03/04/2021 / 11:17
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

La rutina

La rutina, que también puede llamase costumbre, lo cierto es que suaviza el esfuerzo y termina siendo, incluso, ley.


Levantarse y volverse a agachar es la letra del coro de ‘Las Espigadoras’ zarzuela con música del maestro Guerrero. Levantarme y asearme cada mañana, por las buenas o a las malas, aunque sea con la ayuda de mi estupendo cuidador, es un pequeño tormento que tengo que soportar seguramente con más valentía que las víctimas del inquisidor Torquemada. Solo así consigo centrarme y ponerme a escribir con normalidad según lo pensado o deseado, pero las cosas luego salen muy distintas. 

La rutina, que también puede llamase costumbre, lo cierto es que suaviza el esfuerzo y termina siendo, incluso, ley. Así lo dice al menos, el Derecho Civil. Como recoge cuando para un derecho debe acudirse a costumbre del lugar. La costumbre es como una segunda naturaleza dijo Cicerón, además que como dijo el clásico, cuando tengas dos trabajos para elegir quédate con el más duro que será el mas importante, porque la costumbre suavizara el trabajo.Por eso nos afecta mucho más lo que va contra nuestra rutina que lo que va contra la naturaleza, afirmó Plinio. Y Pio Baroja añadió que “las ideas no son importantes; lo son únicamente el uniforme vistoso que se pone a los sentimientos y a los instintos”. 

Una costumbre es más indicativa sobre el carácter de un pueblo que una idea. Honorato de Balzac afirma que “nadie se atreve a decir adiós a un hábito” como se comprueba con el aforismo de que muchos suicidas se han detenido en el umbral de la muerte recordando el café, que todos las tardes van a tomar con los amigos para jugar una partida de dominó. Séneca que en su epistolario a su Lucinio afirma rotundamente que lo que antes eran vicios ahora son costumbres, aconseja: “dentro, haz lo que quieras, fuera, hazlo según las costumbres”, lo que cierta manera puede ser calificado de hipocresía, digan lo que digan los sabios clásicos. 

La rutina, en suma, fortalece el ánimo, adormece el alma y suaviza muchas preocupaciones, especialmente las de nuestro incierto futuro, y nos hace sentir como si el despertar de cada día y estas mañanas que saludamos cada día, no fuesen a faltarnos nunca y pudiésemos seguir disfrutando, mal que bien, de la eternidad de la vida.


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