24/10/2020 / 13:49
Óscar Izquierdo Barbas


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KazemiMask®: nace en Guadalajara una posible solución para confinar al coronavirus

Se trata de una mascarilla creada y patentada por el Dr. Alireza Kazemi, después de analizar e investigar el virus, sus componentes y cómo neutralizarlo. Es un dispositivo antiviral con pantalla de protección ocular para el que su inventor busca ahora una empresa capaz de sacarlo al mercado.


En el insomnio de un hombre que se desvive por la salud de los demás puede que esté el origen de un invento que revolucione la lucha contra el Covid-19. Él es Alireza Kazemi, iraní de nacimiento y español de adopción, un profesional de la salud desde hace más de 30 años y con un currículo impresionante que respalda su nueva creación: una mascarilla antiviral integral para acabar con el Covid-19 y sus posibles mutaciones.

Doctor en Actividad Física y Salud y en Ciencias de la Salud, grado en Fisioterapia, especialista universitario en Psicología de la Actividad Física y el Deporte, experto en Fisiología del ejercicio y magister experto en Prevención de Riesgos Laborales son algunas de sus referencias académicas. ‘Alí’ fue también fisioterapeuta de la selección española de balonmano durante años y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares. Actualmente, concentra su actividad en dirigir el Instituto de Fisioterapia y Deporte en Guadalajara, desde donde no ceja en ayudar a prevenir, tratar y curar las dolencias de sus pacientes.

Precisamente desde Guadalajara parte la idea de la KazemiMask®: el nuevo invento que ha surgido de una mente preclara y de una persona volcada en su profesión y siempre en la búsqueda de soluciones para sanar a los demás. Y no es su primera creación, porque ‘Alí’ ya es inventor de un dispositivo para el tratamiento y cuidado de la columna vertebral.

Al igual que esta máquina, Alireza ya ha patentado su mascarilla y se podría denominar como un novedoso y eficiente equipo de protección personal, un dispositivo inteligente preventivo y activo a la vez, capaz de neutralizar al coronavirus. De aspecto similar al de algunos cascos protectores para practicar el paintball, la KazemiMask® presenta dos partes principales: una estructura de silicona hipoalergénica (que se adapta perfectamente a la cara del usuario, gracias también a unos anclajes de neopreno que reparten la presión) y una pantalla protectora para los ojos. Su peso rondaría los 100 gramos y su coste en el mercado (si se llegara a una producción masiva) se estima que estaría entre 30 y 50 euros.

¿Y cómo podría neutralizar el virus este invento “made in Guadalajara”? Pues anulando la capacidad operativa del agresor (virus) antes de que contacte con el tejido celular a partir del conocimiento del propio virus y su composición, así como de los medios para desactivarlo y neutralizarlo.

Como señala Alireza Kazemi, “mientras se descubre la vacuna e incluso cuando ya exista una, hay que buscar soluciones activas y no como hasta ahora. Existe una necesidad urgente de encontrar una respuesta rápida y eficaz. Se podría decir que el Covid-19 ha tomado como rehén al ser humano y el objetivo de la KazemiMask® es que sea el ser humano el que confine al coronavirus. Nosotros ofrecemos una alternativa coherente al confinamiento”.

Prevención activa

La patente de este ilusionante invento lleva aparejado un completo informe de documentación e investigación que aborda todo lo relacionado con el coronavirus, tanto desde la vertiente de microbiología y su composición estructural como desde la epidemiológica y farmacológica.

Pero Alireza Kazemi llega a la conclusión de que todo esto no es suficiente. “A pesar de que la vía de la vacuna avanza, no va tan rápido como la situación lo requiere. Y la de encontrar un fármaco curativo también continúa, pero con gran dificultad: el virus, a pesar de haber sido descifrado, sigue teniendo secretos para la comunidad científica”.

Por eso, el proyecto de la KazemiMask® busca trabajar en la prevención activa, mediante la fabricación de un dispositivo activo de máxima eficacia para combatir y neutralizar el virus, mediante la aportación de las características, instrucciones y dibujos del mismo y con capacidad de limitar, inactivar y neutralizarar el virus. “Así podríamos invertir los papeles y confinar nosotros al coronavirus”, afirma con rotundidad el doctor Kazemi. “Una mascarilla dotada de elementos inocuos para el ser humano y mortal para el virus nos permitirá hacer una lucha activa en lugar de confinarnos, de cubrirnos con medios pasivos y de confiar en la aparición de fármacos y de la  vacuna”.

