15/03/2020 / 13:23
José Serrano Belinchón


Imagenes

Fray José de Sigüenza

 Su verdadero nombre fue el de José Martínez Espinosa; nacido en Sigüenza el año 1545.


Desde que tuve bien sentado el uso de razón, comencé a valorar positivamente a tantas de las personas y de las cosas cercanas a nosotros y que han sido realmente útiles a la humanidad, partiendo de nuestro entorno más o menos próximo. Los castellanos tenemos, como muy cercanos, infinidad de personajes de los que aprender, pues la vida en muchos de ellos fue una verdadera escuela.

  Durante estos días -no sé adonde lo leí- me ha llamado la atención la frase de un rey de España (a Felipe II, me refiero), una vez concluida su obra magnífica, El Escorial, y que fue la siguiente: “Los que vienen a ver esta maravilla del mundo, no ven lo principal que hay en ella, si no ven a Fray José de Sigüenza”; lo que me ha aconsejado corresponder, en testimonio de gratitud, transcribiendo literalmente lo que en mi libro Diccionario Enciclopédico de la provincia de Guadalajara dejé escrito sobre su persona y su obra, cuatro siglos después de su muerte, y que fue lo siguiente:

     “Su verdadero nombre fue el de José Martínez Espinosa; nacido en Sigüenza el año 1545. Era hijo natural del sochantre de la catedral don Asensio Martínez de Sigüenza y de una mujer viuda llamada Francisca de Espinosa. Estudió durante dos años en la Universi­dad Seguntina, licen­ciándose en Arte y Teología durante los tres años siguien­tes. En 1567 marchó al monasterio segoviano de Santa María de El Parral para vestir los hábitos de la Orden Jerónima. Más tarde pasó a ser catedrático de la Universidad de Sigüenza y prior del monasterio de El Parral. En El Escorial, años después, fue rector, bibliotecario mayor y catedrático de Sagradas Escrituras.

    De su obra literaria -veo en él a uno de nuestros mejores autores clási­cos- merece se destaque la Historia de la Orden Jerónima, Vida de San Jerónimo, Historia del Rey de Reyes, Instrucción de maes­tros y escuela de novicios, Poesías; todo ello en un estilo severo y elegante como corresponde a los genios más represen­tativos de su época. Describió y criticó todo el arte recogido en El Esco­rial, en especial algunas pinturas de Tiziano y el entonces polémico “San Mauricio y compañeros mártires” de El Greco, forma de hacer con la que no estaba de acuerdo, ya que “Los santos -decía- se han de pintar de manera que no quiten la gana de rezar en ellos, antes pongan devoción”. 

   Es, sin duda, el hijo más preclaro de la Ciudad de los Obispos. El Padre Sigüenza, nombre con el que se le ha conocido siempre, murió el 22 de mayo de 1606 a conse­cuencia de un ataque de apoplejía.


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