¿Cómo somos realmente? Experimentos psicológicos
La falta de sueño fomenta el aislamiento social, las personas cálidas tienen mejor percepción que las frías y que los adolescentes no son un problema son algunas conclusiones de estos tres experimentos.
Falta de sueño y sentimiento de soledad
Un estudio de Eti Ben-Simon y Matthew Walker, de la Universidad de California en Berkeley, demuestra cómo una noche sin dormir puede provocar sentimientos de aislamiento y menos interés por el contacto social. En una primera fase, 18 jóvenes sanos durmieron normalmente una noche y pasaron otra en vela en el laboratorio. Al día siguiente, debían indicar la distancia a la que preferían que otros se les acercaran, observándose que tras la noche sin dormir mantenían, en promedio, un 15% más de distancia. Además, sus cerebros mostraron mayor actividad en redes relacionadas con el rechazo de acercamientos sociales y menor en redes de interés social.
Un segundo experimento con más de 1.000 personas mostró videos de los 18 participantes respondiendo preguntas tras una noche de sueño normal y otra sin dormir. Las personas privadas de sueño parecían más solitarias y menos atractivas socialmente. Los investigadores concluyen que la falta de sueño fomenta el aislamiento y la desconexión social, un ciclo que puede ser roto con una noche de buen descanso.
Nota del autor: El ser humano precisa descansar, dormir, regenerar. Yo no soy buen ejemplo, porque antes de las 5 estoy leyendo o escribiendo, pero lo hago con gusto y pasión. Mientras que la gente que no duerme contra su voluntad, se muestra irascible, y con dificultades atencionales, incluso de memoria.
Bien saben los torturadores, que impedir que una persona duerma, consigue enloquecer.
REFERENCIADO: Simon, E. y Walker, M. (2018). Sleep loss causes social withdrawal and loneliness. Nature Communications, 9.
Efecto halo
El efecto halo, propuesto por Thorndike en 1920, describe la tendencia a que un rasgo de una persona influya en la percepción de otros rasgos, afectando así la impresión general que se forma sobre ella. Thorndike lo observó en un experimento con militares, donde los oficiales valoraban las cualidades de sus subordinados. Notó que aquellos que recibían evaluaciones positivas en un aspecto tendían a ser valorados positivamente en otros, y lo mismo ocurría con las valoraciones negativas.
El psicólogo Asch también investigó este fenómeno. En su experimento, a 166 personas se les presentó una lista de rasgos de una persona. En un grupo, se describía a la persona como “cálida”, y en el otro, como “fría”. Los resultados mostraron que los participantes del grupo “cálido” formaban impresiones mucho más positivas que el grupo “frío”, revelando que un solo rasgo puede influir en cómo percibimos a los demás. Esto demostró que el efecto halo afecta nuestra percepción de las personas de forma global y automática.
Nota del autor: Personalmente, este experimento me parece previsible en su resolución, y es que hay aspectos que valoramos esenciales en las personas, tal es el caso de ser cálido, en contraposición a ser frío.
Cálido presupone proximidad, afecto, ayuda, simpatía.
En cambio, frío, lo interpretamos como distante, poco emocional, incluso insensible.
REFERENCIADO: Asch, S. E. (1946). Forming impressions of personality. The Journal of Abnormal and Social Psychology, 41(3), 258-290.
La adolescencia ¿necesariamente ha de ser un tiempo de tormenta y tensión?
G. Stanley Hall, el primer presidente de la American Psychological Association, fue pionero en describir la adolescencia como un período de “tormenta y de tensión”. Anna Freud, hija de Sigmund Freud, también sugirió que ser “normal” durante la adolescencia era algo anormal. Si bien existe algo de verdad en esta afirmación, que probablemente explica su popularidad, la investigación muestra que los conflictos con los padres aumentan durante la adolescencia y que los adolescentes experimentan más cambios de humor que los adultos. Sin embargo, estudios indican que solo el 20% de los adolescentes experimentan una tensión emocional elevada, mientras que la mayoría disfruta de relaciones armoniosas con sus padres y amigos. La idea de que la angustia adolescente es inevitable no es correcta. De hecho, un estudio de 73 adolescentes varones a lo largo de 34 años no encontró evidencia de que los adolescentes bien adaptados tuvieran más problemas psicológicos en la adultez. En culturas como Japón y China, los adolescentes suelen tener una vida sin grandes incidentes, a diferencia de lo que ocurre en las culturas occidentales, donde los padres tienden a tratar a sus hijos adolescentes como niños, lo que puede fomentar la rebeldía. Subestimar los problemas de algunos adolescentes como una fase pasajera puede hacer que no reciban la ayuda necesaria.
Nota del autor: Una larga experiencia nos ha mostrado que hay adolescentes que se alteran fácil, otros que perturban, y otros muchos que en general son equilibrados, razonables, cariñosos, cercanos, y en nada problemáticos.
Pero, seamos conscientes de que siempre se pone el foco en el problema, en el agresivo, en el adicto, en el ludópata, etc.
Me preocupa de forma genérica, que todo el mundo anticipe que tener un adolescente es en sí garantía de problemas, de incomprensiones, de disgustos, pues no siendo verdad, esta profecía autocumplida sesga mucho la percepción y la respuesta de los adultos.
REFERENCIADO:
Epstein, J. (2007). The myth of adolescence: The myth of adolescence and the real-life problems facing today’s youth. New York: Routledge.