Experimentos psicológicos (VI)
Nuevos experimentos nos permiten obtener interesantes conclusiones sobre cómo moldear determinados comportamientos.
JUSTIFICANDO UNA OPINIÓN
CONTRARIA A LA QUE PERSONALMENTE SE TIENE
El experimento de Festinger y Carlsmith (1957) exploró la disonancia cognitiva, que ocurre cuando las acciones contradicen las creencias. Los participantes realizaron tareas muy aburridas durante una hora. Luego, a algunos se les pidió que mintieran, diciéndole a otro participante que la actividad era entretenida. A unos se les pagó 20 dólares por mentir, a otros 1 dólar, y un grupo control no tuvo que mentir.
El resultado fue que quienes recibieron 1 dólar evaluaron la tarea de forma más positiva que aquellos que recibieron 20 dólares. Esto se debe a que los que obtuvieron una gran recompensa podían justificar su mentira por el dinero, mientras que los que recibieron poco dinero no podían justificar la contradicción y experimentaron disonancia cognitiva. Para reducir el malestar, ajustaron sus creencias, convenciéndose de que la tarea no había sido tan aburrida.
Este estudio demostró que, cuando no hay una justificación clara para una acción contraria a nuestras creencias, tendemos a cambiar nuestras opiniones para reducir la disonancia entre lo que pensamos y lo que hacemos.
Nota del autor: Usted, como yo puede hacer la prueba, cuente el experimento y pregunte a sus amigos o conocidos, apreciará que la respuesta acertada es minoritaria.
Y es que ya lo decimos en este libro, una cosa es el sentido común y otra la ciencia. Y si bien lo pensamos, no parecía fácil inferir por ejemplo que la Tierra es redonda, a simple vista pareciera plana.
Y sin embargo, la explicación psicológica de este experimento tiene toda la lógica, no apriorística pero sí de defensa del propio Yo, algo esencial para el ser humano, en su búsqueda para no disociarse, para no escindirse, para no enloquecerse.
REFERENCIADO:
Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Standford: Standford University Press.Festinger, L., & Carlsmith, J. M. (1959). Cognitive consequences of forced compliance. Journal of Abnormal and Social Psychology, 58, 203-210.
INDEFENSIÓN APRENDIDA
(SELIGMAN)
El experimento de indefensión aprendida de Martin Seligman y Steven Maier en 1967 demostró que cuando los animales enfrentan situaciones incontrolables, desarrollan un estado psicológico que les impide aprender a escapar, incluso cuando la solución está disponible.
En el estudio, 24 perros se dividieron en tres grupos. El primer grupo no recibió estímulos. El segundo grupo podía detener las descargas eléctricas que recibía presionando un panel. El tercer grupo recibía descargas que solo podían detenerse si un perro del segundo grupo presionaba el panel, lo que generaba una sensación de falta de control.
En una segunda fase, todos los perros fueron colocados en una jaula de la que podían escapar. Los perros del segundo grupo aprendieron rápidamente a hacerlo, pero casi el 80% de los perros del tercer grupo, que habían experimentado la incontrolabilidad, no intentaron escapar, resignándose a recibir las descargas.
Este estudio mostró que la percepción de falta de control conduce a un estado de indefensión aprendida, lo que afecta la capacidad de actuar en el futuro, y se ha relacionado con la depresión en humanos.
Nota del autor: La indefensión aprendida puede explicar el porqué de algunas personas maltratadas, no se alejan de su agresor.
REFERENCIADO:
Seligman, M. E., & Maier, S. F. (1967). Failure to escape traumatic shock. Journal of Experimental Psychology, 74(1), 1–9.doi:10.1037/h0024514. Seligman, M.E.P (1975). Helplessness: On Depression, Development, and Death. San Francisco: W.H.
CONDUCTA PROSOCIAL
La felicidad también se agota… salvo cuando la compartimos.
Este fenómeno se conoce como adaptación hedónica: cuando repetimos una experiencia placentera, su efecto emocional disminuye con el tiempo. Pero los psicólogos Ed O’Brien y Samantha Kassirer descubrieron una excepción fascinante: dar a otros mantiene la felicidad por más tiempo que recibir.
En su experimento, durante cinco días seguidos, un grupo de estudiantes recibió cinco dólares al día para gastarlos de la misma forma. A algunos se les pidió que lo usaran para sí mismos, y a otros, que lo destinaran a alguien más (por ejemplo, dejando propinas o donando a una ONG). El resultado fue claro: quienes gastaban en sí mismos eran cada vez menos felices. En cambio, quienes daban repetidamente, mantenían su nivel de alegría casi intacto.
Un segundo experimento confirmó estos hallazgos en línea, con más de 500 personas jugando por pequeñas recompensas que podían guardar o donar. De nuevo, dar sostenía mejor la felicidad.
¿Por qué ocurre esto? Porque cada acto de generosidad se percibe como único y significativo, y además refuerza nuestro sentido de pertenencia social. En definitiva, la alegría de dar no se desgasta tan fácilmente como la de recibir.
Nota del autor: Un estudio muy interesante, muy positivo, muy aleccionador.
En síntesis, dar, propicia más felicidad que recibir. Lo importante es el tú, la posibilidad de ayudar nos transmite una valoración positiva, una razón de ser.
Y cuando queremos a alguien, hacerla feliz nos llena de gozo.
La publicidad plantea, y la sociedad se hace eco mucho del yo, del mí, me, conmigo.
Pero, ser voluntario en actividades de ONG, contribuir al bienestar social, y como se puede comprobar, resulta positivo para los demás y benéfico para uno mismo.
REFERENCIADO:
O’Brien, E., & Kassirer, S. (2019). People Are Slow to Adapt to the Warm Glow of Giving. Psychological Science, 30(2), 193–204. https://doi.org/10.1177/0956797618814145