En memoria del cartero que sacrificó su vida al servicio de una comarca
La familia de Tomás Cuevas Benito ha restaurado la cruz de hierro forjado que marca el lugar de su sacrificio en el paraje de la Pubidilla, un homenaje que reaviva la memoria de este cartero fallecido en acto de servicio hace casi siete décadas. Un hombre que antepuso el deber a su propia vida en una de las jornadas más crudas de 1958.
El 22 de diciembre de 1958, el invierno de la Sierra Norte de Guadalajara dictó una sentencia que hoy, 68 años más tarde, sigue grabada en la memoria colectiva de la Arquitectura Negra. Tomás Cuevas Benito, a sus 62 años, decidió que la ventisca no sería un impedimento para que sus vecinos recibieran la correspondencia. Aquel día no le correspondía a él realizar la ruta de regreso Tamajón-Valverde pues el titular del servicio era su hijo Pablo Cuevas, pero razones familiares le llevaron a colgarse la saca al hombro en una de las jornadas más crudas que se recuerdan en la comarca.
Su determinación, resumida en la frase "la correspondencia es sagrada", le llevó a ignorar las advertencias de los pastores de Almiruete y Palancares, que le instaron a buscar refugio ante la intensidad de la nevada.

El desenlace se produjo en el paraje de la Pubidilla, un punto donde el relieve ya permite divisar las chimeneas de Valverde de los Arroyos. Su hijo, Pablo, localizó allí a Tomás, sentado, cubierto por la nieve, congelado y sin vida, víctima del agotamiento y el frío extremo, con la valija al hombro. Este sacrificio personal tuvo un impacto profundo en la prensa de la época, motivando un reconocimiento oficial de la Dirección General de Correos, que concedió una recompensa de 3.000 pesetas a sus familiares. Los pormenores de su vida, su genealogía y el contexto de aquel aciago día se encuentran documentados con precisión en la investigación histórica sobre

Hoy, la familia de Tomás ha renovado la cruz de hierro forjado que marca el lugar exacto de su fallecimiento bajo los pinos de la sierra. Este gesto de memoria viva se complementa con la placa de pizarra instalada en el pueblo en julio de 2025, un homenaje que reconoce a Tomás como el máximo exponente de una generación de servidores públicos que garantizaban el vínculo vital de las comunidades aisladas con el resto del mundo. Su historia es el testimonio de una vocación que antepuso el deber a la propia vida en los senderos más inhóspitos de Guadalajara.