20/04/2019 / 13:27
Redaccion


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El paso de los armaos resuena en la ciudad del Doncel en la noche de Viernes Santo


Después de que la procesión matutina de Viernes Santo no pudiera salir por la lluvia, habiéndose tenido que celebrar en el interior de la Catedral, y siendo la primera vez que la Banda de Música de Sigüenza tocaba en su interior, la Procesión del Silencio salía con normalidad, a partir de las 20:50 horas, en una fría y ventosa tarde-noche seguntina, pero sin agua.

2019 ha sido el tercer año en el que se ha celebrado la Ceremonia del Descendimiento, el que probablemente fuera el último auto religioso representado en la Catedral. 237 años después de que lo prohibiera el obispo, Juan Díaz Guerra, el día de Viernes Santo de 2017 volvía a representarse, algo que volvía a suceder en 2018, y ayer, día de Viernes Santo de 2019.

A continuación del Sermón de la Soledad, pronunciado por el párroco de San Vicente, Jesús Montejano, los 'armaos' eméritos Tomás y José Ortega, vestidos con túnica negra y faja roja, se encargaban de quitar los clavos de la talla del crucificado, bajar los brazos articulados, llevar a cabo el descendimiento propiamente dicho para meterlo en la urna, dando así comienzo a la Procesión del Silencio, que es sin duda la más solemne y concurrida de cuantas se celebran en la Semana Santa de la ciudad del Doncel. Mientras se llevaba a cabo, sonaba, en el gran órgano de la catedral, el Adagio de Albinoni, que tocaba Juan Antonio Marco, el organista de la Catedral. 

El Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad salían a hombros de los costaleros, precedidos por la banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de la Vera Cruz. En primer lugar dieron una vuelta completa por el interior de la Fortis Seguntina, para pisar el Atrio, a continuación, desde la Puerta de los Perdones. Los redobles y el metálico sonido de las señales que indican el movimiento de la procesión se sucedieron por las valles del Cardenal Mendoza y José de Villaviciosa, hasta llegar a la Ermita de San Lázaro.

En la puerta de esta Ermita -hoy de la iglesia del Asilo- los 'armaos' colocaron dos paños negros en el suelo, extendidos delante de ella, justamente donde José Antonio de la Concepción, jefe de 'armaos' detenía el Santo Sepulcro. Hecho el silencio, el hermano de vela a quien le correspondía por turno de antigüedad, Darío Puertas, dio tres golpes secos. Desde dentro preguntaron ¿Quién? Se contestó ¡Jesús el Nazareno, Rey de los judíos!, a lo que Darío Serrano, desde el interior del lugar replicó: ¡Que pase Jesús el Nazareno, Rey de los judíos! Abiertas las puertas se dejan depositados ambos pasos en su capilla, concluyó la procesión. Después los hermanos se reunieron en la colación en el Centro Cultural El Torreón. 

En 1924 el poeta Luis Lozano escribía en 'Alma Ibérica' una sentida descripción de esta procesión, que tan bien conocía: «Oscuridad, severidad, tristeza... El alma de Sigüenza, enlutada como una viuda, hase postrado ante el catafalco minumental -erigido en medio de la catedral-, que tiene por icono un cráneo amarillento y dos tibias en X, escoltado por cuatro blandones erectos... Y empieza el obituario. Pónese en marcha el funeral cortejo. El arcaico féretro, ornado con plumeros de fibras de cristal, es conducido a hombros de soldado romanos, de armaduras fulgentes y lanzas que terminan en una flor de lis... Un piquete de gala da escolta al ataúd, cuya urna deja ver el cuerpo amoratado de Nuestro Señor... Luego, la anguistiada imagen de la Soledad. El fantasmal cortejo recorre las ensombradas naves del templo. Y sale... La ciudad toda se ha volcado hacia esta parte. Todos sus anhelos y sus curiosidades se han fijado ahora en un punto: en la puerta de arco -cerrada- de la iglesia del Asilo, que la liturgia ha hecho en este momento tapa del sarcófago que ha de recibir al sacro yacente... Y tres recios golpes de lanza suenan sobre la puerta. Dos silencios. Al tercero, un ruido: ¿Quién va? Y el sayón contesta: Jesús de Nazareno, rey de los judíos... Las puertas se abren y la multitud frenética exhala las ansias contenidas de su alma estrujada de emociones.

Presente en la ceremonia del Descendimiento y acompañando la procesión ha estado la corporación municipal, encabezada por el alcalde de Sigüenza, José Manuel Latre


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