Cámara trampa y sistema LED

En cuanto a la estructura de la KazemiMask®, se compondría de varias capas o cámaras que irían frenando, atrapando y neutralizando el virus, gracias a su capacidad fumigadora, a una “cámara trampa” con filtro y desinfectante y a un sistema LED de emisión de rayos UVA, aprovechando la capacidad de generar O3 (ozono). Asimismo, incluiría unos sensores capaces de medir y evaluar la calidad del aire dentro de la propia máscara, un extractor del aliento, un humidificador y un pequeño depósito nebulizador de desinfectante para impregnar los filtros, que también podría contener fármacos para su inhalación, por ejemplo, por personas asmáticas. Y con la posibilidad de que todos estos dispositivos se pudieran controlar a través del teléfono móvil.

“Un instrumento así nos ofrecería la posibilidad de no ser sujetos tan vulnerables ya que, además de proteger, intenta neutralizar el virus. Sólo este hecho permitiría a millones de seres vivos abandonar el confinamiento para convertirnos con nuestros dispositivos en agentes activos en contra del virus”, insiste Alireza. “Por ello, con nuestra propuesta de fabricar mascarillas activas ofrecería una alternativa coherente al confinamiento a partir de un dispositivo preventivo activo y a la espera de que se obtenga una alternativa más eficiente o terapéutica”.

El dispositivo KazemiMask® contaría así con varias partes: una mecánica (estructura y complementos); otra con una serie de sustancias químicas tales como determinados desinfectantes o tal vez antiparasitarios no nocivos para el ser humano o productos antivirales; otra con un sistema de impregnación química del filtro y otra con unos componentes de emisión de rayos UVA. Todo ello, a falta de la aceptación y validación desde el mundo científico.

Porque el inventor de este dispositivo indica que son los científicos sanitarios quienes deben aprobar qué sustancias químicas son efectivas y no nocivas para la salud de los usuarios, por lo que la propuesta está ahí pero necesita y debe ser testada y aprobada por los estamentos correspondientes.

Gráficamente, de fuera hacia dentro, esta mascarilla dispone de una doble carcasa exterior frontal e interior en contacto con el usuario (generando en medio una cámara en la cual se integra un filtro impregnado de un producto químico desinfectante con propósito de combatir de forma activa al virus), un mecanismo de fumigación para intentar neutralizar el virus (gracias a la fuerza de exhalación o impulso de una bomba o batería o microplaca solar anexa) y unas microplacas LED de emisión de rayos UVA en el interior de la cámara, además de la pantalla para la protección de los ojos. Y todo ello ensamblado mediante imanes y con la capacidad de reciclar el aire acumulado en su interior mediante una válvula con una única dirección de salida.

Como resume Alireza Kazemi, “el objetivo, en definitiva, es dar vida a una mascarilla activa como equipo de protección personal que tenga capacidad de proteger las vías de entrada respiratorias y digestivas y también la ocular y que disponga de una cámara con un filtro impregnado de elementos químicos, donde el virus tenga dificultad de supervivencia a su paso por la cámara, tanto para entrar como para salir de ella”.

Asimismo, hay que destacar que la KazemiMask® (la única mascarilla activa e inteligente del mundo en el momento de su registro) puede resultar una opción a tener en cuenta puesto que es un sistema autodesmontable (con gran facilidad para la limpieza y desinfección), ligero, hermético, práctico (sus componentes son abatibles para ambientes de seguridad sin necesidad de tener que quitar la mascarilla) y sostenible (los elementos físicos empleados en su fabricación son reemplazables y no son dañinos para el usuario ni para los viandantes). Igualmente, puede servir para otros usos profesionales y especiales que no sean los de protección ante el Covid-19, para luchar contra cualquier otro agente agresor biológico o contaminante y con capacidad de mejorar a medida que avanza la ciencia.

En definitiva, una alternativa a tener en cuenta tan necesitados como estamos de posibles soluciones en la lucha contra el coronavirus y que ahora busca una empresa interesada y con capacidad para llevar este ingenioso dispositivo a buen puerto.


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