Como el cristal. Una vida transparente: la dignidad obrera y la emancipación de las mujeres


La exposición sobre la vida de Pablo Iglesias ofrece una lectura histórica que al situar a las mujeres obreras en el centro del relato contribuye a una comprensión más completa del siglo XIX y de los orígenes del movimiento obrero.

Con motivo del centenario de la muerte de Pablo Iglesias, la exposición «Como el cristal. Una vida transparente» propone una lectura histórica del siglo XIX centrada en las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora y, de manera especial, en la situación de las mujeres. No se trata únicamente de un recorrido biográfico en torno a Pablo Iglesias Posse, sino de una aproximación a los grandes debates sociales que acompañaron el nacimiento del movimiento obrero y de la segunda ola del feminismo como propuestas emancipatorias frente a la flagrante desigualdad de su época, así como a su influencia en la Guadalajara de entonces.

La relevancia histórica de Pablo Iglesias está fuera de toda duda. Su figura forma parte de los contenidos de estudio obligatorios tanto en la ESO como en Bachillerato y ha sido objeto de un amplio reconocimiento a lo largo del tiempo. Su integridad ética concitó consenso, incluidos sus adversarios políticos, lo que explica el respeto transversal del que gozó en vida y tras su muerte.

Ese reconocimiento también se manifestó en el plano institucional. Sirva de ejemplo que durante la dictadura de Primo de Rivera, el Ayuntamiento de Guadalajara emitió públicamente sus condolencias tras su fallecimiento y dio su nombre a la plazuela donde se encontraba la Casa del Pueblo. Asimismo, en el año 2000 se inauguró en Madrid una gran exposición dedicada a su legado, con la asistencia del jefe de Estado y del alcalde de la capital, perteneciente al Partido Popular.

La realidad es que en el transcurso del tardío proceso de industrialización de España en el siglo XIX y buena parte del XX, las condiciones de vida de la clase obrera y del campesinado fueron profundamente indignas, marcadas por salarios de subsistencia, jornadas extenuantes, insalubridad, accidentes laborales frecuentes, elevada mortalidad prematura y, en general, una pobreza estructural inaceptable, particularmente severa para las mujeres y niñas hasta el punto de abocar a muchas de ellas a la mendicidad.

Desde crías, muchas féminas trabajaban en talleres, fábricas, labores agrícolas o en el servicio doméstico, sin protección legal frente a los abusos de sus patronos (incluidos los sexuales), ni reconocimiento social, ni acceso a la educación. Sus salarios eran notablemente inferiores a los de los hombres, lo que no solo las empobrecía, sino que reforzaba su dependencia. A esta explotación laboral se sumaba la desigualdad jurídica, que limitaba su autonomía personal y las excluía de la ciudadanía política.

Estas circunstancias fueron definidas por Pablo Iglesias como una «doble tiranía»: la explotación en el trabajo y la subordinación en el hogar. Además, la miseria existente empujaba a muchas mujeres, incluso niñas, a la prostitución, consecuencia directa de la desigualdad extrema y de la ausencia de alternativas vitales, en combinación con una doble moral sexual que admitía la prostitución como un mal necesario.

Durante décadas, la mayoría del movimiento obrero sostuvo que la disolución de las clases sociales resolvería automáticamente la desigualdad entre mujeres y hombres. Sin embargo, esta posición fue progresivamente cuestionada por mujeres que, desde dentro de las organizaciones obreras o desde entidades feministas autónomas, señalaron que la opresión sobre las mujeres no desaparecía por sí sola y que requería una acción política propia.

En este debate se sitúa el pensamiento y la trayectoria de Pablo Iglesias, cuya existencia estuvo marcada desde la infancia por la pobreza, el trabajo precoz y la experiencia directa de la desigualdad. A diferencia de otros personajes de su tiempo, mostró una preocupación constante por la situación de las mujeres trabajadoras, denunciando en sus actos públicos y en sus escritos, principalmente a través de El Socialista, la explotación específica que sufrían las obreras, remarcando que la emancipación del proletariado exigía renunciar a los privilegios masculinos y reconocer a las mujeres como iguales y compañeras.

Estuvo al lado de personajes como Virginia González Polo o María Cambrils, que evidenciaron que la cuestión femenina estuvo presente, aunque no exenta de tensiones, en el socialismo español. En este ámbito, debemos mencionar a nuestra Isabel Muñoz Caravaca, cuya vida en Guadalajara y vinculación intelectual con el socialismo refuerzan la idea de que la provincia fue un espacio de circulación de ideas avanzadas, republicanismo y movimiento obrero. 

Exposición temporal Como el cristal. Uan vida transparente, organizada por la Fundación Pablo Iglesias.

Hablando de Guadalajara, no quisiera dejar de mencionar la visita organizada por las Juventudes Socialistas en el verano de 1913, que aunó actividades formativas con actos públicos y contó con la participación activa de mujeres jóvenes procedentes de la Agrupación Femenina Socialista de Madrid. Celebrados en un entorno condicionado por la influencia caciquil y la debilidad organizativa, estos encuentros buscaban fortalecer el asociacionismo y extender la conciencia política entre la población trabajadora. Además, antecedieron a la multitudinaria inauguración de la Casa del Pueblo dos años después con la presencia de Pablo Iglesias.

«Como el cristal. Una vida transparente» ofrece, en definitiva, una lectura histórica que al situar a las mujeres obreras en el centro del relato contribuye a una comprensión más completa del siglo XIX y de los orígenes del movimiento obrero y su imbricación con el feminismo. Además, Iglesias, cariñosamente conocido como «el abuelo», desempeñó un papel esencial en la consecución de derechos sociales que hoy se consideran básicos e irrenunciables, como la implantación de la jornada laboral de ocho horas, la igualdad salarial y la prohibición del trabajo infantil.

Más allá de la ideología que mantengamos, estamos ante una exposición eminentemente histórica, cultural y artística centrada en una figura insoslayable para entender la historia contemporánea de España. Por primera vez se han reunido obras excepcionales por su calidad artística y por su valor historiográfico, como también documentos, piezas y objetos personales que, junto a una rigurosa investigación y a un diseño expositivo muy meditado, pueden visitar hasta el 14 de febrero en el Museo de Guadalajara.