La Procesión de los Faroles ‘ilumina’ el camino de la comarca seguntina y atencina hacia Patrimonio Mundial de la UNESCO
La ciudad volvió a llenar de luz su casco histórico con una tradición centenaria que resume la estrecha relación entre patrimonio, historia y vida ciudadana.
FOTOS: RAFAEL MARTÍN SOLANO
Sigüenza volvió a iluminar este domingo su casco histórico con una de las celebraciones más arraigadas de su calendario. Al caer la noche, la Procesión de los Faroles de la Virgen de la Mayor recorrió las calles de la ciudad acompañada por vecinos y visitantes, en una de las estampas más reconocibles de las fiestas seguntinas.
La imagen de la patrona salió de la Catedral para recorrer las calles Medina, San Roque, el Paseo de la Alameda, Humilladero y Cardenal Mendoza antes de regresar al templo. La luz de los faroles, las campanas, la música de la Banda de Sigüenza y el patrimonio monumental de la ciudad volvieron a formar una imagen difícil de separar de la propia identidad de Sigüenza.
Y es precisamente esa relación entre patrimonio y vida ciudadana uno de los valores que la ciudad quiere proyectar en su camino hacia el reconocimiento internacional. Sigüenza y Atienza avanzan en la candidatura del Paisaje Dulce y Salado a Patrimonio Mundial de la UNESCO, que el pasado mes de abril pasó a la fase de informe preliminar tras el acuerdo del Consejo de Patrimonio Histórico.
La procesión ofreció este domingo una buena muestra de lo que significa ese patrimonio vivido. La Catedral, las calles medievales y las plazas del casco histórico dejaron de ser únicamente lugares que contemplar para convertirse, durante unas horas, en el escenario de una celebración que reúne cada año a distintas generaciones.
A ella se sumó una alta representación institucional: El obispo diocesano, Julián Ruiz Martorell, junto a la curia de la Diócesis, el presidente de las Cortes regionales, Pablo Bellido, diputados nacionales y senadores por Guadalajara; diputados regionales y provinciales, alcaldes de la provincia, así como miembros de la Corporación municipal, con la alcaldesa, María Jesús Merino, a la cabeza.
La Virgen, entre cientos de luces
La talla de la Virgen de la Mayor, del siglo XIII, avanzó sobre una carroza adornada con flores y acompañada por el monumental rosario de faroles. Detrás, los cinco misterios del Rosario, realizados en metal y cristal, fueron portados a hombros por los fieles.
La Cofradía de la Virgen de la Mayor, la Banda de Sigüenza, los representantes de las fiestas y las peñas seguntinas protagonizaron el cortejo.
El tañido de las campanas de la Catedral y el rezo del Santo Rosario se mezclaron con los sones de la banda mientras la comitiva avanzaba por las calles. Desde las aceras y los balcones, vecinos y visitantes siguieron el paso de la patrona.
La iluminación de los faroles, junto con la iluminación monumental de la ciudad, creó los característicos claroscuros sobre las fachadas y las piedras centenarias del casco histórico.
Una tradición que se remonta a 1493
La devoción a la Virgen de la Mayor y su fiesta están documentadas en las actas de la Catedral desde 1493. La celebración se vincula a la Asunción de María y al calendario de San Roque, también patrono de Sigüenza.
Los actos comenzaron el 14 de agosto con el novenario, que durante nueve jornadas llevó los rosarios de la aurora, las misas y distintas intenciones de oración a diferentes espacios de la ciudad.
La jornada del domingo comenzó a las 11.30 horas con la solemne eucaristía en honor de Nuestra Señora de la Mayor, presidida por el obispo Julián Ruiz Martorell. Horas después, la patrona volvió a salir de la Catedral para su recorrido nocturno.
Este año, los cultos estuvieron marcados además por el recuerdo de la coronación de la Virgen de la Mayor en 1906. Tras el robo de la corona de la imagen y de un anillo, una suscripción popular y las ayudas del cabildo catedralicio permitieron realizar una nueva corona para la Virgen y otra para el Niño Jesús.
Las religiosas Ursulinas bordaron entonces un manto de raso blanco para la ceremonia, celebrada el 17 de agosto de 1906 y presidida por el obispo fray Toribio de Minguella y Arnedo.
La corona y el manto de aquella celebración se conservan actualmente en el relicario de la Catedral. El aniversario estuvo presente también en el lema de los cultos de este año, «Vosotros habéis de ser mi corona», tomado de la carta de san Pablo a los Filipenses.
El rosario de faroles que identifica a Sigüenza
La luz se convirtió hace ya décadas en una de las señas de identidad de esta celebración. El monumental rosario de faroles que acompaña actualmente a la Virgen fue realizado en 1926 en los talleres Quintana de Zaragoza.
Desde entonces, los faroles han quedado ligados a la imagen de la patrona recorriendo de noche las calles de Sigüenza. La procesión ha creado así una estampa propia que combina la tradición religiosa con uno de los conjuntos históricos más destacados de Castilla-La Mancha.
Ese patrimonio volverá a tener un papel relevante en el proceso que Sigüenza y Atienza están desarrollando para lograr el reconocimiento del Paisaje Dulce y Salado como Patrimonio Mundial. La candidatura pretende poner en valor un territorio en el que se entrelazan patrimonio, paisaje e historia y generar nuevas oportunidades para sus municipios.
La alcaldesa, María Jesús Merino, ha defendido en distintas ocasiones que ese reconocimiento debe servir también para mejorar la vida de los vecinos y favorecer un desarrollo compatible con la conservación del patrimonio.
Una ciudad que celebra su propia historia
La Procesión de los Faroles mostró este domingo esa conexión de una manera especialmente visible. Familias, mayores, jóvenes, peñas y visitantes compartieron el recorrido, cada uno desde su propia forma de vivir la celebración.
Para algunos fue un acto de fe; para otros, una tradición familiar que se repite generación tras generación. Para muchos visitantes, fue también la oportunidad de contemplar una de las imágenes más singulares de Sigüenza.
Cuando la comitiva regresó a la Catedral, las campanas, la música, las oraciones y la luz de los faroles dejaron atrás una de las noches más señaladas del calendario seguntino.
Una celebración nacida hace siglos que sigue recorriendo las mismas calles y que, al hacerlo, vuelve a demostrar que el patrimonio de Sigüenza no está únicamente en sus monumentos. También está en las tradiciones que sus vecinos mantienen vivas y en la capacidad de una ciudad histórica para seguir llenando de vida sus calles.
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