El viaje de Cela a la vieja Alcarria hace 80 años (I)
El Viaje a la Alcarria es una ficción novelesca inspirada y ambientada en un viaje, en la que conviven personajes reales con otros fabulados y en la que se suceden hechos, unos realmente acontecidos y otros no.
La Alcarria es aún más vieja que la tos. Primero fue el mundo y después el hombre, así que la aseveración con la que he comenzado este artículo está plenamente justificada. Otrosí digo, la Alcarria es una de las tierras más viejas del viejo orbe, por su geología tan particular en la que una muy evidente y acusada erosión le ha imprimido su fuerte carácter paisajístico. El viento y el agua, cuando se ceban con un territorio para desgastarlo, le hacen envejecer más deprisa y mucho más. Este es el caso de la Alcarria, una tierra que, además de ser vieja, lo parece porque sus páramos calizos están muy azotados por el viento y arrastrados por el agua, al igual que los yesos y las margas de sus cuestas y glacis. Definitivamente, la Alcarria es un viejo país.
La Alcarria es tan vieja que su piel, más que arrugada, está ya seca, reseca, pese a que la riegan muchos ríos y arroyos que contribuyen también decisivamente a imprimir carácter a su paisaje. Así, las verdaderas alcarrias son los llanos altos que se suceden, sin solución de continuidad, entre amenos valles y barrancos en los que fluye el agua por su medio y la tierra se desnuda en sus cuestas. Sin ningún rubor, porque la desnudez no es procaz por quien la protagoniza, sino para los ojos de los escandalizados, mirones de desbordado pudor que, en el fondo, suele ser la máscara con la que se disfrazan las mentes más calenturientas.
Si la Alcarria es vieja, muy vieja, los días se han ido sucediendo en ella a un ritmo casi vertiginoso si nos remontamos a la noche de los tiempos, aquellos en los que aún no había cerros testigo porque el viento y el agua todavía no habían tenido tiempo de erosionar los páramos calizos. Y si no había cerros testigos-tan característicos en la Alcarria como las Tetas de Viana, la Muela y el Colmillo de Alarilla, o los cónicos y pluscuamperfectos de Jadraque e Hita-, ni siquiera había tierra porque el mar lo inundaba todo desde la era primaria y especialmente en la terciaria, cuando esta tierra se encuadraba dentro de un mar interior, el de la cuenca de la submeseta sur. La abundancia de fósiles de especies animales y vegetales marinas en las zonas más altas de la Alcarria-incluso también de las serranías del norte y los páramos molineses- confirman que hace muchos millones de años, más que un mar de tierra como es ahora-o de surcos, como bellamente se refería Miguel Delibes a Castilla-, lo era de agua salada. La Alcarria seca, sequísima, la Alcarria árida, resulta que es hija del mar.
Fotografía de Cela al pasar junto al antiguo Cuartel de Globos de Guadalajara, en el inicio de su Viaje a la Alcarria. 6 de junio de 1946. Foto: Fundación Pública Galega. CJC.
De todos los días que, bajo las aguas del mar o sobre el polvo de la tierras calizas, yesosas y margosas, ha vivido la Alcarria, hay una fecha decisiva, muy concreta, que la localiza en el mapamundi de la literatura con la exactitud de un GPS: el 6 de junio de 1946. Fue ese día y no otro, cuando un entonces joven gallego de 30 años de edad, periodista y aspirante a escritor, llamado Camilo José Cela, llegó en tren a la capital de la provincia de Guadalajara y de la comarca de la Alcarria para iniciar su viaje durante diez días por ella que, dos años después, devendría en uno de los libros viajeros más importantes de la literatura mundial: Viaje a la Alcarria. El hecho de que esta obra de quien, en 1989, 43 años después de viajar por primera vez a la Alcarria, fuera distinguido con el premio Nobel de Literatura, sea una de las de referencia de la literatura de viajes mundial no es solo una inflamada afirmación de un alcarreñista militante como algunos me consideran, es un hecho avalado por la propia academia sueca que concedió el galardón a Cela. En el acta del jurado consta, literalmente, que se le otorgaba ese premio «por la riqueza e intensidad de su prosa, que con refrenada compasión encarna una visión provocadora del desamparo de todo ser humano». Viaje a la Alcarria es una obra con evidentes componentes geográficos, etnográficos, sociológicos y hasta biológico-naturales, pero en ella destacan los perfiles humanos de todos sus personajes, unos desamparados por la propia vida, y otros por su propio ser y estar. El desamparo no viste solo con traje de harapos y pulgas, también puede vestir de chaqué y amatista. De hecho, Viaje a la Alcarria está ambientado en un medio rural áspero y es un ensayo o un antecedente claro del que después sería otro de los grandes éxitos literarios de Cela, La Colmena. Esta gran obra, cuya primera edición se publicó en Buenos Aires al no pasar el corte de la censura franquista pese a que el propio Cela trabajó para ella un mínimo y episódico período de tiempo, es un auténtico retablo de personajes que viven distintos grados de desamparo, también interior. La Colmena tiene como paisaje de fondo un café madrileño, el de doña Rosa, mientras que en Viaje a la Alcarria es la propia Alcarria quien hace de paisaje, al tiempo que es protagonista junto al propio escritor-“por las Tetas de Viana, el mulo, el paisaje y yo”, dice en su cancionero-, y en ella se suceden personajes desamparados, aunque algunos no aparenten estarlo. Aquellos de posguerra eran tiempos de desamparo para todos; bien es cierto que más para unos que para otros, pero una guerra civil la pierden todos, aunque unos antes y otros después. Viaje a la Alcarria fue publicada como obra completa en 1948 y La Colmena vio la luz editorial-en Argentina, como ya hemos dicho-, en 1951; o sea, fue la obra editada inmediatamente después de la del viaje alcarreño, cronología que orienta a dos ideas que defiendo, una de ellas ya apuntada: que este libro de viajes fue una especie de ensayo de La Colmena, si bien con técnicas narrativas distintas, y que incluso el título de la obra está inspirado o, al menos, probablemente relacionado con la propia Alcarria en la que, como es archiconocido, la miel que las abejas producen en las colmenas-auténtica sociedad cooperativa de roles diferenciados- es su producto alimentario más reputado. Eso sí, Cela solo habla una vez de colmenas en su Viaje a la Alcarria, concretamente en el capítulo V (“Del Tajuña al Cifuentes”), pero con una frase bellísima: “Zumban los enjambres dentro de las colmenas, en el colmenar que hay a diez pasos del viajero, y el campo huele con un olor profundo, penetrante, distante, casi hiriente”.
