El peligro invisible tras el incendio de La Mierla: por qué el riesgo real empieza ahora con las lluvias

08/09/2026 - 14:14 Paco Campos

El incendio de La Mierla ha dejado una nueva preocupación cuando el verano empieza a dar paso a las primeras lluvias: qué ocurre con el suelo y los materiales acumulados en las zonas que han perdido su cubierta vegetal y cómo pueden desplazarse hacia los cauces de la cuenca del Sorbe.

La cuestión no es solo forestal. La zona afectada forma parte de la cuenca que alimenta el embalse de Beleña, una infraestructura esencial para el abastecimiento de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe. Por eso, la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) ha situado entre sus prioridades las actuaciones en las cuencas de aportación de Beleña, además de las de Alcorlo y Pozo de los Ramos.

El papel de las primeras lluvias

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) explica en su Guía técnica para la gestión de montes quemados que las barreras contra la erosión se emplean para la "reducción de los procesos de escorrentía y transporte de sedimentos en laderas quemadas". Señala que las barreras transversales pueden ralentizar el flujo de agua y favorecer la retención de los sedimentos producidos aguas arriba. También identifica como circunstancias que pueden hacer prioritaria una actuación el riesgo de precipitaciones intensas en otoño, la susceptibilidad del suelo a la erosión, las pendientes y el grado de afección provocado por el incendio.

No se trata, por tanto, de que cualquier lluvia vaya a provocar necesariamente un problema en Beleña. El comportamiento del terreno depende de las características de cada zona quemada, de la intensidad de las precipitaciones y de la conexión de las laderas con los cauces.

De la ladera al embalse

El recorrido que preocupa comienza en las zonas de mayor pendiente. Cuando el suelo ha perdido buena parte de la vegetación que lo protegía, el agua puede desplazarse por las laderas y concentrarse en pequeños regueros, vaguadas y arroyos. Esos cauces forman después una red que conduce el agua hacia otros tramos de mayor entidad. La guía del MITECO considera precisamente las albarradas como estructuras destinadas a corregir los canales que concentran el flujo de agua, como vaguadas, regueros y cárcavas. Su función no es depurar el agua, sino intervenir sobre la dinámica del agua y de los sedimentos en el terreno.

Ese es el sentido de las actuaciones que la CHT está ejecutando ahora en la cuenca de Beleña. El organismo ha planteado estructuras de este tipo y, cuando sea necesario, diques o fajinas para evitar el deslizamiento de suelos desprovistos de vegetación y reducir la incorporación de cenizas a las masas de agua. También contempla actuaciones para reducir la escorrentía, retirar vegetación quemada y eliminar tapones y troncos en determinados tramos de cauce.

La CHT ha informado de que las actuaciones se concentran especialmente en las cuencas que aportan agua a Beleña, Alcorlo y Pozo de los Ramos. En el caso de Beleña, la prioridad tiene además una dimensión de abastecimiento, ya que la captación suministra agua a unos 400.000 habitantes.

Una preocupación que ya llegó al sistema de abastecimiento

La Mancomunidad de Aguas del Sorbe ya había preparado durante el verano un dispositivo preventivo ante la posibilidad de que las lluvias provocasen un aumento de cenizas y turbidez en el agua bruta captada para el abastecimiento. En una nota publicada el 22 de julio, la propia MAS explicó que su estación de tratamiento estaba preparada para adaptar los procesos si las precipitaciones provocaban un incremento de cenizas y turbidez. La planificación se planteó como una medida preventiva y no porque en ese momento existiera un problema de calidad del agua.

La preocupación había sido expresada también entonces por el vicepresidente de la Mancomunidad, Juan Carlos Martín: "De momento la calidad del agua es perfecta, pero las lluvias arrastrarán cenizas y por eso es necesario estar preparados".

La diferencia ahora es que la CHT ya ha comenzado a intervenir directamente sobre las zonas de aportación. Las obras actúan antes de que los materiales transportados por el agua puedan avanzar por la red de drenaje hacia los embalses.

Qué puede determinar la evolución

El MITECO ya ha descrito, a partir de otros incendios, el riesgo que supone la falta de protección del suelo frente a episodios de lluvia. En la restauración de la Sierra de la Culebra, el Ministerio explicó que los procesos erosivos podían generar "el arrastre de cenizas y sólidos" cuando se produjeran precipitaciones fuertes. La misma actuación de emergencia planteaba como objetivos limitar la escorrentía, reducir la pérdida de suelo por erosión, controlar la erosión en los cauces y disminuir la emisión de sedimentos y la colmatación de embalses.

Esos criterios generales ayudan a entender la intervención que se está desarrollando ahora en la cuenca del Sorbe, aunque no permiten anticipar por sí solos qué cantidad de cenizas o sedimentos alcanzará Beleña.

La previsión meteorológica de los próximos días tampoco permite establecer todavía ese comportamiento. AEMET contempla lluvia en el entorno de Cogolludo, pero la respuesta de cada zona quemada dependerá de las condiciones concretas del terreno y de las precipitaciones que finalmente se registren.

Lo que sí está documentado es el doble frente abierto tras el incendio: actuar sobre las laderas y los cauces para reducir el arrastre de materiales y mantener bajo vigilancia la calidad del agua destinada al abastecimiento. En la cuenca del Sorbe, el objetivo de las actuaciones no está en el embalse, sino antes de llegar a él.