Experimentos psicológicos X
Los estudios psicológicos demuestran que el miedo es más intenso que el deseo, lo que se atribuye a la necesidad de evitar situaciones peligrosas.
La angustia
La ansiedad y la angustia son factores clave en muchas alteraciones mentales y de comportamiento. Ambas son formas crónicas del miedo, una emoción fundamental para la supervivencia de las especies. El miedo, como respuesta evolutiva, tiene un papel esencial en la prevención del peligro, y es una emoción muy potente que ha sido favorecida por la selección natural.
Los estudios psicológicos han demostrado que el miedo es más intenso que el deseo, lo que se atribuye a la necesidad de evitar situaciones peligrosas. Los animales que no sienten miedo son más vulnerables a ser depredados, lo que limita su capacidad para transmitir sus genes. En los seres humanos, el miedo, cuando se vuelve crónico, se transforma en angustia o ansiedad, y se convierte en un sistema que afecta significativamente al bienestar psicológico.
La angustia se presenta como un denominador común en las enfermedades mentales, ya que es una respuesta emocional que puede desbordar a los individuos, afectando su comportamiento y su calidad de vida. Este fenómeno resalta la importancia del miedo en la psicología humana y cómo, cuando se cronifica, puede tener consecuencias perjudiciales para la salud mental.
Nota del autor: El miedo, y en gran medida, ha permitido a nuestra especie llegar hasta aquí, pero es verdad que a veces se cronifica, no tiene una base lógica, ni real, y golpea a la persona con un alto grado de ansiedad, y a veces le perturba con una angustia existencial, vital, incapacitante.
REFERENCIADO:
Oatley, K. y Jenkins, J. (1996). Understanding emotions. Cambridge: Blackwell Publishers.
Schachter, S. y Singer, J.E. (1962). Cognitive, social and physiological determinants of emotional status. Psychological review, 69, 379-399.
Singer, J.L. y Singer, D.G. (1981). Television, imagination and aggression. Hillsdale: Lawrence Erlbaum Associates.
El entorno cognitivo y social es decisivo
El psicólogo Harold Skeels realizó un estudio que destacó la importancia del entorno en el desarrollo intelectual de los niños. Observó que los niños abandonados en orfanatos experimentaban una drástica disminución en su coeficiente intelectual (CI), pasando de 90 a los 16 meses a 60 a los 4 años. Sospechando que el entorno del orfanato era un factor clave en este deterioro, Skeels diseñó un experimento para investigar.
Formó un grupo experimental con niños abandonados cuyo CI medio era de 65 a los 16 meses, enviándolos a una escuela especializada con personal capacitado. Paralelamente, un grupo control de niños con CI medio de 90 permaneció en el orfanato. Los resultados mostraron que los niños del grupo experimental experimentaron una rápida mejora, alcanzando un CI de 93 a los 3 años. En cambio, los niños del orfanato vieron cómo su CI descendía a 60 a la edad de 14 años.
El estudio concluyó que el entorno social y cognitivo juega un papel crucial en el desarrollo intelectual. Aunque el cerebro humano tiene un gran potencial genético, la inteligencia necesita un entorno cultural adecuado para florecer.
Nota del autor: Somos seres biológicos, fisiológicos, psicológicos, sociales, culturales, e históricos (también con conciencia colectiva).
REFERENCIADO:
Skeels, H. M. (1966). Adult statuts of children with contrasting early life experiencie, monographies of social research. Child Development, 31, 105.
Diferenciación entre el ser humano y otros animales
El experimento realizado por Bitterman (1964) y Harlow (1949) compara la inteligencia de diferentes animales al presentarles un problema de elección entre dos objetos, uno de los cuales oculta una recompensa. En este tipo de pruebas, los objetos se cambian en cada ensayo y el animal debe aprender a elegir el objeto correcto para recibir la recompensa.
En el caso de los humanos, el problema se resuelve rápidamente. Un adulto aprende a identificar el objeto correcto en uno o dos ensayos. Si la recompensa no está bajo un objeto (por ejemplo, la cruz), sabe que debe estar bajo el otro (por ejemplo, el círculo). El adulto puede resolver el problema en un máximo de dos intentos, ya sea acertando en el primer ensayo o eligiendo el objeto correcto en el segundo intento después de un error.
Sin embargo, los animales muestran un rendimiento considerablemente inferior. Por ejemplo, un chimpancé requiere hasta 200 ensayos, lo que puede tomar varios meses de entrenamiento, para aprender a resolver el problema de manera consistente. Una paloma tarda aproximadamente 500 ensayos para lograr un 80% de éxito, mientras que un gato alcanza un 60% de éxito después de 600 pruebas. Por otro lado, una rata apenas supera el azar después de un entrenamiento similar.
Este experimento pone en evidencia las diferencias en la capacidad de aprendizaje y resolución de problemas entre distintas especies, lo que sugiere que los humanos poseen una mayor habilidad cognitiva para resolver problemas simples en comparación con otros animales.
Nota del autor: Desde luego, que la inteligencia es humana. Hacemos bien al respetar a otros animales, pero también en diferenciar las capacidades cognitivas, volitivas, el lenguaje, el sentimiento de espiritualidad, etc.
Y desde luego, que nadie espere que otras especies animales acaben alcanzando el potencial intelectual del ser humano.
REFERENCIADO:
Bitterman, M. E. (1964). The evolution of intelligence. Scientific American, 212(1), 92-100. doi: http://dx.doi.org/10.1038/scientificamerican0165-92
Harlow, HF (1949). La formación de conjuntos de aprendizaje. Revisión psicológica, 56 (1), 51-65. http://dx.doi.org/10.1037/h0062474