Nuestra Señora del Prado, reina en Valderrebollo

23/09/2026 - 17:44 Ricardo Villar

El tercer domingo de septiembre, el paisanaje de la localidad alcarreña tiene una cita con la patrona de la villa. Y es que el lugar sigue venerando, con gran devoción, a la santa.

FOTOS: ANA RODRIGUEZ

Buena prueba de ello es que el pasado día veinte volvió a renovar sus votos.

Un fin de semana en el que el Ayuntamiento aunó esfuerzos con la Asociación de Mujeres, la Comisión de Fiestas y, como no podía ser de otra manera, con la Hermandad de la Virgen del Prado, para desarrollar una sencilla programación. Que, sin embargo, es de obligado cumplimiento para las gentes del sitio.

La víspera, concurso de bolos. Llegado el día grande, cita mariana. Una matinal que arranca con los sones de los Dulzaineros de la Pinocha. Melodías que recorren las calles para guiar a los vecinos hasta la ermita patronal. Espacio que dista a poco más de un kilómetro de la rectangular plaza mayor, la cual destaca por la señorial picota y por la portada románica de la parroquia.

Bajo animosos pasacalles, los dulzaineros cruzan el tranquilo Tajuña para llegar al portalillo del santo espacio. Los acompaña el grupo de danzas tradicionales Los Rodetes, el cual ofrece una breve muestra de sus bailes antes del comienzo de la liturgia. El oficio cuenta con la presencia de la corporación y el mayordomo de la hermandad. El santuario presenta una gran entrada y destacan las variadas ofrendas que se presentan durante el ofertorio.

Finalizada la eucaristía, se sucede la procesión. Los fieles arropan a la milagrosa Virgen del Prado durante la vuelta de rigor a la ermita. Antes de su entrada al templo se suceden distintos bailes en homenaje. Y se cierra esta presentación a la Señora y Madre de Valderrebollo con la popular jota, que se animan a bailar una docena de vecinas.

Ya de vuelta al casco, los dulzaineros ponen la banda sonora al vermú. Mientras el vecindario prepara sus mesas y sillas para disfrutar de una paella en comunidad. Un bingo, en la sobremesa, cierra los actos dominicales.

De esta guisa se culminan los gozos por la venerable. La población de la ribera del Tajuña vuelve a la quietud tras las diferentes ofertas estivales, que tienen a esta cita septembrina como epílogo del verano.