Raquel Larrosa: “Si alguien te echa de un sitio, es que en ese lugar hay una historia que contar”

23/01/2026 - 21:30 J.P.

Está nominada al Goya a Mejor Cortometraje Documental con una historia sobre mujeres desminadoras en el Sahara

Guadalajara vuelve a tener presencia en los premios Goya. Esta vez, gracias a la directora de cine Raquel Larrosa, que compite en la categoría de Mejor Cortometraje Documental con Disonancia, un trabajo que visibiliza la labor de un grupo de mujeres saharauis desminadoras en los territorios liberados del Sáhara Occidental. Hablamos con ella sobre el origen del proyecto, las dificultades del rodaje y la vocación social de su cine. 
Enhorabuena por la nominación.

¿Cómo está viviendo estos días?
    Gracias. Aún estoy asimilándolo. Ha pasado todo muy rápido y está siendo un poco caótico. Hay que organizar muchas cosas en poco tiempo. Esta es una noticia que no se espera. Siempre decía durante los festivales que lo importante es que el trabajo se vea, pero nunca imaginas que va a llegar tan lejos.

¿Cómo nace Disonancia?
    Parte de un proyecto más grande que no pudimos sacar adelante. El corto se centra en un grupo de mujeres saharauis que desminan en los territorios liberados del Sáhara Occidental, una de las zonas más minadas del mundo. España sigue siendo la potencia administradora de ese territorio. Yo quería rescatar esa memoria silenciada y contarla a través de una historia humana.

 

 ¿Quiénes son las protagonistas del documental?
    Fatimetu Bucharaya es la mujer con más experiencia en desminado. Trabajaba antes con equipos mixtos y llegó a hacer una misión estando embarazada de seis meses. También aparecen Aicha, periodista y activista que tuvo que huir de los territorios ocupados, y Ndoruha, arqueóloga. Nos centramos en ellas tres, pero el grupo lo forman unas ocho o nueve mujeres.

¿Deben tener una determinación a prueba de bombas?
    Esa determinación de las mujeres creo que es bastante universal, independientemente de donde nazcan. Sus madres y sus abuelas son las que levantaron los campamentos allí. Quería cambiar la imagen de víctima que se tiene de las mujeres en conflictos armados, porque al final víctimas son todos, hombres, niños y mujeres. Estas mujeres tienen otros roles, son agentes de cambio en sus comunidades. Me interesaba mostrar esa riqueza y diversidad. La igualdad de género también se construye a través del trabajo que hace cada uno, ya sea en el Sáhara, en España o en cualquier lugar.

No es la primera vez que trata el tema de Sáhara Occidental. En su anterior trabajo, ‘Skeikima’, ya era protagonista. 
    Sí. Skeikima trataba sobre jóvenes saharauis activistas en universidades marroquíes. Quería hablar sobre los videoactivistas, sobre esas personas que graban vídeos en la clandestinidad para denunciar violaciones de los derechos humanos ante Amnistía Internacional o Human Rights Watch. La primera vez bajé con 23 años y me salió fatal, pero aquello me llevó a otra historia aún más poderosa, la de un grupo de activistas que estudiaban en las universidades. Volví un año después, me camuflé, pasé mucho tiempo con ellos y conseguí grabar con mucho cuidado, porque allí no puedes hacerlo con libertad. Incluso tuve que hackear mi propio ordenador para proteger a las personas que me habían dado su testimonio, porque te revisan el ordenador en el aeropuerto.

 

 

¿Menudos nervios de acero debe tener usted?
    No, pero lo tenía muy claro. Yo sabía que si me quería dedicar a la comunicación, esto podía pasar. Si alguien te echa de un sitio, es que hay una historia que contar. Pero vamos, que me sigue dando gastroenteritis (risas).

¿Y en ‘Disonancia’ ha tenido algún problema?
    Yo siempre bajo muy segura, porque estoy con gente con la que llevo muchos años trabajando o conviviendo. De hecho, medio equipo de rodaje es de allí. Solo tuvimos un problema en Argelia, en aduanas, porque la ciudad de entrada no coincidía con los papeles del equipo. Nos retuvieron el pasaporte y hubo que mover contactos para salir del aeropuerto con la cámara, pero yo tenía claro que no iba a separarme de ella.  

¿Qué papel juega la fotografía en el cortometraje?
    Muy importante. Cristina Rodríguez Paz, directora de fotografía, trabajó con muchísima sensibilidad, cuidando cada plano. Rodar allí no es fácil por los horarios, la luz y las restricciones de movimiento. Ella se sumó al proyecto con mucha generosidad y trabajamos muy bien juntas.

¿Ha sido complicado el proceso de montaje?
    Muy largo. Estuvimos casi un año editando con Jesús Ramé. No ha sido fácil, sobre todo porque yo no estaba acostumbrada a que otra persona montara lo que yo grababa, pero me gustó ver otra mirada. Estoy contenta porque es una historia hecha desde dentro, con mucha libertad y tiempo.

Parece complicado unir el detallismo que requiere una buena fotografía con la naturalidad necesaria para conseguir esas declaraciones espontáneas que hacen destacar un buen documental. ¿Ha tenido que descartar alguna declaración por motivos técnicos?
    El cuarto día se nos rompió la cámara principal en el terreno. Alquilamos una Sony Fx3 y la idea era grabar imágenes del muro, donde se encuentran la mayoría de las minas, en cámara lenta, para detener ahí la narración. Pero al romperse, tuve que pensar otra manera de contar este personaje.

¿Hasta dónde quiere llegar con ‘Disonancia’?
    Queremos llevarlo al Parlamento Europeo para tratar el tema de las minas. Vivimos en un mundo globalizado y estos conflictos tienen repercusión en todos los niveles. La película sigue en festivales, sigue ganando premios, y cada proyección es una oportunidad para romper el silencio mediático que hay sobre el Sáhara.

¿La película ya ha generado polémica?
    Sí, en el Festival de Huesca, por ejemplo, un miembro del jurado marroquí se enfadó mucho durante la proyección al ver la película. Y hay presión por parte de ciertos lobbies que intentan limpiar la imagen de la ocupación. Pero también hemos recibido mucho apoyo, tanto de la profesión como de la comunidad saharaui.

¿Tiene nuevas historias que contar sobre el Sáhara?
    Alguna queda, sí. Aunque ahora quiero parar un poco y disfrutar del momento. Llevamos cinco años trabajando en esta película, con un equipo muy comprometido. Lo importante es que esta historia siga viajando y generando conversación.

¿Qué papel cree que tiene el cine documental en la vida social y política?
    Creo que puede servir para intervenir en una situación, incomodar, inspirar. A veces un vídeo puede salvar una vida. Y aunque no podemos cambiar la realidad, sí podemos ayudar a verla de otro modo. Para mí el cine documental es una herramienta de intervención sociopolítica.