15/06/2019 / 21:01
Luis Monje Ciruelo


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Jubilosa acogida al polígono

Luis Monje Ciruelo inicia la sección 'Crónicas retrospectivas' en las que recupera acontecimientos importantes de la historia de Guadalajara de hace cincuenta o sesenta años. Este artículo se publicó el 30 de octubre de 1959 y lo firmó Monje en Nueva Alcarria. 


La gran manifestación celebrada el pasado domingo ha sido la primera desde la Guerra de Liberación que ha recorrido las calles de la ciudad para expresar el contento de sus habitantes. Lo dijo el alcalde, don Pedro Sanz Vázquez, a la multitud desde el balcón del Ayuntamiento  y en el ánimo  de todos estaba la verdad de esa afirmación. En la historia contemporánea de Guadalajara, el 23 de octubre de 1959, fecha del Decreto de creación de un polígono para la descongestión de Madrid en nuestra ciudad, destacará siempre con perfiles propios. Administrati-vamente ha terminado ese día una etapa de la que tendríamos que avergonzarnos los alcarreños si tanta mediocridad y tanta ruina como nos rodean pudieran ser atribuídas a nosotros. Porque sabida es la serie de concausas que se han concitado contra Guadalajara en las últimas décadas y que nos han privado de nuestras principales fuentes de riqueza.

Hasta ahora Guadalajara ha sido una víctima permanente y propiciatoria de su proximidad a Madrid. La capital de España ha sido para nosotros un terrible Maelström cuya vorágine nos arrancaba lo mejor de que disponíamos. Unas veces se quedaba con ello y otras lo lanzaba lejos de sí para entregarlo a otras pro-vincias españolas, pero siempre Guadalajara se quedaba sin todo lo que le era necesario y entrañablemente querido. De ahora en adelante, en lógica justicia conmutativa, cambiarán los términos y será Madrid quien nos compense de tantas pérdidas acumuladas.

 

La triste etapa concluída el día 23 había dejado en el espíritu alcarreño un poso de tristeza y pesimismo que se manifestaba en todas nuestras actuaciones colectivas. Nuestro gobernador, don Juan Manuel Pardo Gayoso, nos lo ha repetido muchas veces, la última el domingo pasado al gentío que concluyó ante el Gobierno Civil la multitudinaria manifestación. En esta ocasión la capital pareció desprenderse de esa pesada capa que le abrumaba el espíritu. Y se mostró joven y optimista, como le corresponde a una ciudad que, a pesar de sus muchos siglos, va ahora a comenzar a crecer y desarrollarse. El alcarreño, por castellano, es poco dado a expresiones de júbilo colectivo, aunque la alegría nos ronde por dentro. Lo decía así el lunes en la crónica que publiqué en ABC. Y añadía que la noticia celebrada -la mejor, sin duda, recibida por Guadalajara en los últimos cien años- merecía que, por primera vez desde la Guerra de Liberación, la población entera se echase a la calle espontáneamente para manifestar su alegría y su agradecimiento al Caudillo y a nuestras autoridades. Y lo hicieron los manifestantes con todo el regocijo del mundo, precedidos por una ruidosa caravana motorista con pancartas de gratitud, por delante de la banda de música provincial. Detrás, iban el alcalde y toda la Corporación repartiendo sonrisas y a continuación muchos miles de alcarreños, quizá unos diez mil, lo que suponía casi la mitad de la población.

En esta hora de satisfacción y alegría para todos no hemos de olvidar el sacrificio de sus tierras -en algún caso sus posesiones más queridas- de los 51 propietarios que las han entregado voluntariamente, sin necesidad de expropiación. Podrá alguno haber hecho un buen negocio con la venta de sus fincas al Ministerio de la Vivienda, pero de más de uno sabemos que no se hubiera desprendido nunca de ellas, a ningún precio, si no fuera en beneficio de su Patria chica. En cambio es bueno que se sepa, para que quien quiera averigüe sus nombres, que sólo hubo tres propietarios que se negaron rotundamente a sacrificarse por su ciudad.

Por lo demás, ésta es la hora de proclamar cada uno su satisfacción por el deber cumplido. Por lo que a este periodista respecta, permítaseme la vanidad de de creer que algo han contribuído mis granitos de arena a esta hora feliz de Guadalajara. Fui el primer periodista español que se apresuró a defender la candida-tura de su tierra a finales de 1958, inmediatamente de publicado el decreto de creación de la Comisión Interministerial para la descongestión de Madrid. Luego, treinta crónicas publicadas en los principales diarios españoles durante 1959, todas ellas en defensa de la designación de nuestra capital como ciudad satélite de Madrid, me dan derecho a pensar que algo he hecho por la provincia como periodista. (30-X-1959)


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