La fuerza del asociacionismo vecinal

01/05/2026 - 11:39 Redacción

Contemplamos con satisfacción como una asociación vecinal intenta ampliar su presencia en el centro de la ciudad para convertirse en interlocutora con las administraciones, para que los vecinos- hasta once mil tienen derecho- puedan compartir sus experiencias y propuestas.

Hubo una época en la capital, años noventa principalmente, en la que no faltaron influyentes  asociaciones de vecinos en cada barrio de la ciudad que organizaban fiestas  hasta con reina y damas, verbenas y actividades con identidad propia,  siendo portavoces y haciéndose oír en los medios de comunicación de las inquietudes y deficiencias de su zona, visitada por los concejales que conocían a través de estos representantes vecinales los problemas, peticiones, necesidades o anhelos. La asociación no es la voz de un ciudadano sino una suma de voluntades en la que prima el interés del colectivo, de la zona afectada, siendo participes con mayor o menor grado de influencia de la política municipal a través de su reivindicación, como hoy se consigue de manera más limitada con los presupuestos participativos, una buena herramienta. Aquel movimiento decayó al menos de una forma mediática, aunque sigan existiendo integradas en los consejos de barrios, seguramente por la falta de relevo generacional de los impulsores de cada colectivo, por ese menor compromiso con el trabajo altruista por lo que es de todos de los llamados a la sucesión, por la ausencia de liderazgos. Afortunadamente no cabe generalizar y ahora contemplamos con satisfacción como una asociación vecinal intenta ampliar su presencia en el centro de la ciudad para convertirse en interlocutora con las administraciones, para que los vecinos- hasta once mil tienen derecho- puedan compartir sus experiencias y propuestas, para que residentes y negocios puedan reaccionar ante decisiones políticas que les afecten en su vida cotidiana, siendo una masa social crítica, constructiva, presente en los consejos de barrios y con un espacio propio donde reunirse, impulsar actividades culturales y sociales, y sobre todo mejorar, en este caso, lo que es el  pulmón de la capital, necesitado de revitalización, de actuaciones que lo dinamicen, de recuperación de su comercio, de pujanza, de convertirse como en el resto de las ciudades en el punto de atracción para los visitantes. Es mucho lo que está por hacer, planes del casco que no se aplican, ideas en el aire, solares sin edificar, inmuebles vacíos, proyectos estancados... y sería positivo que esas más de diez mil personas sumen su fuerza para mejorar  la situación actual y construir un futuro mejor. Poco cuesta, al menos, formar parte de esta masa social, lo cual se puede hacer a través de la página web y los perfiles en redes sociales de Avecaguada, su nombre. Sumemos esfuerzos, ilusiones y trabajo por una Guadalajara mejor.