04/08/2021 / 09:19
Antonio Herrera Casado


Imagenes

Santiago Bernal en cinco fotografías

El fotógrafo ha fallecido este miércoles en Guadalajara, a los 94 años, y será enterrado el jueves. 


Le llegó a la hora, y en un suspiro se ha ido para siempre Bernal, el gran fotógrafo español Santiago Bernal Gutiérrez, a quien el Ayuntamiento de la ciudad le dedicó en 1995 la Medalla de Plata, y también la Diputación Provincial y la Junta de Comunidades le dedicaron algunas de sus distinciones. Todas las merecía. Aunque las mejores se han quedado en el corazón de quienes nos sentimos sus amigos, de cuantos (y han sido muchos) han disfrutado de su humanidad abierta, de sus enseñanzas, de su generosidad sin límites.

Aunque segoviano (de Santiuste de San Juan Bautista, 1927), desde muy joven vivió en Guadalajara. De formación autodidacta, se le ha considerado como uno de los más importantes fotógrafos del siglo XX español, figurando en el círculo o grupo de los fotógrafos "sociales" o de inspiración netamente humana. Fue presidente de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara (de 1968 a 2008), y ganó numerosos premios nacionales e internacionales, hasta 1978 en que decidió no volver a presentarse a ningún concurso. Su tarea fue la promoción de la fotografía, la enseñanza a los jóvenes, la promoción de esa “cultura de la imagen” que hoy ya lo llena todo.

De las muchas cosas que Guadalajara debe a Santiago Bernal, están las Semanas Internacionales de Fotografía, la creación de la “Abeja de Oro”, la inyección de entusiasmo en todo cuanto se refería al arte fotográfico. Pero además se involucró en la tarea de conocer y promover Guadalajara, presidiendo y animando el Club Alcarreño de Montaña, tras el fallecimiento de su creador y primer presidente, Jesús García Perdices. Con él recorrimos muchos caminos y visitamos muchos pueblos, honduras y peñascos. No olvidaré nunca (era 1973) aquella visita a Roblelacasa, por entonces abandonado y cayéndose a trozos, que en un sinfín de fotografías quedó tan evidencia el abandono de nuestra tierra, que significó (al menos para aquel pueblo) un revulsivo que le permitió volver a la vida.

La que se ha ido ahora es la de ese Santiago Bernal entusiasta, arrollador, siempre deprisa subiendo o bajando la calle mayor, con un montón de carpetas, cuadernos y fotos bajo el brazo, que tras cerrar su comercio de relojería acudía a la Agrupación a recibir a alguien, a reunirse con algún político, para preparar alguna conferencia, exposición, dinamizando siempre. Guadalajara ha tenido con Bernal mucho movimiento cultural, que no deberá ser olvidado.

Y en esta hora dolorida de su recuerdo inmediato, cuando se agolpan en la memoria tantos días, momentos, anécdotas y logros, quiero despedirle al mismo tiempo que recordar su existencia a los más jóvenes. Y quiero hacerlo con cinco retratos que le hice, a lo largo de los años, y que pongo fechados. Porque en ellos va la admiración y el afecto que tuve por él, por su figura irrepetible de amigo, de maestro, de vector/flecha en la vida alcarreña. En 1973 hicimos una marcha por el Alto Tajo, nos dirigimos a las Salinas de la Inesperada, en Ocentejo, y me ayudó a cruzar con su hijo Mario el río montados en un transportín que se guiaba con un cable desde la orilla. A la vuelta, sudoroso, feliz, con sus dos máquinas superpuestas, y ante el desenfocado Alar del Hundido de Armallones, le hice esa fotografía.

Después fueron encuentros en diversos lugares. En 2007, cuando mostramos la ciudad a un grupo de fotógrafos españoles, le hice un retrato en la cripta de San Francisco. En 2009 me asombró verle con su vestido castellano de cofrade de La Caballada (y todavía guardo el recuerdo, más antiguo, de la visita que hicimos a Atienza, con unos japoneses, durmiendo en la posada de la villa castellana, y pasando cada hora pendientes de lo que hacía los antiguos hermanos de la Santísima Trinidad). En 2010, ante el castillo de Torija, cubriendo alguno de los actos en homenaje y memoria a Camilo José Cela, a quien Bernal también retrató en mil posturas y situaciones, incluida aquella memorable en que (era el 7 de octubre de 1972), para cumplir el 25 aniversario de su “Viaje a la Alcarria”, Camilo le colocó un orinal como sombrero al Premio Nacional de Literatura, José María Alonso Gamo, tras leer un fragmento de su obra. Fue en Trillo, y Bernal fotografió el momento. Y en 2014, en mi editorial, en Aache, una de las muchas veces que fue allí, a charlar conmigo, y a enseñarme sus fotografías, a pedirme pistas para identificar viejos clichés negativos de los que tratábamos de identificar ubicación y detalles…

Una vida (la mía se va pasando también, y cada vez más deprisa) de admiración y afecto por Santiago Bernal, que ahora pone ese dolorido frasear de la despedida, de la evocación y de la manifestación de duelo. Solo pido que la tierra le sea leve, y el alma (Bernal la tenía, y bien grande, y activa) sea llevada al lugar donde reciba el descanso y el premio que sin duda mereció.


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