15/10/2020 / 22:50
A. Sanz / J. Pastrana


Imagenes

Nación Cautiva: Ciencia Ficción, espias... y John Goodman

El Ruper Wyatt más cercano a Paul Greengrass narra con la eficacia de un cronista la historia del atentado llamado a iniciar la revolución contra unos invasores alienígenas. 


Paul Greengrass se ha ganado el derecho a ser considerado uno de los mejores cronistas cinematográficos. Relatos como el de United 93 o Bloody Sunday sirvieron para forjar el pulso del director capaz de contar una historia de violencia con la perspectiva y lejanía de un narrador de noticias. ¿Y a santo de qué viene esto si Nación Cautiva no es una obra de Paul Greengrass? Pues a que casi podría serlo.

Ruper Wyatt cuenta en Nación Cautiva la historia de una invasión alienígena y de los terroristas que pretenden iniciar la revolución contra los conquistadores. La chispa que encienda el polvorín será un atentado cuidadosamente planificado. Durante apenas dos o tres días seguiremos tanto a los insurgentes como al policía que pretende detenerles. Y lo haremos desde la distancia, sin necesidad de grandes momentos de intimidad o largas conversaciones para empatizar con unos personajes que Wyatt define mejor con miradas, gestos y acciones. De hecho, los pocos momentos en los que chirría la narración de Nación Cautiva  son aquellos en los que el director intenta centrarse precisamente en sus protagonistas.

El ritmo que el director imprime a la película hace de ella un entretenimiento de lo más disfrutable. Sin embargo, termina quedándose a medio camino de lo que podría haber sido. Tendríamos que preguntar al director por qué adelanta de forma tan evidente su ´sorpresa´ final, convirtiendo lo que podría haber sido un desenlace épico y trágico a la vez en un paso más, quizás el más aburrido por lo previsible, de toda la trama. Puede que simplemente lo hiciera por dar más minutos en pantalla a John Goodman y Vera Farmiga. Y si efectivamente fue por esa debilidad, habrá que indultarle. Los dos actores son los pilares fundamentales de la narración en lo que a interpretación se refiere, sobre todo Goodman, que encarna a la perfección la economía de emociones que el director busca para la película. Poco esfuerzo tiene que hacer para imponerse al ascendente Jonathan Majors y al más descolocado Ashton Sanders.

Nación Cautiva es lo que pretende, una película que mezcla ciencia ficción e historia de espías desde una perspectiva adulta, la crónica perfecta del atentado con el que se pretende iniciar una revolución. Y como en todas las historias de invasiones alienígenas, incluso permite lecturas pegadas al mundo real, críticas a un mundo en el que los dirigentes parecen cada vez más alejados de aquellos a quienes gobiernan. Pero aunque le copie el estilo, le falta, sin embargo, la coherencia interna que Greengrass supo dar a sus mejores obras y apostar de forma decidida por lo que el film estaba destinado a ser, aunque eso hubiera significado perdernos un poquito de Goodman y Farmiga.


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