Viernes 13 en Málaga: comedias, cárceles y un patinete traicionero


El Festival de Málaga encara su recta final —la vigesimonovena edición se celebra del 6 al 15 de marzo de 2026— con la sensación de que el cine, como la vida, siempre mezcla risas, tragedias y casualidades inesperadas.

El viernes 13 amaneció luminoso, casi engañosamente tranquilo, como si la ciudad quisiera recordarnos que incluso los días con fama de gafados pueden ofrecer belleza. Pero el cine, y la propia jornada, terminarían demostrando que la realidad es siempre más compleja.

 

La picaresca española según Arantxa Echevarría

La mañana arrancó con Cada día nace un listo, la nueva película de Arantxa Echevarría, una de las cineastas más interesantes del panorama español actual.

Echevarría se dio a conocer con la magnífica Carmen y Lola (2018), un retrato social que fue un auténtico fenómeno y obtuvo varios premios Goya. Después ha demostrado su versatilidad con proyectos muy distintos, desde el thriller La infiltrada, que terminó convirtiéndose en una de las grandes películas recientes del cine español, hasta trabajos más modestos como Chinas (2023). En esta ocasión se adentra en el territorio de la comedia negra.

La película gira en torno a Toni Lomas, interpretado por Hugo Silva, un antiguo concursante de un talent show que ahora vive en horas bajas. Cuando una antigua relación le ofrece participar en el robo de un valioso cuadro, se une a un peculiar equipo formado por la Mari y el Gallego, dos personajes tan necesitados como poco fiables.

El reparto lo completan Susi SánchezDafne FernándezJaime Olías y Diego Anido, entre otros.

La película funciona como una sátira sobre la picaresca contemporánea: ricos que intentan engañar a otros ricos, pobres que sobreviven como pueden y un país donde la frontera entre necesidad y fraude parece cada vez más difusa.

Hay que destacar, además, la presencia de Sofía Otero, la joven actriz que deslumbró al mundo en 20.000 especies de abejas, aquí en un registro inesperadamente cómico.

La proyección tuvo continuidad en una rueda de prensa especialmente animada con Arantxa EchevarríaHugo SilvaSusi SánchezDafne FernándezDiego Anido y Jaime Olías.

Allí, Hugo Silva defendió con pasión la comedia, recordando lo difícil que es hacer reír en el cine. Una reivindicación que encontró eco en Susi Sánchez, quien señaló que las comedias suelen estar injustamente minusvaloradas porque aparentemente no transmiten grandes mensajes.

Y, sin embargo, el cine demuestra lo contrario.

Silva puso como ejemplo El verdugo de Luis García Berlanga, una de las obras maestras del cine español: una comedia, sí, pero también una de las críticas más demoledoras que se han hecho jamás sobre la sociedad española.

 

 

Un paseo luminoso antes del drama

Tras la película tocaba esperar hasta la siguiente sesión, La mujer de la fila, así que hubo tiempo para pasear por una Málaga luminosa y templada.

El recorrido nos llevó hasta la plaza Roma, donde un pequeño parque ofrecía uno de esos momentos de calma que a veces se cuelan entre las prisas de un festival. Los setos perfectamente cuidados, los bancos ocupados por jubilados tranquilos y la luz filtrándose entre los árboles componían una escena casi pictórica.

El cine tiene muchas cosas, pero pocas tan agradables como estos paréntesis.

Después llegó la comida.

Y poco después llegó la realidad.

Cuando nos dirigíamos a tomar un café presenciamos un accidente de tráfico: un patinete y una motocicleta colisionaron y una mujer resultó herida. Durante más de tres cuartos de hora esperamos la llegada de una ambulancia, a pesar de la presencia de seguridad y de la Policía Local.

A veces el festival parece un mundo paralelo, pero basta un instante para recordar que el mundo real sigue ahí.

 

El drama social de La mujer de la fila

La segunda película del día fue La mujer de la fila, dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila.

La película cuenta la historia de Andrea, una mujer de clase media cuya vida se derrumba cuando su hijo es encarcelado injustamente. A partir de entonces tendrá que hacer largas colas frente a la prisión para visitarlo, compartiendo ese espacio con otras mujeres que viven situaciones similares.

Protagonizada por Natalia Oreiro, junto a Amparo Noguera y Alberto Ammann, la película propone un retrato duro y humanista sobre las familias de los presos y el mundo invisible que se forma alrededor de las cárceles.

El tono es austero y muy emocional, con ecos de cierto cine social europeo.

Después de la ligereza satírica de la película de Echevarría, este drama devolvía al festival su vertiente más sombría.

 

 

Videoclubs, pornografía y nostalgia televisiva

La jornada continuó con la presentación de la serie Cochinas, una comedia dirigida, entre otras, por Andrea Jaurrieta, cineasta conocida por Ana de día (2018) y Nina (2024).

La protagonista es Malena Alterio, que interpreta a una ama de casa cuyo marido —encarnado por Chani Martín— dirige un videoclub absolutamente ruinoso. Tras un accidente que deja al marido en coma, ella debe hacerse cargo del negocio y descubre rápidamente una verdad incómoda: el único producto que mantiene el negocio a flote es el cine porno.

La solución empresarial es tan evidente como delirante.

Los episodios proyectados mostraron una comedia bastante gamberra, atravesada por los pensamientos internos del personaje y por una mirada nostálgica a los últimos días de los videoclubs, cuando el negocio todavía resistía antes de que el mundo digital los barriera definitivamente.

 

Un viernes 13 casi cinematográfico

El resto de la tarde transcurrió paseando por las calles de Málaga, llenas de turistas y de público festivalero, comprando pequeños recuerdos y souvenirs inevitables: imanes con el Museo Pompidou, la plaza de toros o la figura omnipresente de Picasso.

Solo al final del día caí en la cuenta.

Era viernes 13.

Quizá por eso la jornada mezcló risas, tragedia, nostalgia y algún susto inesperado.

Como si el propio festival hubiera querido recordarnos que el cine —igual que la vida— siempre se mueve entre la comedia y el drama.

Y que, en realidad, casi siempre ocurren las dos cosas el mismo día.