en boca de los aficionados. Ha sido un torero que me ha sugestionado e impresionado y en esa tarde de Linares lo tuve muy presente. 
-La faena de Linares se vivió como un gran hito. Después llegaron otras dos grandes tardes. La primera en mano a mano con Morante en Córdoba el Día de la Hispanidad. ¿Qué le supuso? 
Me lo tomé como un regalo y un homenaje a todas esas personas que han estado conmigo desde el principio y han ido a verme al pueblo más perdido. Era algo por lo que yo llevaba peleando desde niño. Que fuera en una plaza de primera y en mano a mano con Morante era mi regalo para poderlo disfrutar. 
-Hubo palabras de agradecimiento en su brindis a Morante. ¿Cuál fue el mensaje?
Son brindis especiales porque el maestro ha sido una figura que también me ha influenciado mucho. En esos días de desánimo en que uno no veía las cosas claras, ha sido un torero referente. Veía un vídeo de Morante y se me quitaban las penas. Eso es lo que vine a decirle al maestro en el brindis.
-¿Hubo palabras de aliento en el patio de cuadrillas? 
No me dijo gran cosa cuando nos encontramos. Según me estrechó la mano, me dijo que me arrimase, porque él así lo iba a hacer. 
-La corrida de Jandilla no terminaría luego de romper en una tarde de tanta expectación... 
Fue una tarde que se puso del revés y, por unas circunstacias u otras, no se terminó de redondear , bien sea por la espada o por el juego de la corrida. No obstante, hubo cosas bellísimas. 
-La espada fue su talón de Aquiles. ¿Cuesta cogerle el sitio? 
Es curioso porque tengo momentos que mato muy bien los toros y otros que me cuesta más trabajo. Diría que para mí es la suerte más complicada y es tan personal que cada torero tiene su forma de entrar a matar. No hay uno que mate igual que otro. Uno va encontrando su propia forma y va desarrollando su confianza. A unos les cuesta más trabajo que a otros. 
-Parece que los grandes especialistas de la suerte suprema responden a otro corte de toreros menos artistas que usted. ¿Está de acuerdo? 
Se pasa muy mal y sufro mucho con la espada. Cuando pegas diez o quince naturales y con la espada no matas, a la obra le falta la firma. Además,  con los toros complicados, si encima te enredas con la espada, todo se complica. 
-Pasando página, viajamos  a Jaén, donde firmó otra faena memorable al toro ‘Basurilla’, de Victoriano del Río. 
Fue distinta  a la de Linares con otro toro completamente distinto. Este fue un toro bravo y codicioso que lo quería todo por abajo. Además, fue un toro muy difícil en el sentido de que fue extraordinario y yo, posiblemente si fuese ganadero, le echaría a las vacas. Desde el principio con el capote enterraba  el hocico.  El gran mérito con este tipo de toros es que, transcurrido el tiempo, se hable de la faena y no solo del toro. Esa es mi gran satisfacción. 
-Esa tarde compartió cartel con Ponce y Curro Díaz. ¿Qué supone verse cara a cara en el ruedo con figuras de primer nivel? 
Es curioso.  En Jaén coincidí con mis dos padrinos: el maestro Ponce, el de alternativa, y Curro Díaz, el de la confirmación. Son toreros que uno lleva viendo torear desde que era niño y ocupan aquello que quieres alcanzar. Esto le da un valor añadido a lo que haces. 
 -Las críticas han cantado, y no han cesado, las virtudes de su toreo durante esta temporada. ¿Cómo lo digiere a estas alturas de su carrera? 
Estoy bastantre más acostumbrado a las críticas cuando las cosas no terminan de salir bien. Algunas veces me ha tocado escuchar: “Es buen torero, pero no dispara”. Yo lo llevo con naturalidad, porque aunque siempre duele, me vuelvo a refugiar en el toro. De hecho, las críticas positivas con los vientos a favor las encajo del mismo modo que en su momento asumía las críticas negativas, aunque, obviamente, la actitud con que las afrontas, no tenga nada que ver.  
 -¿Tenía la certeza de que este momento tan dulce podría llegarle? 
 Hay una frase que recuerdo desde niño y es que la oportunidad te llega, pero tienes que intentar que te coja preparado. Yo siempre he creído en ello y sabía que llegaría este momento. 
