16/03/2019 / 12:23
Ciriaco Morón Arroyo


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Antonio Machado: Los vacíos que duelen

Frente al ser abstracto de la especulación, muerte, silencio y olvido son los tres vacíos que duelen en el alma. 


El viernes 8 de marzo, publicó Nueva Alcarria un breve artículo mío sobre Antonio Machado (1875-1939). Pero el gran poeta merece mucho más; por eso voy a dedicarle por lo menos este otro.  Y lo centro en la lectura de un soneto que él atribuye a su “maestro” Abel Martín y presenta nada menos que la relación que ve el poeta entre filosofía y poesía. El soneto dice: “Cuando el ser que se es hizo la nada/ y reposó, que bien lo merecía/, ya tuvo el día noche, y compañía/ tuvo el hombre en la ausencia de la amada. “Fiat umbra”; brotó el pensar humano/ y el huevo universal alzó vacío/, ya sin color, desustanciado y frío/ lleno de niebla ingrávida en su mano. Toma el cero integral, la hueca esfera/ que has de mirar, si lo has de ver, erguido. Hoy que es espalda el lomo de tu fiera/ y es el milagro del no ser cumplido, brinda, poeta, un canto de frontera a la muerte, al silencio y al olvido”. Los comentaristas, especialmente el admirable D. A. Sánchez Barbudo (“Los poemas de Antonio Machado), perciben ironía en el primer verso. Si Dios creó el cielo y la tierra ¿Por qué dice el poeta que creó la nada? Pero, como me reconoció y agradeció don Antonio, el “ser que se es” no es aquí Dios, sino el primate que se convirtió en el primer hombre. El salto a la humanidad produjo el pensar, que se da cuando nos enfrentamos con las cosas como “seres” fundados en el ser. Ahora bien, el ser de la filosofía no es esta cosa ni la otra; por eso dijo Hegel que el ser era igual a la nada y esa nada (el ser) es la que saltó con el pensamiento del primer hombre. Con el salto al ser surge la capacidad de reflexión o la posibilidad del diálogo con nosotros mismos; por eso el hombre tiene compañía, aunque no tenga cerca a la hembra. Ese ser, objeto de la filosofía, es el huevo universal, la hueca esfera que miramos erguidos, o sea, con el pensamiento el primate cuadrúpedo se convirtió en bípedo y su lomo se hizo espalda (“hoy que es espalda el lomo de tu fiera”). La especulación sobre el ser es el objeto de la filosofía. En cambio, el poeta nos “brinda un canto de frontera/ al amor, a la muerte y al olvido”. Si los doce primeros versos del soneto eran algo abstractos, como el juego ser/nada, los dos últimos expresan de manera genial la esencia de la poesía: palabra hecha verbo; la muerte, el silencio y el olvido son tres formas de vacío que nos penetran en lo más hondo del alma. La muerte es la ausencia perpetua de aquel ser querido que al morir dejó roto nuestro mundo. De hecho, la superación del dolor consiste en reconstruir nuestra atmósfera de referencias sin contar ya con la persona desaparecida. El silencio: aquel amigo o amiga que formó también parte de nuestro mundo y ahora pasa a nuestro lado como si no nos hubiera conocido nunca. Y “el olvido”. Manuel Machado, el hermano de Antonio, escribió esta soleá: “Tu calle ya no es tu calle/ que es una calle cualquiera/ camino de cualquier parte”. Cuando nos queríamos, tu calle era para mí el centro del mundo. Ahora ya ese mundo se ha desorganizado y descentrado. Frente al ser abstracto de la especulación, muerte, silencio y olvido son tres vacíos que duelen en el alma. 


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