02/12/2018 / 13:56
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Viejos sabios

Nunca se me ha ocurrido, desde la cumbre de mis casi 95 años, pensar, cuando asisto a un acto público, exposición, recital, etc, que si puedo ser el más viejo de todos también, podría ser el más culto. 


Aunque normalmente se admite que todo lo inteligente e interesante fue dicho y escrito por los sabios de la antigüedad, exceptuando a Aristóteles, que se ganó el sobrenombre de El Peripatético, porque casi todas sus enseñanzas las transmitió hablando y paseando con sus discípulos,  dejando a estos la responsabilidad de escribirlas, parece que alguien defendió la idea de  que, a más años de vida, se acumularía más sabiduría y, en consecuencia, también mayor felicidad. Lo primero tenía cierta lógica, y a Salvador Embid le gustaba repetir que cuando muere un anciano es como si desapareciera una biblioteca. En esa línea de “a más años, más sabiduría”, a quienes, por desconocimiento de mis facultades me atribuyen, como mis nietos niños, gran cultura, me gusta responderles con ironía que “todavía no lo sé todo”. Tal vez en tiempo de San Isidoro, arzobispo de Sevilla en el siglo VI, autor de “Las Etimologías”, enciclopedia que dicen que recogía todo el saber humano de la época, tal vez entonces, repito, sería posible dominar casi todo, pero nadie admite que a mayor cultura, más felicidad. Precisamente, la dicha, no se goza cuando se tiene y, al contrario, supone un nuevo tormento porque suele advertirse que se tuvo cuando se pierde: “el perderla es un mal y el tenerla no es un bien” dijo el poeta. Nunca se me ha ocurrido, desde la cumbre de mis casi 95 años, pensar, cuando voy en un autobús o asisto a una reunión o acto público, exposición, recital, etc, (no un concierto musical o espectáculo deportivo, que suelen ser multitudinarios) nunca   se me ha ocurrido, digo, de acuerdo con esa teoría, que si puedo ser el más viejo de todos también, podría ser el más culto, en cuyo caso habría que admitir igualmente que Matusalem, que vivió 969 años, y había engendrado un hijo con casi 200, se llevaría hoy todos los premios Nóbel de la Academia sueca. ¿Y de qué me serviría ser el más culto, aparte de ganar la atención de dicha Academia y los cincuenta millones de euros, que creo lleva consigo cada uno de esos premios? Pienso que el ser tan sabio, más bien me amargaría la existencia porque esa popularidad extrema, con tantos “paparazzi” como  hay en el mundo, me harían insoportable la vida, aparte de los odios y envidias que suscitaría mi  realce, y ello sin tener en cuenta que el hombre auténticamente sabio ama la Ciencia pero desprecia el dinero. Esta es una opinión extendida que yo no puedo confirmar porque les aseguro que nunca he sido sabio ni millonario en euros ni en pesetas. A lo mejor, sí, en ilusiones y céntimos de peseta …


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