Grandes firmas de las letras alcarreñas protagonizan cuatro días de encuentros con sus lectores
La Feria del Libro de Guadalajara clausuró este domingo una edición que, pese a los caprichos de la meteorología, ha confirmado la salud de hierro de la que goza la cultura en la provincia. Durante cuatro intensas jornadas, el Parque de la Concordia se transformó en un salón literario al aire libre donde el trasiego de lectores, el aroma del papel nuevo y el murmullo de las presentaciones silenciaron, por momentos, el ruido cotidiano de la capital.Esta cita, que arrancó el pasado jueves 7 de mayo, ha servido para medir el pulso de las ventas editoriales y escenificar el reencuentro humano entre quienes escriben y quienes buscan en los libros una respuesta o un refugio. El balance final deja un rastro de optimismo en el sector y un catálogo de momentos que ya forman parte de la crónica social alcarreña.
Comienzo
El inicio de la feria tuvo un marcado acento institucional. El concejal de Cultura, Javier Toquero, y la delegada de la Junta, Rosa María García, protagonizaron los primeros compases el jueves 7 de mayo. Toquero destacó la ambiciosa programación, que superó los cuarenta eventos, y subrayó el carácter colectivo de la convocatoria.
Bajo los árboles del Parque de la Concordia, García acompañó al historiador y cronista provincial Antonio Herrera Casado en la presentación de su libro Guadalajara, la ciudad de las damas (Aache Ediciones), que sirvió como acto central de apertura. La obra rescata las trayectorias de doce mujeres que marcaron la historia de la ciudad y que, como recordó el autor, “siempre dependieron de los hombres, de sus padres, de sus maridos”.


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Su caseta se convirtió desde el primer día en un hervidero de visitas, recibiendo a personalidades como José Antonio Suárez de Puga, Joaquín Ormazábal, Pedro A. García Bilbao, Antonio Nicolás Ochaita, Isabel López Montejano y Enrique Pumarega Bas. Asimismo no se quisieron perder la ocasión Antonio Marco, Pedro Harnández Berbería y Paco Lozano Gamo.
La lluvia, que hizo acto de presencia con especial virulencia durante la tarde del sábado, no logró amilanar el entusiasmo de los bibliófilos. Fue precisamente bajo ese cielo encapotado cuando se vivió uno de los hitos de esta edición. Jesús Orea presentó El país de la palabra ante una carpa central abarrotada. La obra, fruto de sus viajes del corazón al alma y viceversa, se ha erigido como el título de autor local más vendido del año y generó un ambiente de complicidad que se prolongó más de una hora en la firma.
El rigor académico y la investigación histórica tuvieron su espacio preferente de la mano de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). La institución apoyó la presentación de Guadalajara rebelde (siglos XI-XX), de Javier Plaza de Agustín y Enrique Alejandre Torija, una obra necesaria para comprender los movimientos de resistencia y transformación social en la provincia. La UNED también participó con otras actividades y firmas a lo largo de los cuatro días.
La narrativa rural y la memoria de la tierra también reclamaron protagonismo. Rufino Sanz Peinado presentó Cuando Dios gobierna de lejos (Aache Ediciones) en la caseta de la editorial.
David Trijueque firmó su novela histórica Segontia, mientras que las hermanas María y Laura Lara atrajeron público con Isabel Zendal, la mujer que llevó la vacuna de la viruela al fin del mundo.
Francisco Bogliolo Melendo firmó el domingo en la caseta de Aache varios ejemplares de su obra Pasar otra vez sobre el Cifuentes, entre otras.
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La edición independiente brilló de la mano de Julio Martínez y Océano Atlántico Editores, con presentaciones de José Alfonso Fernández (Cascada adentro, pueblo arriba) y otros autores. La editorial celebró varias sesiones de firmas a lo largo del sábado y domingo. El compromiso social estuvo presente con Beatriz Talegón y su ensayo Con la libertad no se juega, y con Víctor Aparicio Rodríguez y su estudio sobre las Violencias políticas en la Transición española. María Tello, por su parte, protagonizó la charla-coloquio “Animales en la literatura y el cine” el domingo por la mañana.
Cierre
Al caer el sol este domingo, mientras los libreros comenzaban a recoger los ejemplares que han sobrevivido a la curiosidad de los visitantes, queda la sensación de que Guadalajara ha vuelto a cumplir con su cita anual de forma sobresaliente. La feria ha sido humana porque ha permitido el abrazo, costumbrista porque ha retratado nuestra forma de ser y social porque ha unido a diferentes generaciones en torno a un mismo interés. Los autores de la provincia, desde los consagrados hasta las nuevas voces, han sido las verdaderas estrellas de un programa que ya mira hacia la próxima primavera. En el Parque de la Concordia, entre el eco de las últimas firmas de Antonio Nicolás Ochaita e Iván Martínez de Miguel, el silencio que regresa se siente un poco menos vacío gracias a todas las historias que se quedan con nosotros.
El Ágora de la Poesía contó con la presencia de los amigos de la biblioteca.