22/11/2019 / 13:21
Luis Monje Ciruelo


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¿Qué fue de las ayudas ITI?

Ni la Sierra Norte ni el Señorío de Molina merecen su situación, agravada quizá por la dureza del clima, y ya  no por el tercermundismo de sus pueblos.


El plan de ayudas que el gobierno autonómico prepara para las zonas más despobladas en nuestra provincia (la Sierra Norte y la comarca de Molina) pienso que es lo que esas zonas estaban necesitando para salir de la atonía y marasmo en que se encuentran. Son precisamente las dos zonas de mayor atractivo turístico de la provincia. Parece que esas ayudas, al decir del presidente y vicepresidente regionales, se van ahora a potenciar utilizando los fondos europeos y las facilidades que para su dedicación a esos fines permitirá la figura de Inversión Territorial Integrada (ITI). Las inversiones que para las dos ITI podrán disponerse, pueden suponer cientos de millones de euros que la Junta de Comunidades destinará a los proyectos de negocios en esas zonas que parezcan más viables. Puede ser el empujón definitivo que estas comarcas esperaban para salir de la despoblación que padecen, comparable a los de las parameras siberianas. Ni la Sierra Norte ni el Señorío de Molina merecen esa situación, agravada quizá por la dureza del clima, y ya  no por el tercermundismo de sus pueblos, cuyo urbanismo se ha transformado en los últimos años, ni tampoco por falta o deficiencia de sus carreteras, en su mayoría perfectamente conservadas. En la Sierra Norte, por algo conocida también por la Sierra Pobre, su proximidad a Madrid le ofrece mayores posibilidades gracias al mejoramiento de las comunicaciones, entre las que cuento la nueva carretera de Veguillas a Galve de Sorbe, por la que no me canso de viajar, pues a partir de la Nava de Jadraque desde la carretera se contempla la tremenda hondonada por la que discurren, saltando entre rocas, las aguas de montaña del río Sorbe, y al frente, allá en la altura, se divisan los que llamo “dosmiles” de Guadalajara, que son cuatro o cinco, todos por encima de los 2.200 metros, el menor de ellos el Pico Ocejón, durante las últimas semanas casi siempre con sus cumbres envueltas  por las nubes o por las ventiscas y algarazos que arrastran la nieve recién caída a la manera de las arenas del desierto por el viento en las dunas. No hace mucho escribí aquí que los responsables turísticos ya tenían que estar promoviendo el turismo a aquella zona. En especial en la época del año en que  florecen los bosques y reverdecen las praderas.  (Y que perdonen mi intromisión los cronistas oficiales). Crónica de 2016


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