¿Por qué eligió Cela a la Alcarria, y no a cualquier otro lugar de la España, hoy vaciada, y siempre árida, para hacer su primer viaje literario? Él mismo lo explica así, como puntualmente recogió en sus varios libros dedicados a él y a su obra Paco García Marquina, amigo, vecino, cómplice y biógrafo (más bien retratista con la palabra): “Yo quería salir un poco de Madrid y patearme un poco la España árida. Guadalajara está muy cerca de Madrid (…) y era una zona completamente despoblada y además desconocida, de una gran belleza”. El escritor había apalabrado con la revista El Español hacer varios viajes por la España de interior y publicar sus crónicas, por entregas, dentro de una sección titulada: “Itinerarios españoles. Las botas de siete leguas”. El primer viaje, efectivamente, fue a la Alcarria, publicándose tres primeras entregas en esa revista-la previa del viaje, el viaje hasta Guadalajara y el tramo hasta Brihuega-, pero retiró la cuarta y ya no dio a imprenta la quinta por desavenencias económicas con el editor. Así las cosas, Viaje a la Alcarria se escribió y publicó de dos tirones: el primero, a finales de junio de 1946, nada más regresar del viaje y como ya hemos indicado, y el segundo, en un “sprint” de 8 días, entre el 25 de diciembre de 1947 y el 1 de enero de 1948, cuando corrigió y rehízo los capítulos ya publicados en El Español y completó los restantes para ser editados, en una sola obra, en marzo de 1948 en la Revista de Occidente. Fundada, por cierto, en 1923 por Ortega y Gasset, uno de los inspiradores de Viaje a la Alcarria a través de su “perspectivismo” que, sin duda, conoció y practicó CJC, y de sus Notas de andar y ver, si bien éstas son ensayos puros y duros, mientras que la obra celiana se aleja de ese género para imbuirse en el de la novela de viajes moderna que, en buena medida, él mismo renueva. Porque, efectivamente, Viaje a la Alcarria no es ni un reportaje periodístico, aunque pudiera nacer con esa motivación, ni una crónica viajera ortodoxa en la que se cuenta y describe lo que se ve. El viaje de Cela a la Alcarria es, y así ha sido ampliamente reconocido por importantes críticos como Aubrun, Ilie, Kirsner, Pertaub, Pozuelo Yvancos o el ya citado Marquina, por encima de todo una ficción novelesca inspirada y ambientada en un viaje, en la que conviven personajes reales con otros fabulados y en la que se suceden hechos, unos realmente acontecidos y otros no, pero ingeniados y construidos siempre a favor del relato. Llegados a este punto, quiero destacar un hecho notorio, desvelado recientemente por el catedrático de literatura comparada francés, de origen alcarreño conquense, Paco Bogliolo, en su relato Pasar otra vez por el Cifuentes, coescrito con Santiago León. Bogliolo, además de realizar otras importantes aportaciones sobre vínculos de la Alcarria con activos literarios e históricos en la obra de Cela, desvela que la conocida escena de la fonda de Pareja, protagonizada por dos chicas “coloradas, simpáticas, gorditas”, María y Elena, es una ficción inspirada en un poema medieval leonés del siglo XIII, titulado, precisamente, Elena y María (Disputa del clérigo y el caballero). Efectivamente, se trata de una “disputatio” de libro en la que ambos personajes juegan a enfrentar sus diferentes y discrepantes gustos y pareceres, lo que da al relato unas formas de antagonismo muy curiosas y le imprime ritmo y fondo literario.
Por razones de espacio, y para evitar inconvenientes fatigas al lector pues reconozco la intensidad y densidad de mi forma de escribir, dejamos aquí esta primera entrega dedicada a la importante efeméride celiana que estoy tratando. En la próxima, abordaremos cuestiones más relacionadas con la preparación e inicio del viaje de Cela a la Alcarria y su transcurso, hace 80 años. El viaje de los viajes a la Alcarria viajera. Y vieja; más que la tos, recuerden. (Perdón por la aliteración, mi pasión por la poesía y sus figuras retóricas aún es joven y desbordante).