Dios a la vista


Rafa, Elena, Ana, Peny, Inma, Mariano, Javier y Christian dejan distintas historias a lo largo del año que finaliza y el camino de esperanza iniciado para el que comienza.

En 1927 publicó el filósofo alemán Max Scheler (1874-1928) su libro cuyo título en español es La posición del hombre en el cosmos. Ortega y Gasset, que apreciaba mucho a Scheler, reaccionó a su libro con el artículo cuyo título he copiado para el mío, y que él publicó en el volumen VI de El Espectador (1927). El pensador español ve la nueva presencia de Dios como un movimiento cíclico de la historia. Hay épocas en las que parece que Dios se aleja de nuestro mundo, y otras en las que se acerca. Pero Ortega no pasa de esa simple comprobación. Para los que vivimos el adviento como esperanza gozosa de la verdadera venida del Hijo de Dios al mundo para realizar con sus criaturas la “historia de salvación” (K, Rahner), eso no es suficiente; Dios a la vista es que ya está el redentor haciéndose presente y trasformando el mundo, como entorno de nuestra elevación de siervos a hijos. En este sentido, recordando la antífona “Lloved cielos de lo alto y descarguen las nubes al justo”, deseo propagar el artículo de Luis María Ansón, publicado en El Imparcial el 11 de este mes. Se titula “Una realidad reveladora” y comienza: “Sí, una realidad reveladora y una EXCELENTE NOTICIA. La primera noticia es que en 2024 la casilla de donaciones a la Iglesia fue rellenada por un número de contribuyentes mayor que en otros años. “España sufre, como toda Europa, un proceso de descristianización que se incrementó desde la conclusión de la II Guerra Mundial. Pero el catolicismo se mantiene fuerte en España, sobre todo porque, en contra de lo que suele afirmarse, los jóvenes están presentes en las manifestaciones de la religión tradicional”.

Al llegar la Navidad, una de las muchas manifestaciones de la “religión tradicional”, solo podemos desear que el mensaje navideño nos haga católicos consecuentes, y la “manifestación” se convierta en “santificación de las fiestas”, en una vida cristiana desde la recepción regular de los sacramentos y en una conducta honrada: veraz y solidaria. Si nos damos golpes de pecho, tenemos que estar dispuestos a pagar incluso el IVA. El mensaje central de las fiestas católicas: el culto a los santos, a la Santísima Virgen y Navidad y Pascua, es el amor. El amor es presencia, diálogo, elevación de la persona querida y entrega; vivir durante todo el día lo más posible la presencia de Dios; alguna plegaria o jaculatoria, que mantiene el diálogo; alabanza y gracias al creador y redentor, y deseo de vivir en su seno, y sobre todo, morir en sus brazos. Volviendo a mi venerado maestro: “La muerte de la persona no es la de un animal; la persona muere cerca o lejos de Cristo”.  

En estas fechas deseamos felicidad a familia y amigos. Una vez, repitiendo el tópico en una tarjeta, me pregunté: ¿Qué es la felicidad? Y me contesté: equilibrio psíquico, alegría y esperanza dentro de una sociedad justa”. Mi mejor deseo para ti, amable lector.