Yebes se queda mirando al cielo: "Esto crea adicción" tras un minuto de eclipse
Yebes acaba de vivir uno de esos momentos que permanecen en la memoria. Durante apenas 62 segundos, el cielo se oscureció y el Sol quedó oculto ante la mirada de quienes habían esperado durante meses este instante. Después, cuando todo terminó, quedaron las caras de felicidad, la emoción y una sensación difícil de resumir: había sabido a poco.
Pablo de Vicente, director del Observatorio Astronómico de Yebes, lo expresa con una sinceridad que resume el ambiente vivido tras el eclipse. "Me ha parecido de una belleza indescriptible. No me lo podía imaginar". El atardecer, además, aportó un matiz especial a la escena. "Me ha parecido que además ha tenido un color especial. O sea, me ha parecido absolutamente precioso".
La experiencia ha sorprendido incluso a quienes llevan más de un año preparándola. La ciencia, los cálculos y la planificación habían permitido anticipar cada detalle, pero contemplar el fenómeno en directo era otra cosa. "La primera conclusión es que es más bonito de lo que yo esperaba", admite de Vicente.
Y entonces aparece una palabra que probablemente explique mejor que ninguna otra lo ocurrido en Yebes: adicción. "Esto crea adicción, ¿sabes? Uno quiere ir a ver el siguiente". Porque los 62 segundos de totalidad se han convertido, paradójicamente, en demasiado poco tiempo. "Después de esto, sabe a poco. Es que ha sido 62 segundos, un minuto, es que ha sido nada, un suspiro".
Pero detrás de esa emoción hay también meses de trabajo. De Vicente reconoce el alivio de comprobar que el esfuerzo realizado por el Observatorio ha funcionado. "Me siento bastante aliviado porque todo el trabajo que llevamos haciendo desde hace meses, te diría que desde hace más de un año, pues se ha hecho realidad y que ha funcionado muy bien".
La satisfacción no es solo personal. El director de Yebes pone el foco en todo el equipo que ha hecho posible el dispositivo. "Estoy muy contento del personal del observatorio que ha participado en esto". Y deja para ellos el reconocimiento final: "Es un aplauso para todos ellos por su gran labor".
En Yebes, el eclipse ha durado poco más de un minuto. La experiencia, en cambio, ha dejado algo mucho más duradero: la certeza de que incluso después de meses estudiando el cielo, hay momentos en los que basta con levantar la mirada para volver a sentirse pequeño ante él.