04/06/2022 / 13:00
Silvia Valmaña/Profesora de Derecho Penal UCLM


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El lado bueno de la historia

Comprendo que este Madrid campeonísimo esté dando mal ejemplo a los niños. Eso de ganar siempre, dejando a los demás debatiéndose entre el aplauso a la gesta y la bilis de su incapacidad para emularla, es cosa mala.


En palabras de Courtois, estamos viviendo el lado bueno de la historia. Catorce veces hemos vivido los madridistas el lado bueno de la historia futbolística más grande jamás contada, que lo es en sí misma y por comparación con el resto de equipos que en algún momento han ganado un título de Champions, la Copa de Europa de toda la vida. En este campeonato, el Real Madrid es imbatible. Además de los catorce títulos ganados ha disputado 17 finales y ha competido en 52 ocasiones, con lo que podemos decir que es el equipo más importante y con mayor presencia en el campeonato.

Tiene más títulos que todos los equipos del Reino Unido, que los de Italia; tantos como Alemania y Holanda juntas y más del triple que Portugal. Y eso sólo por citar países cuyos equipos han conseguido más de un título. Duplica los del siguiente equipo en número de campeonatos ganados, el Milan. Así que ahora da gusto responder al famoso anuncio del Mitsubishi en Majaelrayo, “¿Y el Madrid ¿qué? ¿Otra vez campeón de Europa?”: pues sí, Jesús, sí, otra vez estamos en el lado bueno de la historia.

Yo comprendo que a mucha gente los ganadores le fastidian. Sobre todo, a los perdedores. De otra manera no se explica que gobernantes tan parcos en éxitos académicos se afanen en negárselos a los demás, bajo la admonición de ser tachados de fascistas e insolidarios. Como la reina de Alicia, que le corten la cabeza al que la levanta… Y es que la envidia es el pecado capital de los españoles, como ponía de manifiesto el gran Fernando Diaz-Plaja en su humorístico y atemporal retrato de nuestro paisanaje en “El español y los siete pecados capitales”.

Comprendo que este Madrid campeonísimo esté dando un mal ejemplo a esas niñas y niños que están terminando un curso en el que el esfuerzo se devalúa y critica por imperio de la ley: eso de ganar siempre, dejando a los demás debatiéndose entre el aplauso a la gesta y la bilis de su incapacidad para emularla, es cosa mala. Y si dejamos fuera la formación clásica, mejor, y así no entendemos el lema olímpico: citius, altius, fortius.  Aquí, como casi siempre en la vida real, fuera de los mundos de Yupi ministeriales, no se reparten los puntos entre todos los que juegan; la historia la escriben los vencedores, incluso los que lo son con efecto retroactivo a través de legislar memorias y desmemorias. 

A los vencidos les queda la leyenda negra, esa que tan bien se les da a los anglos y a las izquierdas para encubrir sus pecados: así, así, así gana el Madrid. 

También el lado bueno de la historia tiene un enemigo mortal: el “pero”. Por ejemplo, el Madrid es un gran equipo, pero… Esta conjunción adversativa, que, como dice la RAE, enlaza unidades sintácticas cuyos significados se oponen discursivamente. Y es que el diablo está en los detalles y la envidia, en las adversativas.

Así que entre futbol e historias nos vamos entreteniendo en un final de curso que anticipa más victorias, en el campo y, por qué no, en otras lides. Y en una España tan magra en buenas noticias, que la victoria del Madrid la disfrutemos sin atragantamientos. Sin peros.


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