Los encierros taurinos en el día de la procesión del Corpus
Durante varios siglos la celebración de la festividad y procesión del Corpus Christi fue la más importante de la ciudad arriacense.
Durante varios siglos la celebración de la festividad y procesión del Corpus Christi fue la más importante de la ciudad arriacense. Como se refleja en el libro editado en el año 2000 por el historiador local, Pedro José Pradillo y Esteban, durante el Siglo XVII en la ciudad de Guadalajara se celebraban numerosos actos festivos alrededor de la festividad del Corpus Christi.
La solemne procesión representaba el orden de la sociedad, mientras el resto de celebraciones de alegría, regocijo y disfrute colectivo era considerado como el desorden. Entre las celebraciones festivas destacaban las meriendas con sus refrescos, las corridas de toros y los encierros matinales previos al festejo taurino vespertino.
La responsabilidad de elegir el ganado para los festejos taurinos correspondía a una comisión de festejos, la cual se trasladaba a las ganaderías para elegir a los astados y ajustar el precio de los mismos. Las ganaderías elegidas eran cercanas a la ciudad de Guadalajara, ya que los toros elegidos tenían que ser trasladados desde las dehesas hasta la ciudad de Guadalajara, acompañados de cabestros y vaqueros montados a caballo. En el archivo municipal de Guadalajara figuran documentaciones de pago a los ganaderos Antonio Valenzuela de Buitrago de Lozoya, Pedro del Orozco de Talamanca del Jarama y al propietario de la ganadería del Soto en Alcalá de Henares
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El escenario elegido para la celebración de las corridas de toros era la Plaza Mayor, en donde se instalaban tablados, andamios e igualmente se adornaban con flores los balcones de las viviendas. Los corrales se preparaban en la cuesta de la calle Carbonerías, hoy denominada como del doctor Mayoral. Para la celebración del encierro matutino, los corrales se instalaban en la Plaza del Mercado, en la actualidad denominada como de Santo Domingo. Los trabajos del montaje de los toriles y las talanqueras del recorrido eran encargados al profesional de la carpintería de Guadalajara, Juan de la Peña. A primera hora de la mañana se abrían las puertas de los corrales y bajaban a lo largo de la calle Mayor. En aquella época, la calle Mayor estaba formada por tramos denominados como mantequillerías, Platerías y de las Tiendas.
Eran muchos los mozos que corrían delante de la manada. Al ser cuesta abajo algunos astados se quedaban rezagados, creando el pánico entre los participantes. Cuando toros y cabestros llegaban al interior de la plaza de toros en la plaza Mayor eran los vaqueros de las ganaderías los que se encargaban de llevar a la manada al interior de los toriles. Era una misión difícil y peligrosa, incluso a veces tenían que hacer uso de maromas para encerrar a los toros. Una vez encerrada la totalidad de la manada en los corrales, los toros quedaban bajo la custodia de un torilero para que nadie molestara a los morlacos que serían utilizados por la tarde en la corrida de toros.
Fue a partir del año 1691 cuando el Concejo Municipal decidió la supresión de los festejos taurinos, no volviéndose a celebrar encierros en Guadalajara hasta el año 1979. La prohibición de festejos taurinos se levantó a partir de 1699 para que se celebrasen únicamente corridas de toros.

