Primeras heladas en el altiplano y un líquido que casi nadie revisa
El líquido refrigerante es uno de los elementos que menos atención reciben durante el mantenimiento del vehículo, a pesar de que cumple varias funciones esenciales. Mantiene el motor dentro de su temperatura de trabajo, impide que el circuito se congele, protege los metales frente a la corrosión y lubrica el retén de la bomba de agua. Con la llegada de las primeras heladas al Señorío de Molina y a la Sierra Norte, mediados de octubre es un momento adecuado para revisarlo. Si es necesario rellenar o sustituir el líquido, conviene tener en cuenta que el color no es un criterio fiable para elegirlo.
Lo que esconde el tono rosa, verde o azul
El colorante se añade para facilitar la detección de fugas y no identifica la composición química del producto. Un mismo color puede corresponder a fórmulas diferentes, por lo que elegir el líquido por su tonalidad supone un riesgo innecesario.
El dato determinante es la homologación del fabricante del vehículo, un código concreto que define el tipo de refrigerante admitido. En un Volkswagen, por ejemplo, puede tratarse de G12+, que corresponde a la norma TL 774-F. La elección de la marca debe hacerse una vez conocido este dato.
Además del manual del propietario, la etiqueta del vaso de expansión suele indicar la norma (G12, G13, etc.) o la homologación del fabricante. Con ese código es posible determinar qué anticongelante necesita cada motor sin recurrir al color.
IAT, OAT y HOAT, tres químicas para épocas distintas
La mayoría de los refrigerantes se componen de glicol y agua. Lo que los diferencia es el conjunto de aditivos anticorrosión.
El IAT, basado en aditivos inorgánicos, corresponde a la química tradicional y se utiliza en vehículos antiguos. Sus aditivos se agotan con rapidez, por lo que suele sustituirse cada dos años. El OAT, formulado con ácidos orgánicos, actúa únicamente en los puntos donde se inicia la corrosión y es habitual en motores modernos. Su vida útil es considerablemente mayor y puede alcanzar los cinco años. El HOAT y otras variantes híbridas combinan ambos tipos de protección.
Esta distinción responde a los materiales empleados. Los motores actuales incorporan una gran cantidad de aluminio en el bloque, la culata y el radiador, y este metal requiere una protección diferente a la del hierro y el cobre de los motores más antiguos. Por este motivo, no se recomienda sustituir el refrigerante indicado por otro tipo. El intervalo de cambio debe ser el que establece el plan de mantenimiento del vehículo.
Pequeños descuidos que acaban pasando factura al radiador
Uno de los errores más frecuentes es mezclar refrigerantes de distinta tecnología. La combinación de un IAT con un OAT puede anular la protección anticorrosión y generar lodos que obstruyen el radiador. Cuando se desconoce el tipo de líquido presente en el circuito, se recomienda realizar un vaciado completo con purga en lugar de añadir productos diferentes.
Tampoco es aconsejable utilizar agua del grifo, ya que sus minerales generan depósitos de cal en el radiador y en los conductos. Para diluir un refrigerante concentrado debe emplearse agua destilada o desmineralizada.
En cuanto a la proporción, la mezcla habitual consiste en partes iguales de glicol y agua, que ofrece protección hasta aproximadamente 37 grados bajo cero. Es un margen suficiente para las temperaturas que se registran en el altiplano durante el invierno. Una concentración superior no mejora la protección, y los productos premezclados permiten evitar errores en la dilución.
El nivel debe comprobarse siempre con el motor frío, dado que el circuito trabaja a presión, y ha de situarse entre las marcas MIN y MAX. Un nivel correcto no garantiza por sí solo que el líquido conserve sus propiedades. En un taller es posible medir su punto de congelación en pocos minutos.
La marca llega en último lugar
Una vez conocido el código, basta con seleccionar productos cuyo envase indique expresamente esa especificación. A partir de ese momento, la calidad y la reputación del fabricante son los criterios principales. Entre las marcas presentes en tiendas y talleres figura Febi Bilstein, cuya gama abarca las normas VAG desde G11 hasta G12evo, así como las de BMW, Mercedes-Benz y Stellantis. También están disponibles productos de Valeo, Motul, Ravenol y Mannol, además de marcas conocidas como Repsol. En cualquier caso, la especificación correcta tiene prioridad sobre la marca.
Lo que el coche advierte antes de una avería
El circuito de refrigeración es cerrado, por lo que el nivel del líquido no debería descender. Además de una pérdida de nivel, conviene prestar atención a las siguientes señales:
- Manchas de líquido bajo el vehículo después de haber estado estacionado;
- Una calefacción que calienta poco o tarda en hacerlo;
- Una temperatura del motor superior a la habitual;
- Restos de color marrón o aspecto lodoso en el depósito de expansión.
Estas señales pueden deberse a una fuga en los manguitos, el radiador o la bomba de agua, o a un fallo en la junta de culata. Ninguna de ellas permite por sí sola establecer un diagnóstico. Por ello, se recomienda acudir a un taller antes de la llegada de las temperaturas más bajas del invierno.