Nuevas elecciones
En política todo vale para mal y para bien y cualquier cosa, esa es su grandeza como en el fútbol, puede suceder.
Desde que comenzase la legislatura fue constante la especulación sobre un posible adelanto electoral. Los difíciles equilibrios parlamentarios hicieron imposible aprobar siquiera unos presupuestos generales del Estado, algo que por si solo habría sido motivo más que justificado para disolver las cortes generales hace años en cualquier país europeo. Pese a ello Sánchez, rey de los decretos ley, se ha mostrado como un maestro del malabarismo, sorteando dificultades, añadiendo capítulos cada día a su manual de resistencia, indolente- pese a que su aspecto físico denota que algo deben afectarle los reveses-, desafiante frente a la adversidad, incluida la entrada en prisión de sus exsecretarios de organización y la sospecha de corrupción en su ámbito familiar. Pero todo tiene su final o punto y aparte. La evidencia de su imposibilidad de legislar en el parlamento tras ser tumbadas sus ideas sobre el mercado del alquiler de vivienda- coladas por la puerta de atrás-, aunque en realidad lo sea la apertura de un inesperado escenario que le permite volver a enfrentar a sus conciudadanos, nos conducen a una nueva convocatoria de generales en la que quienes crean que la suerte está echada pueden llevarse un gran chasco.
Un adelanto electoral, como sucedió en 2011 con Zapatero, es señal de un fracaso que en lógica debería llevar a un cambio de Gobierno. Las últimas elecciones autonómicas en hasta tres regiones parecen guiar también hacia ese mismo destino, pero recordemos la muerte y resurrección del que fuese ‘eliminado’ de la secretaria general y recorriese con el Peugeot media España para finalmente reconquistarla y que en política cambia la película de un día a otro por distintos matices. Ahora tenemos a miles de indignados, acampados o no, y hasta viviremos una huelga general antes de ir a votar, a lo que se añaden inesperados resbalones en las estrategias, hábiles maniobras o sorpresas.
En política todo vale para mal y para bien y cualquier cosa, esa es su grandeza como en el fútbol, puede suceder. No demos nada por hecho en estos cincuenta apasionantes días de confrontación que nos aguardan hasta la cita con las urnas. La pelota está en juego y hay partido. Ganará el más listo, que no tiene porque ser el mejor, si es que lo hay.