-Cabe imaginar que el teléfono no parará de sonar...
Es verdad que suena y cambia la situación, pero insisto con el corazón en la mano que no me condiciona ni cuando no sonaba el teléfono ni ahora. A mi me interesa el toreo como forma de vida. 
-Si hay algo que caracteriza su toreo es la difícil despaciosidad en la ejecución. ¿Cómo se llega a conseguir? 
Siento que esas cosas tienen que fluir al torero, al artista. Hay cosas que no se pueden entrenar y por mucho que las prepares no terminan de salir. Primero hay que sentir y, después, entrenar sobre ese sentimiento para perfeccionarlo y limpiarlo con el objetivo de que resulte más bello y profundo
-Estará de acuerdo en que esa forma tan suya de detener el tiempo con el capote es pura delicia.  
No lo sé. Creo que es más de concepción. A mi desde niño me enseñaron que había que hacer las cosas lo más despacio posible y tratar al animal como a tí te gustaría que te tratasen. 
-¿Cuáles son sus referentes taurinos si escarbamos en la historia? 
Yo me fijo en toreros que han interpretado el toreo en la forma en que acabo de decir y han basado su tauromaquia en la naturalidad y en su pureza. Toreros que han creído en su concepto y en su forma de interpretar el toreo y que prefieren no estar a la altura de una circunstancia a costa de mantenerse fieles a su concepto.
-Si ponemos nombres, ¿de quién hablaríamos? 
De Antonio Ordóñez, Antonio Bienvenida, CurroRomero, Rafael de Paula,...
-Viniendo de una familia ganadera como la suya, no le faltarán oportunidades para poder hacer campo en invierno. 
Si, pero no soy un torero que haga mucho campo, a pesar de que me gusta pasar tiempo en el campo.Creo que cada vez que uno coge el capote y la muleta tiene que ser porque tengas algo que expresar. Hay rachas que estoy más bajo y prefiero no hacer campo y otras, por el contrario, que estoy loco por coger un pitón. Al final, intentas aprovechar lo que hay cuando llaman los ganaderos, pero no es algo que me vuelva loco. 
-En un momento tan dramático para la tauromaquia, ¿cuál es su visión actual? 
Me preocupa mucho el tema ganadero. Un año en blanco se llega a aguantar mejor o peor, pero dos años en blanco sería fatídico para muchas ganaderías. Los toreros no podemos controlar las circunstancias y debemos adaptarnos, aunque sea muy duro. El que se adapta, vive, y el que no se adapta, muere. La clave es encontrar tu motivación y tus ilusiones, aunque parezca difícil, ya que nos las puedes encontrar ahora en una tarde concreta porque entonces te invade un desánimo tremendo. 
-¿Qué futuro augura a las corridas de toros como espectáculo de masas para las próximas temporadas? 
Entiendo que el próximo año no podremos ver las plazas llenas y deberemos adaptarnos a los aforos que podamos para sacar el espectáculo adelante. Todos tendremos que adaptarnos al nuevo escenario con la recaudación de la taquilla y la televisión.
-Sus raíces con Checa le hacen entroncar con la provincia de Guadalajara, a pesar de su sevillanía. Aquí dispone de una legión de devotos admiradores...
Tienen un gran mérito y este año con el tema del Covid lo han tenido más complicado. Es un pueblo que tiene una afición a los toros muy viva y es admirable que no les pesa coger el coche y hacerse un montón de kilómetros para verme torear allí donde me anuncie. 
-Su padre, Jacinto, es el vínculo con esta tierra. ¿Cuánto hay de él en su forma de interpretar el toreo? 
Mucho. Desde niño me llevaba a los toros y me hablaba. Yo veía cómo él sentía las cosas y he intentado mamarlo y mantenerme en esa línea. 
-El pasado año fue reconocido como Popular Nueva Alcarria en la categoría de Toros. ¿Qué le supone este reconocimiento? 
Una gran ilusión por ver materializada mi vinculación con la tierra de Guadalajara, a pesar de la distancia que me separa de Sevilla, que es donde vivo. De alguna manera, me hace sentir reconocido  como uno más de casa.  
 


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