Saturnina Ciruelo, la poeta que no se conforma con mirar
Desde la ventana de su piso en la calle Pío XII, Saturnina Ciruelo García contempla cada mañana el Monasterio de los Jerónimos de Sigüenza. Frente a ella se alza un trozo vivo de la historia de una ciudad que aspira, con fuerza, a convertirse en Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Esa vista es el escenario permanente de su inspiración. Vive justo enfrente y la luz que baña el monasterio cada mañana es la que enciende sus versos.
A sus 94 años -cumplirá 95 el próximo 4 de junio-, Saturnina sigue escribiendo con la misma lucidez y el mismo pulso con que cosía vestidos en Riosalido o segaba trigo bajo el sol reflejado en el trigal,
Nació en 1931 allí, en Riosalido, un pequeño pueblo a 10 kilómetros de la Ciudad del Doncel. Allí creció, se casó y crió a sus tres hijos -Javier, Emilio y Sonia Castaño- trabajando en el campo y como modista. Cuando su marido se jubiló, la pareja se trasladó a Sigüenza. Él falleció en 2012. Fue entonces, al quedarse sola en la casa de la calle Pío XII, cuando Saturnina descubrió que tenía tiempo y, sobre todo, algo que decir.

Se apuntó a los cursos de Cruz Roja. Un día le pidieron escribir una poesía. La llevó. Les gustó. Le pidieron otra. Y otra. Así, cada miércoles. Las poesías fueron creciendo hasta formar un cuadernillo. Su hija Sonia, con el apoyo de su marido, lo convirtió en libro. En 2018 apareció Nunca es tarde, cuando Saturnina tenía 87 años. Ahora, con 94, presenta el segundo, “A partir de los 90”, que recoge las poesías escritas entre 2019 y 2025.
La obra se presentará el próximo 11 de abril a las 12:00 horas en la Librería Café Rayuela (Calle Mayor, 6, Sigüenza), con la presencia de Laura Gil, delegada provincial de Igualdad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
Saturnina escribe porque no puede callar. Lee la prensa, ve el telediario, sigue al Gran Wyoming y transforma en verso lo que le duele o le indigna. Su poesía es crítica social, pero nunca ácida; es observación humana, a veces con ironía, siempre con ternura.

Del COVID escribió:
"Qué difícil resolver este terrible contagio, todos echando la culpa al que tenemos al lado. Existen malas personas robando los factores, volando en muchos aviones hacia aeropuertos lejanos. Somos malos compañeros. No estamos civilizados".
De la DANA, en El Dolor:
"Muchos miles de personas han acudido a ayudar en la dana tan terrible que acabamos de pasar. La solidaridad de muchos hemos podido admirar. Pero también los ladrones se intentan aprovechar".
Y de la jubilación, en su primer libro, ya advertía con sorna:
"Llegó la jubilación, ya nos pagan, qué alegría. Estábamos esperando este momento en la vida. Pero llegan los problemas, los años se echan encima. Hay enfermedades raras que nos machacan la vida".
Saturnina llama a esto “don” y los vecinos “vocación”. Ella prefiere decir que es simplemente lo que le sale del alma. Le gusta Bécquer, pero su rumbo es otro: más directo, más terrenal, más comprometido con el día a día de los mayores, de los pueblos, de la gente corriente.

Además de escribir, mantiene una vida activa que asombra. Va a Cruz Roja, ACCEM y ADESPAN. Siempre con los desfavorecidos. Hace gimnasia los martes y viernes. Juega a la 31 por las tardes. Recibe la comida de ACCEM y una chica la ayuda en casa dos días a la semana. Vive sola, pero nunca aislada. “Me encuentro bien, estoy tranquila”, dice con esa sonrisa que no ha perdido.Tiene tres hijos y cuatro nietos. Su hija Sonia es quien ha impulsado los libros: selecciona, ordena cronológicamente y prepara todo. Sin ella, reconoce Saturnina, “yo no me hubiera decidido a hacer nada”.
Gracias a mujeres como Saturnina Ciruelo, el mundo rural sigue latiendo. Mientras espera que llegue gente joven que lo sostenga, ella, con 94 años, sigue cosiendo versos con la misma precisión con que antes cosía vestidos. No se conforma con mirar. Observa, siente y escribe. Y en cada verso hay una lección de vida: que nunca es tarde para empezar, que la jubilación puede ser el comienzo de algo hermoso y que la lucidez, cuando se alimenta de curiosidad y compromiso, no tiene edad.