28/05/2022 / 15:26
Javier Urra/doctor en Ciencias de la Salud y Psicología


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La espiritualidad, esencial en el ser humano

Interpretemos al ser humano como una realidad bio-psico-socio-cultural-espiritual. Este mundo anda carente de una proteína esencial: La espiritualidad.


Espiritualidad que conforma un soporte esencial de la identidad, al integrar ideas, sentimientos, actitudes, hacia uno mismo, los demás, el planeta, el universo. Interpretemos al ser humano como una realidad bio-psico-socio-cultural-espiritual. Este mundo anda carente de una proteína esencial: la honda, la verdadera espiritualidad.

En el mundo natural no hay valores, en el ámbito psicosocial, sí. En la naturaleza hay causas, en las acciones humanas razones. En la naturaleza se da el azar y en las conductas humanas un importante grado de libertad.

Allport señala que la psicoterapia ha tomado muchos elementos, de la dirección espiritual, tales son, la escucha, el alentamiento, el vínculo, el consejo, la transferencia.

El bienestar nace del equilibrio, la serenidad, la paz interior, la calma anímica. Sin olvidar el orden, y la esencial autorregulación.

La paz interior se refiere a estar mental y espiritualmente en serenidad, una tranquilidad, con suficiente conocimiento y comprensión para mantenerse fuerte frente a la ansiedad o el desequilibrio emocional. 

Tenemos mucho que demostrarnos desde el silencio, acallar el ego, dejar en silencio recuerdos y proyectos. Silencio como forma regenerativa, con valor espiritual, que permite una reflexión de lo sagrado, el silencio de los espacios infinitos para meditar y orar profundamente, para aproximarnos a la verdad sin palabras, a la conciencia sin ego, al bienestar sin narcisismo.

Pertenecemos a la tierra, aunque somos peregrinos de las estrellas, pudiera ser que terminemos derrotados, pero es la grandeza moral, la que puede justificar la existencia. 

Quizás el fenómeno más misterioso ¿del universo?, sea nuestra conciencia, extraordinaria capacidad para interpretar el mundo y darle respuesta.

La existencia se abisma en lo inteligible, lo absurdo, la nada, no hemos de quedar en manos del racionalismo inicialmente filosófico, y ahora tecnocientífico, seamos conscientes de que si se atrofia la inteligencia espiritual, la banalidad, el dogmatismo, el sectarismo, se adueñan. 

Somos conocimiento y enigma, nuestra espiritualidad valora lo intangible, pero que se experimenta. Ser humano que trasciende su naturaleza, al hacer conciencia del mundo, de sí mismo.

En nosotros está el alzar la lealtad y el coraje, la belleza, la verdad, la entrega hacia el otro, muchas veces dependiente. 

Tengámoslo claro, no al listado de valores, sí a la escala de valores, que guíen nuestras conductas. Y desde luego, no nos recreemos en nuestras virtudes, pues las convertimos en defectos. 

Incidamos en que el amor es fuente inagotable para dar sentido a la vida. Interioricemos que soy un ser en el mundo, con los demás y para los demás.

Bueno será interpretar lo espiritual como componente de un orden jerárquico superior que nos brinda la naturaleza, y relacionarlo con el universo, con la mística religiosa. Hay que erradicar el credo posmoderno radical que se ufana en: Ninguna interioridad, ninguna profundidad.

Esta sociedad en que vivimos no pone como objetivo aspectos fundamentales y elevados, tampoco se implica profundamente en aspectos compasivos, adolece ya de ideologías políticas y no elabora un verdadero proyecto histórico. Es una sociedad, que cultiva la amnesia, el olvido colectivo y excluye la imaginación utópica. Todo ello conduce a padecimientos y pérdidas de control.

El mundo va mal encaminado, pues las desigualdades entre ricos y poderosos por un lado, y pobres y excluidos por otro lado, van a más. El progreso ha de ser social, ético, político, debe rechazar el relativismo del todo vale y el absolutismo de la verdad única.

El futuro es colectivo, pero se lo está apropiando una pequeña élite, en una sociedad que tiene mucha ciencia, y poca conciencia. 

Somos solos. El último día, sobrecogidos por el inabarcable silencio quizás escuchemos a Dios. En el mientras tanto escuchemos la voz de la conciencia, exploremos el sentido de la vida, pues como dice Julián Marías, la vida nos es dada, pero no hecha, nos es dada como una tarea o quehacer.

Algunos partimos, de que somos, por decisión de un creador, la consecuente pregunta es: ¿Qué razón o interés tenía para crearnos? ¿Nuestro creador, es tan bueno como puede ser? ¿nos creó a los seres humanos a su imagen y semejanza, o fue al revés?

Preguntémonos: cuál es la razón de que las cosmovisiones científicas prescindan de toda pregunta por lo absoluto.


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