Una joya arquitectónica de Guadalajara: la Cripta del Fuerte de San Francisco

01/02/2026 - 12:40 Eduardo Díaz

En el siglo XIV la Infanta Isabel de Castilla, hija del Rey Sancho IV, donaba un convento de la ciudad de Guadalajara a la Orden Mendicante de los Franciscanos. Este monasterio medieval se asentaba en una de las cotas más elevadas de la ciudad arriacense y muy cerca de la puerta de Bejanque.

  Cuando la familia de los Mendoza aterrizó en Guadalajara procedente de tierras alavesas, el almirante Diego Hurtado de Mendoza sufragó los gastos de la iglesia del convento de San Francisco, a cambio de ser sepultado él y su familia en la capilla mayor del templo. Su hijo Iñigo López de Mendoza, “Marqués de Santillana”, finalizaría las obras de la iglesia y allí fue enterrado junto a su esposa Casilda Suárez de Figueroa.  
   Fue Ana de Mendoza, sexta duquesa del Infgantado, la que inició las obras subterráneas de un panteón familiar para depositar los sepulcros de su padre Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, los de sus dos maridos Rodrigo y Juan, los de sus hijos y el suyo propio.Tras la unión de las casas ducales de Pastrana e Infantado en el año 1696, el X Duque del Infantado, Juan de Dios de Silva Haro y Mendoza fue el que amplió el panteón familiar de la casa de los Mendoza. La obra de la Cripta del convento de San Francisco fue realizada por los arquitectos Felipe Peña y Felipe Sánchez, finalizando las obras en 1728.


   Durante la Guerra de la Independencia, que comenzó en 1808, el convento de San Francisco fue tomado por las tropas francesas, utilizándolo como cuartel. El mando lo ostentaba el general Joseph Hugo, al cargo de dos batallones de caballería, y permanecieron hasta el 31 de marzo de 1813, cuando fueron derrotados por las tropas españolas. Durante este tiempo, en el cual permanecieron las tropas francesas en el convento, la Cripta fue saqueada y los sepulcros profanados en busca de joyas y otros objetos de valor. En 1859, Manuel de Toledo “Duque de Pastrana”, obtuvo la autorización del duque de Osuna para trasladar los restos de sus antepasados desde la cripta del ya nombrado en esa época como Fuerte de San Francisco a la cripta de la Colegiata de Pastrana. 


   Con el objetivo de recuperar la cripta del Fuerte de San Francisco, el Ministerio de Cultura elaboró un plan de rehabilitación, adjudicado al arquitecto Juan de Dios de la Hoz. Tras varios años de estudio y obras en la Cripta, la imponente joya arquitectónica fue finalizada en el 2011 y pasaba a formar parte de la ruta de visitas a monumentos de Guadalajara por parte de la Concejalía de Turismo. Durante las jornadas Mendocinas, que se realizan a finales de octubre de cada año, la cripta del Fuerte de San Francisco es utilizada para escenas mortuorias realizadas por los integrantes de la asociación Gentes de Guadalajara.