La Odisea: Vuelve el Nolanazo del verano

24/07/2026 - 19:47 J. Pastrana

La Odisea de Nolan es, para quien esto escribe, una auténtica barbaridad, de buena. El director vuelve a erigirse en defensor de las películas para sala, yendo incluso más allá a la hora de haber rodado una historia, en 70 milímetros e IMAX, que pocos podrán ver (en España es que directamente no hay cine alguno en el que se pueda proyectar en ese formato). Pero eso solo lo hace aún más grande, porque define perfectamente lo que es Nolan, un intenso, un flipado, un tipo que se cree muchísimo sus películas y que también se ha creído con la misma intensidad el dramatismo, transfondo, épica y la fantasía del poema de Homero. Y además lo hace con reparto de ensueño.

La historia ya se la saben. Ulises idea aquello del caballo de Troya para tomarle el pelo a los griegos y de paso destruir su ciudad. ¿Final feliz? En su casa desde luego no, porque unos... 8 años después de la guerra,  que ya duró otros 10 de por sí, en su casa no saben nada de él. Y eso es un problema para gobernar la isla de la que era rey y para su mujer y su hijo casi mayor de edad, a los que muchos ‘compatriotas’ miran con ojo de lobo asesino.  

Al saber que Nolan iba a adaptar la historia de Ulises debo reconocer que me quedé contrariado. ¿El tipo que hizo el Batman más realista del mundo, quería hacer una historia que es pura fantasía y mito? ¿Cómo iba a salir eso? ¿Cómo iba a hacerlo? Pues la respuesta es fácil, siendo fiel así mismo. 

La Odisea tiene todas las maneras propias del director. Su intensidad, su poesía visual y trascendencia, están ahí desde el minuto uno, pero también su respeto por todos y cada unos de los elementos fantásticos que, eso sí, intenta abordar desde un punto de vista muy terrenal, sin abusar del CGI, haciendo cada uno de los elementos sobrenaturales lo más reales posibles... y por lo tanto terroríficos, porque ¿cómo si no hablar de Circe o del gigante Polifemo? Es en esos momentos, en el propio viaje, cuando más brilla la historia, con visita al Hades incluida. Un segundo acto larguísimo  que juguetea con el cine de terror y que es gloria pura. 

El primer acto y el tercero son buenos, quizás con pegas puntuales que se le puedan poner a la realización de las batallas, ya sea por el juego de formatos o porque el director nunca ha sido el mejor a la hora de rodar acción, pero aún así una gozada. Nolan da a toda su historia un tono de épica oral, de cuento superpuesto, al que incluso se permite añadir un contexto que conecta con los tiempos modernos. Una absoluta gozada.